ūüĎĀÔłŹ‚Äćūüó®ÔłŹ Historias de lectores

¬ŅC√≥mo ha le√≠do el ser humano a lo largo de la Historia?

Nunca se ha leído igual, nunca ha estado permitido leer a todos.

Se han quemado los libros para que no se leyera en la actualidad y en los tiempos remotos, como recoge la Historia.

Es interesante hacer un recorrido por las historias de los lectores que en el mundo han sido: cómo se leía en la Edad Media, porqué unos estaban a favor de que la mujer leyera y otros no.

O… cu√°ndo se crearon las primeras gafas, c√≥mo se las ingeniaban cuando el preciado placer de la lectura era negado o prohibido, y de eso no hace tantos a√Īos…

Un paseante curiosea sobre los restos de un estante de una biblioteca londinense que se mantiene en pie, a pesar de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.Un paseante curiosea sobre los restos de un estante de una biblioteca londinense que se mantiene en pie, a pesar de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.
Un paseante curiosea sobre los restos de un estante de una biblioteca londinense que se mantiene en pie, a pesar de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. (1940). Fotografía del Museo de la Guerra, Londres

Silencio, se Lee

Nosotros conocemos la biblioteca como un lugar de silencio, incluso de cierto recogimiento. Ahora, en nuestras bibliotecas se lee y se estudia de forma callada.

Todo lo contrario suced√≠a en la Antig√ľedad, cuando en vez de perfectos libros encuadernados, el lector ten√≠a ante s√≠ pergaminos o tablillas que leer.

Era habitual, y así lo refleja el mismo Séneca, algo quejoso por este hecho, que en las bibliotecas se leyera en voz alta, se comentara de mesa en mesa asuntos sin tener en cuenta al lector contiguo, que, salvo casos excepcionales, no parecía quejarse por ser una norma habitual para todos.

 

La lectura en la Edad Media

Es complicado condensar tantos siglos como la época medieval, pero durante la Edad Media se dieron circunstancias especiales que cabe destacar en lo que al tema que tratamos respecta.

De un lado y como es ampliamente conocido, el acceso a la instrucción, fuera de la iglesia, estaba prácticamente vedado, y solo las clases más pudientes se alfabetizaban.

Con el crecimiento de las ciudades en la Europa del siglo X se extendi√≥ la creaci√≥n de escuelas dirigidas por un √ļnico maestro que procuraba una ense√Īanza b√°sica.

A partir del siglo XIII los grandes burgueses consideraban que lectura y escritura era algo propio de monjes, aunque a sus hijos les ense√Īaban a leer y escribir.

Y, doscientos a√Īos despu√©s, en algunos escritos, como los de Le√≥n Bautista Alberti, un erudito italiano, se puede leer que la educaci√≥n de los ni√Īos es asunto de nodrizas y madres, que deb√≠an ense√Īar las letras a la m√°s temprana edad posible.

El siglo XV y la educación de las mujeres

Más curioso resulta el tema que surge en el mismo siglo XV, cuando se plantea el tema de la educación que deben recibir las mujeres.

As√≠ se pod√≠a leer, de palabras de un noble, lo siguiente: ‚ÄúNo es conveniente que las jovencitas aprendan a leer y escribir a no ser que deseen hacerse monjas, porque, de lo contrario, al alcanzar la mayor√≠a de edad, podr√≠an escribir o recibir cartas de amor‚ÄĚ. Estas palabras corresponden a Felipe de Novara, y por m√°s que lo intentamos, no podemos salir del asombro al releerlas. Si bien, tambi√©n existe el contrapunto a esta opini√≥n, pero d√°ndole al asunto un cariz todav√≠a m√°s machista.

En palabras del caballero De la Tour Landry: ‚Äúlas j√≥venes deben saber leer para que aprendan la verdadera fe y se protejan contra los peligros que amenazan el alma‚ÄĚ.

Durante el siglo XIV, y a partir de ese momento, se hicieron muy populares los libros de im√°genes. Conocidos, despectivamente, como las ‚ÄúBiblias de los Pobres‚ÄĚ, permit√≠an seguir la acci√≥n que all√≠ se narraba sin necesidad de saber leer. Ni que decir tiene que las historias que se contaban ten√≠an un fondo religioso.

Apenas conten√≠an palabras, a lo sumo algunas frases en los laterales o, como mucho, con ‚Äúbocadillos‚ÄĚ similares a los que se utilizan en los actuales c√≥mic para dar voz a los protagonistas de las distintas escenas. No obstante, no parece quedar claro que estos libros estuvieran destinados a los pobres, mayor√≠a en la √©poca y a los que no se prestaba demasiada atenci√≥n.

Es probable que estos libros se expusieran en las iglesias, siendo por otro lado, auténticas obras de arte.

Las primeras gafas de la HistoriaLas Primeras Gafas para leer y algo m√°s…

Hay que retroceder hasta el a√Īo 1352 para descubrir el primer cuadro pict√≥rico donde se representa a un lector con gafas o lentes. Es el que aparece en esta imagen. A√Īos antes, en 1306, en la iglesia de Santa Mar√≠a Novella, en Florencia, Giordano de Rivalto, en uno de sus sermones recordaba a los feligreses el invento de las lentes para leer.

Se piensa que el inventor fue Salvino degli Armati, cuyos restos descansan en la iglesia antes mencionada, y en una placa, a modo de epitafio, est√°n escritas las palabras: ‚ÄúInventor de las gafas. Que Dios le perdone sus pecados. 1317‚ÄĚ.

Lo cierto es que en el a√Īo 1268 Bacon dej√≥ escrito lo siguiente: ‚ÄúSi alguien examina letras por medio de una lente con el lado convexo mirando hacia el ojo, las ver√° m√°s grandes y mejor‚ÄĚ.

Es posible que las gafas fueran inventadas por distintos hombres en distintas partes del mundo casi al mismo tiempo.

Una Cuestión de Imaginación. El trabajador lector

En 1895, un cigarrero de La Habana, que adem√°s era poeta, y que respond√≠a al nombre de¬†Saturnino Mart√≠nez, fund√≥ el peri√≥dico ‚ÄúLa Aurora‚ÄĚ. Pretend√≠a que fuese popular y su lectura muy extendida, pero se dio cuenta que eran muy pocos los trabajadores de la f√°brica donde trabaja los que sab√≠an leer y escribir, y esos eran sus potenciales lectores.

No se equivocaba, porque en aquella √©poca y seg√ļn los datos estad√≠sticos existentes, el 80% de los trabajadores cubanos eran analfabetos.

Saturnino pens√≥ que una forma de solucionar el problema pod√≠a pasar porque un¬†trabajador-lector¬†leyera el peri√≥dico mientras el resto trabajaba. Y as√≠ fue, tras obtener el permiso del propietario de la f√°brica llamada ‚ÄúEl F√≠garo‚ÄĚ, y con la colaboraci√≥n de un colegio, comenzaron las lecturas p√ļblicas en tiempo de trabajo. Cabe se√Īalar que el lector era pagado por el resto de trabajadores, a los que se les retra√≠a una peque√Īa cantidad de su propio sueldo.

Al poco tiempo, otras fábricas se unieron a la iniciativa. Ya no se leían solo periódicos sino también libros.

Pero, pronto, las autoridades vieron el ‚Äúpeligro‚ÄĚ que pod√≠a suponer esta iniciativa, quiz√° porque en algunos peri√≥dicos, como en la misma ‚ÄúLa Aurora‚ÄĚ, se pod√≠an leer noticias como esta: ‚ÄúEl due√Īo de una f√°brica pone grilletes a los ni√Īos que utiliza como aprendices‚ÄĚ.

As√≠, un edicto del gobernador de Cuba, en el propio a√Īo 1866, dictaba lo siguiente: ‚ÄúSe proh√≠be distraer a los obreros de las f√°bricas de tabaco, talleres y tiendas de toda clase con la lectura de libros y peri√≥dicos…‚ÄĚ El edicto instaba a la polic√≠a a ejercer vigilancia para asegurar que se cumplieran dichas √≥rdenes.

Ni que decir tiene que, en la práctica, se siguió leyendo, de manera clandestina, eso sí.

En 1868 comenzó la Primera Guerra de Independencia que provocó que muchos trabajadores marcharan a Estados Unidos, llevando consigo esa costumbre de lectura oral y compartida.

Lector de libros en la f√°brica
El trabajador lector

Uno de los libros preferidos por los trabajadores de las f√°bricas de cigarros establecidas en Estados Unidos fue el ‚ÄúEl Conde de Montecristo‚ÄĚ. Tal es as√≠ que un grupo de trabajadores envi√≥ una carta a Alejandro Dumas solicit√°ndole poner su nombre a un tipo de puros. Sabemos que el escritor accedi√≥. Son uno de los puros m√°s famosos del mundo.

El  Pregonero

Los primeros Pregoneros de la Historia provienen de la Antigua Roma. De hecho, la palabra procede de la contracción de praecino y cantare. La presencia del verbo cantar se debe al propio concepto del canto que se daba a la lectura.

Así, el Pregonero era el que iba delante cantando lo que leía, lo que comunicaba para que todo el mundo tuviese noticia de un acontecimiento de interés general, una noticia o como método publicitario haciendo atractivo el mensaje con sus dotes y elocuencia lectoras.

¬ŅC√≥mo leen las personas ciegas?

El Alfabeto Braille¬†El sistema de lectura y escritura a trav√©s de las yemas de los dedos destinado a las personas que padecen ceguera fue creado en el siglo XIX por¬†Louis Braille. Invidente como consecuencia de un accidente sufrido en el taller de su padre en 1812, cuando ten√≠a 3 a√Īos,¬†Braille¬†acud√≠a a la¬†Escuela de Ciegos y Sordos de Par√≠s, dirigida por Valent√≠n Hauy, que ense√Īaba a leer en base al alfabeto que √©l mismo hab√≠a creado y que consist√≠a en 26 letras.

El sistema era muy rudimentario ya que obligaba a elaborar las palabras en tela para pegarlas en papel y lo que ocupaba unas pocas páginas en papel, se convertía en pesados libros poco manejables.

Aunque la Historia escrita, en lo que a la famosa y √ļtil invenci√≥n de¬†¬†Braille¬†no se pone de acuerdo, parece ser que tras ser nombrado profesor de la Escuela y probar distintos m√©todos sin resultado, Louis escuch√≥ una conversaci√≥n sobre un militar que hab√≠a ideado un sistema de puntos en relieve que se pod√≠an leer en la oscuridad, de tal manera que pudiera ser le√≠do a salvo de los enemigos.

Pocos a√Īos despu√©s¬†Braille¬†cre√≥ un sistema de 63 combinaciones que representaban las palabras, abreviaturas y signos de puntuaci√≥n b√°sicos para la lectura.

En un principio su sistema se desestim√≥ e incluso fue acusado, en alguna exhibici√≥n p√ļblica del mismo, de memorizar los textos que le√≠a aplicando el m√©todo.

El Alfabeto Braille
Sistema Braille
Playboy en Braille
Playboy en Braille

En las FAQ¬īs de¬†la revista Playboy¬†se reconoce que si bien los art√≠culos de opini√≥n escritos en la revista no son lo primero que leen los lectores, √©stos tambi√©n disfrutan de su ‚Äúperiodismo laureado, su humor y su ficci√≥n‚ÄĚ.

Concluye que las √ļnicas personas que legitiman esta opini√≥n son los miles de lectores ciegos que estudian su¬†edici√≥n en Braille,¬†la cual ha sido distribuida por la Biblioteca del Congreso desde 1970.

Rueda de Ramelli
M√°quinas para leer

Tras el atril, uno de los inventos m√°s curiosos con el fin de facilitar la lectura lo encontramos en la ‚Äúmesa de lectura rotatoria‚ÄĚ.

Creada en el siglo XIV, o al menos representada en un grabado de esa época, viene a ser una mesa que permite ir girándola para poder leer los libros que estuvieran dispuestos en ella.

Se cree que la base de este invento sea debida al extraordinario volumen que ten√≠an los libros de ese siglo, y siglos posteriores. Adem√°s, se recomendaba para aquellas personas que sufrieran de gota y para ahorrar tiempo en la b√ļsqueda de los libros. En algunas cartas fechadas en la √©poca se pueden leer recomendaciones de este instrumento en el que se ensalzan estas cualidades.

En algunas p√°ginas de Internet y otros medios se afirma que este invent√≥ es obra de un ingeniero italiano llamado¬†Agostino Ramelli. No obstante, y aunque parece haber dudas razonables a este respecto, lo que s√≠ existe es un libro del a√Īo 1588 recopilatorio de m√°quinas para leer que es obra de dicho ingeniero que trabajaba para el rey de Francia y que la recomendaba vivamente.

Pelea de Gallos

Para hacer m√°s c√≥moda la lectura, y sin que se conozca el nombre del inventor, fue creada la silla denominada: ‚Äúpelea de gallos‚ÄĚ en la Inglaterra del siglo XVIII.

Destinada principalmente para su uso en bibliotecas, el lector debía sentarse a horcajadas, teniendo el atril frente a él, como se puede ver en la fotografía y pudiendo disponer los brazos a ambos lados. Como curiosidad cabe mencionar que el nombre que recibe se debe a su aparición en muchas ilustraciones que representaban peleas de gallos.


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