Cuando Felipe II encadenó el Océano
Cuando Felipe II encadenó el Océano

ūü§ī Cuando Felipe II encaden√≥ el Oc√©ano

C√ďMO INTENTABAN LOS ESPA√ĎOLES PROTEGERSE DE LOS PIRATAS INGLESES

Indagando en la historia a menudo nos encontramos hechos inverosímiles, sorprendentes y admirables. Ante ellos los amantes del pasado, curiosos como somos por naturaleza, basculamos entre la sugestión y el espíritu crítico, no del todo seguros de la veracidad de tales maravillas.

Pues bien, el encadenamiento del mar océano a manos de uno de los monarcas más poderosos de la historia, Felipe II, es sin duda uno de esos hechos que no por parecer fantásticos dejan de ser verídicos.


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Felipe II
 Felipe II 

C√≥mo sucedi√≥ el ‘encadenamiento del Oc√©ano’

En 1581¬†Felipe II¬†se hallaba en su apogeo tras lograr la tan ansiada uni√≥n ib√©rica entre los¬†Reinos de Espa√Īa y Portugal, as√≠ como sus vastos territorios coloniales.

En pol√≠tica exterior, y tras la victoria de Lepanto sobre los turcos, las principales preocupaciones del monarca nacido en Valladolid eran los rebeldes en los Pa√≠ses Bajos (la actual Holanda) y los da√Īos que inflig√≠an los piratas ingleses a lo que hoy llamar√≠amos intereses de Espa√Īa.

Fue en aquel entonces cuando Felipe II, resuelto estratega, se decidi√≥ en atajar los constantes ataques de escuadras inglesas con patente de corso, como la del famoso pirata Francis Drake, a los posesiones espa√Īolas en Ultramar, ya fueran barcos, plazas o recursos.

Su plan era monopolizar el paso del Oc√©ano Atl√°ntico al Oc√©ano Pac√≠fico ‚Äúcerrando‚ÄĚ el estrecho de Magallanes, al sur de Argentina, con una gran cadena que impidiera el paso a cualquier embarcaci√≥n.

Más allá del titular, título más bien, que encabeza este artículo, hay que explicar que aquella acción formaba parte de un plan más amplio encaminado a poblar y colonizar esa zona del continente y asegurar de ese modo la nueva e importantísima ruta marítima que unía a los dos Océanos.

La zona del estrecho de Magallanes, a pesar del universal top√≥nimo, hab√≠a sido realmente explorada y cartografiada por el espa√Īol¬†Juan Ladrillero.

El veterano marino onubense cumplió su misión de navegar en ambos sentidos por el laberinto de canales que formaban el estrecho, si bien aquel arriesgado hito se silenció y el motivo no fue otro que el de tratarse de un secreto de estado.

Ladrillero a pesar de su extraordinaria reputación, no pudo gozar en vida del justo reconocimiento a sus proezas y, como la de tantos otros, su fama ha terminado por difuminarse caprichosamente en el olvido.

Desde aquella arriesgada misi√≥n pasaron varios a√Īos de inacci√≥n de la Corona espa√Īola. Nada sucedi√≥ hasta que, en 1579,¬†Francis Drake¬†se las arregl√≥ para atravesar el estrecho y sembrar el p√°nico por todo el litoral pac√≠fico del continente americano. Su acci√≥n m√°s sonada fue el saqueo del puerto del Callao, en la costa peruana.

El ingeniero Tiburcio Espannochio y la falta de presupuesto

Felipe II reaccionó encargando a su ingeniero predilecto Tiburcio Espannochio y a sus expertos militares la elaboración de un ambicioso plan cuyo objetivo era construir fortalezas en la parte más angosta del estrecho, quedando unidas por una imponente cadena de hierro.

Como suele suceder, un proyecto que era tan portentoso como osado no pudo realizarse completamente al no tener en cuenta el factor humano.

Adem√°s de la falta de presupuesto, hecho l√≥gico tras haberse declarado la segunda bancarrota de las arcas de Felipe II, nadie pens√≥ en c√≥mo sobrevivir√≠an los hombres en semejante soledadFelipe II encadena el oc√©ano, ni en condiciones de fr√≠o tan recio que tan solo los indios Onas y Tehuelches hab√≠an podido dome√Īar.

Desde Sanl√ļcar de Barrameda, en la costa gaditana al sur de Espa√Īa, sali√≥ en 1581 una importante expedici√≥n de 23 nav√≠os comandada por¬†Sarmiento de Gamboa.

Por culpa de los elementos, solo llegar√≠an cinco barcos al estrecho. En 1584 se fund√≥ la primera ciudad ‚Äď Ciudad del Nombre de Jes√ļs ‚Äď con sus preceptivos regidores, procuradores, escribano, alguacil mayor y Cabildo.

En la pr√°ctica estos espa√Īoles, tal y como ya le hab√≠a pasado a otros descubridores como¬†Cabeza de Vaca, fueron abandonados a su suerte.

Tomé Hernández, el superviviente

Descalzos, sin ropa, a la intemperie, aislados y sin recursos más allá de mariscos y frutos silvestres subsistieron como indígenas hasta morir congelados, aseteados o hambrientos.

Este sufrimiento nos ha llegado gracias a uno de los escasos supervivientes, llamado Tom√© Hern√°ndez, y a los corsarios ingleses que en la d√©cada de los noventa de aquel siglo XVI se hicieron con lo poco que quedaba de los espa√Īoles y pudieron dar fe de lo que vieron.

As√≠ hubo de terminar la m√°s infortunada que dichosa historia del encadenamiento del oc√©ano a manos del Rey¬†Felipe II¬†de Espa√Īa.

En cierto modo, la cadena que iba a ser de hierro fue finalmente de madera, con tablazones gruesas, fuertes de hierro y protegida por barcazas chatas.

Sirvi√≥, eso s√≠, durante algunos a√Īos (pocos) para obligar a los piratas ingleses a bordear el peligros√≠simo Cabo de Hornos, en el extremo sur del continente americano, lugar donde encontraron la muerte muchos de los que se aventuraron por la nueva y, en aquel entonces, √ļnica ruta posible de paso entre los Oc√©anos Atl√°ntico y Pac√≠fico.


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Daniel Garcia

Daniel García García. Nacido en Vitoria, aunque castellano de adopción, se licenció en la Universidad de Valladolid en las ramas de Historia y Literatura Comparada y Teoría Literaria. Actualmente trabaja en la Universidad de Sevilla.

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