Origen e Historia de la Mafia

La Mafia no es un fenómeno nuevo en el tiempo, muy al contrario, las raíces de la organización de criminales organizados y “secretos” se hunden en el pasado profundo.

El origen de la Mafia

Existen distintas versiones sobre el origen de la “Maffia”. Quizá algo que confirma lo oscuro del tema que tratamos.

El vestigio más remoto de la mafia lo encontramos como un extraño efecto del nacimiento del Estado Moderno.

Antes de que existieran Estados, lo político lo encarnaba la Iglesia, que era lo que se podría considerar como “lo público”, aunque nunca recibió ese nombre.

En lo que hoy y entonces ya era Sicilia, la isla más grande del Mediterráneo, alrededor del siglo XIII, el rey Federico II creó un poder centralizado.

Sicilia, un territorio desgobernado

A pesar de las guerras con Nápoles y del Tratado de Paz que indicaba que la Isla de Sicilia volvería a pertenecer al reino de Nápoles, a la muerte del rey, esto no sucedió, al igual que la guerra no concluyó de manera efectiva nunca.

Federico II fue considerado un hombre muy inteligente, había logrado constituir un poder centralizado en el Mediterráneo a través de los impuestos que cobraba a todos sus súbditos. Y como bien sabía, el dinero es el motor del poder.

Aunque su hijo Pedro heredó el poder, una vez fallecido, el pequeño Estado que había creado, de alguna manera, regresó a la época feudal.

Una vez muerto el Rey Federico, que fue “elegido” (es de suponer que más bien aceptado) por su pueblo, los hombres que recaudaban los impuestos reales, a pesar de que el Estado se había fracturado, seguían cobrándolos, sin que el dinero o los diezmos llegaran a las arcas públicas.

historia de la Mafia
historia de la Mafia

De esa manera, cobrando ese “diezmo”, ese “impuesto obligado”, se puede considerar que nació la mafia.

Sicilia, 1860

Probablemente más acertado, por el parecido con la actualidad, sea decir que la mafia nace alrededor del año 1860 también en Sicilia.

En aquellos tiempos, era habitual que bandas organizadas de delincuentes robaran las cabezas de ganado y practicaran el vandalismo aterrorizando a los lugareños.

Lejos de recurrir a la autoridad, los propietarios solicitaban la ayuda de los jefes (capos) de las familias locales, una especie de patriarcas que tenían la delicada misión de negociar con los ladrones para recuperar lo robado.

El terrateniente recuperaba su ganado y aportaba a “la familia” una cantidad de dinero, generalmente un tercio del valor de lo sustraído. Poco a poco la organización ganó envergadura y comenzó a extender sus actividades hacia el lado delictivo.

A finales del siglo XIX, el magistrado de Palermo, en una carta al Ministro del Interior italiano, escribía: “El rico se vale del mafioso para protegerse del bandolerismo, o lo utiliza para conservar una preponderancia que está viendo reducirse debido al progreso de la libre empresa”. Por aquél entonces, como vemos, ya se utilizaba el término “mafioso”.

La palabra “Mafia”

El término mafia no es el que emplean los integrantes de la Organización, que prefieren y utilizan el de “Cosa Nostra”, aunque también se la conoce como el “pulpo”, una figura bastante gráfica.

El origen de la palabra “mafia”, como todo lo que la rodea, es confuso. Por la raíz, podría proceder de las palabras árabes “muáfah” que significa inmunidad, protección, tutela; o “m´ahfal”, que significa agrupación, reunión de varias personas.

Pero se trataría de una influencia lingüística relativamente distante. En el francés antiguo, existe la palabra “meffier” que expresa desconfiar, quizá más acertada.

En cualquier caso, mafia significa “miseria” en toscano, mientras que en Palermo designa “belleza”. Aunque también en los mercados de Palermo se puede escuchar vocear la frase “haju scupi d´a mafia” que significa “tengo hermosas escobas”. Lo dicho, la confusión está servida.

Pactos de sangre y juramentos secretos

Los miembros de la Mafia se obligan, bajo juramento, a ayudarse mutuamente y a no servir de testigos ante ningún Tribunal de Justicia.

Deben evitar el asesinato, salvo para vengar cualquier tipo de traición. En la antigüedad, para ser admitidos dentro del Clan, debían sostener un duelo: era la auténtica prueba de valor.

La revolución mafiosa llegó con Vito Cascio Ferro

La revolución mafiosa llegó con Vito Cascio Ferro. En poco tiempo se hizo con el control de la Isla de Sicilia, llegó a poseer una flota de cerca de setenta navíos de gran tonelaje, que utilizaba para transportar la mercancía robada, cabezas de ganado, y hombres perseguidos por una justicia casi inoperante y corrupta ante la fuerza del dinero.

Vito Cascio Ferro
Vito Cascio Ferro

Esos hombres huidos pusieron rumbo a San Luis, Kansas City, Nueva Jersey o Chicago, donde fundaron lo que primero se llamó “Mano Negra”, luego “Cosca Nostra”, para alcanzar al fin, la “Cosa Nostra”.

Vito Cascio Ferro fundó el verdadero impuesto sobre el crimen.

Los ladrones no tenían nada que temer porque sabían que lo robado, aunque fuera devuelto, significaba un puñado de billetes, de los que “la familia”, como intermediaria, siempre obtenía una parte.

El pacto de silencio de los propietarios era necesario por su propia seguridad. Pronto, Vito, alargó su brazo al pingüe negocio del contrabando.

Por ese motivo acabó en la cárcel, condenado a cinco años de prisión. Antes de traspasar las rejas, con la soberbia del auténtico capo, y dirigiéndose al Tribunal que le juzgaba, dijo: “Señores, no pudiendo demostrar mis numerosos delitos, os veis reducidos a condenarme por el único que no he cometido”.

Al Capone

Al Capone
Al Capone

El establecimiento de todos estos hombres en Estados Unidos, creó las condiciones para que sujetos como Al Capone implantaran sus negocios a la luz de la penumbra que la “Ley Seca” provocó. Los negocios eran variopintos: juego, sexo; aunque elementos como Capone pretendieran darle una forma “legal”, las calles se teñían de sangre.

Lucky Luciano. Mafia y Poder

Quizá por ser una Isla, Sicilia, quedaba un poco al margen de la mirada directa de los dirigentes que desde la península itálica gobernaban.

El caso es que durante mucho tiempo, la ley de las familias campaba a sus anchas. Sólo con el advenimiento del fascismo de la mano de Benito Mussolini, la mafia padeció los reveses que nunca más sufrió.

Lucky Luciano
Lucky Luciano

La paradoja se produjo cuando, en la Segunda Guerra Mundial, los aliados tuvieron que solicitar la ayuda de la mafia, encarnada en Lucky Luciano, para que les auxiliara en el desembarco, en julio de 1943. Luciano, que se encontraba preso con una condena a 30 años por proxenetismo, fue el interlocutor para que se facilitaran las cosas. Gracias a ello, le concedieron la libertad, regresó a Italia, donde se dedicó al contrabando.

Luciano corrió un destino muy similar al de otros capos. En 1.962, cuando se reunía con el director de cine M. Goshsch, que quería rodar una película sobre su vida, sintió uno de sus usuales dolores en el pecho.

Tomó una pastilla de su pastillero y cayó fulminado. Nunca se encontró el pastillero, tampoco se pudo decir que fuera asesinado, de serlo, desde luego, pareció un “accidente”.

Triadas, Jacuzza…

El fenómeno de la extorsión, de la delincuencia organizada, no conoce fronteras ni territoriales ni temporales.

En el siglo XVII nacieron las Tríadas en china. En un principio luchaban a favor de la dinastía china Ming contra la dinastía Tsing, de origen tártaro, pero con el tiempo, degeneraron su actividad bélica en delictiva.

Con la llegada del comunismo, se trasladaron a Hong Kong aunque, en la actualidad, no les ha quedado más remedio que mirar a occidente, pues el gobierno chino es muy duro con los delincuentes. A los componentes de la mafia china se les llama “dragón”.

Según la D.E.A, el 80% del negocio de la heroína del mundo está en manos de las Tríadas.

Los Jacuzza, la mafia japonesa, proviene del siglo XVII. Tras acabar las guerras civiles, cientos de Samuráis, de guerreros, quedaron sin actividad y se dieron al latrocinio. Para defenderse de ellos, muchos jóvenes de las ciudades, se agruparon.

Esos jóvenes fueron el germen de lo que hoy se calcula concentra a 100.000 japoneses. Cuando cometen un error en el seno de su “familia”, se cortan la falange superior del dedo índice y se la entregan a su mentor. Son famosos los tatuajes que dibujan sus cuerpos, otro símbolo de pertenencia.

Víctimas de la Mafia

Como se apuntaba, la mafia solo mata cuando encuentra obstáculos en su “negocio”. Ahora bien, cuando se topa con el obstáculo, por la supervivencia de la organización, no encuentra límites.

En el libro “Cosa Nostra” de Giovanni Falcone, el juez especial para la lucha contra la mafia (asesinado después con una bomba adosada a su coche oficial), apuntaba una frase que le espetó el arrepentido Tommaso Buscetta, quien, además de a otros, incriminó al ex primer ministro Gulio Andreotti en el asesinato a un periodista en 1.979: “Quiero advertirle, señor juez, –dijo Buscetta–, que usted se convertirá en una celebridad después de este interrogatorio. Pero tratarán de destruirlo. Y a mi me harán lo mismo. Nunca olvide la cuenta que acaba de abrir con la Cosa Nostra: nunca podrá cerrarla”.

El arrepentido y delator Buscetta, había visto cómo asesinaban a 32 personas directamente relacionadas con él, todos sus amigos y sus familiares.

En octubre de 2003, Andreotti vio cómo el Tribunal Supremo italiano revocaba la pena a 24 años de cárcel a la que había sido condenado por la declaración del arrepentido.

La Mafia en el Cine

El cine ha fijado su objetivo en este fenómeno, encontrando el lado siniestro y oscuro, pero proporcionando también grandes momentos al Séptimo Arte, con filmes universalmente conocidos, como la trilogía de la familia Corleone, protagonizada por Marlon Brando, “The GodFather”, de 1.971.

Sobre la mafia, otros títulos que han destacado son: “Casino” (1995), “Uno de los Nuestros” (1990) de M. Scorsese, “El Honor de los Prizzi” (1985) de John Huston o la película argentina “La Mafia” de 1971, dirigida por Torre Nilson e interpretada por Héctor Alterio. El director japonés, Akira Korosawa, retrató el inicio de los Jacuzza en su película “Los Siete Samuráis” (1954), donde un grupo de campesinos cansados de los ataques de los bandidos consiguen la ayuda de siete samuráis que les enseñan el arte de la guerra, en este caso, el arte de la defensa.

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