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Un 26 de marzo de 1892 moría Walt Whitman, el hombre hoy considerado el poeta por excelencia de Norteamérica. Sin embargo, como tantos otros genios, su obra no fue comprendida en su tiempo. Su estilo radicalmente nuevo, su exaltación de la naturaleza, la libertad y la sensualidad, tardó en ser tomado en serio.
Lejos de la imagen de «vagabundo semidivino» que a veces se le atribuye, encontramos a un hombre valeroso que, a través de su poesía, buscaba la comunión entre todos los seres humanos. Whitman es, por encima de todo, el poeta del idealismo y la confianza en la naturaleza innata de la raza humana.
Los Primeros Años: Entre la Imprenta y el Mar
Walt Whitman nació el 31 de mayo de 1819 en el estado de Nueva York. Hijo de un carpintero, de quien pudo heredar el sentido de la construcción, y muy apegado a su madre, creció en Brooklyn. Tras dejar la escuela pública, trabajó como aprendiz en una imprenta, un oficio que lo mantendría cerca de las palabras.
De aquellos años, recordaría con nostalgia sus escapadas a la entonces desértica playa de Coney Island:
«Después de bañarme, corría arriba y abajo por la dura arena y declamaba durante horas versos de Homero o de Shakespeare al oleaje y las gaviotas.»
«Hojas de Hierba»: La Obra de una Vida
La obra magna de Whitman, «Hojas de Hierba» (Leaves of Grass), no fue un libro, sino un proyecto vital. La primera edición, publicada por él mismo en 1855 al no encontrar editor, rompía con todas las convenciones de la época: poemas sin rima, versos libres y una métrica que fluía con la naturalidad del pensamiento.
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Fue una carta de su maestro, el filósofo Ralph Waldo Emerson, lo que le animó a continuar. Whitman, astutamente, incluyó esa carta en la segunda edición. A lo largo de su vida, la obra creció y se transformó a través de ocho ediciones, siendo la última revisada desde su lecho de muerte en 1892.
Descarga Leaves of grass en su versión original
Fotografía de Walt Whitman por Frederick Gutekunst (1873).
La Polémica de la Sexualidad y la Guerra Civil
En la tercera edición, Whitman introdujo un tema tabú para la época: el sexo. Emerson intentó disuadirlo, pero el poeta se mantuvo firme, considerando la sexualidad un elemento esencial de la existencia.
Su experiencia como enfermero voluntario durante la Guerra Civil Norteamericana (1861-1865) le marcó profundamente, añadiendo una nueva capa de poemas a la quinta edición, llenos de dolor, compasión y un canto a la unidad de la nación herida.
Un Canto a Sí Mismo y a la Humanidad
Whitman creía que los libros de su tiempo estaban desconectados de la verdad sencilla de las cosas. Frente a un arte para minorías, él propuso una poesía anclada en la vida, en lo vulgar y lo sublime. Como él mismo escribió en los inmortales versos de «Canto de mí mismo»:
«Yo me celebro y yo me canto,<br>
Y todo cuanto es mío también es tuyo,<br>
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca a ti también.<br>
Indolente y ocioso convido a mi alma,<br>
Me dejo estar y miro un tallo de hierba en verano.»




