Hechos históricos que son falsos

Los vikingos no usaban cascos con cuernos

Hasta ahora no existe una evidencia concluyente de que los vikingos lucieran cuernos sobre sus cascos de guerra. Sí que parece cierta la teoría que dice que la mayoría de los guerreros vikingos iban con la cabeza descubierta o usaban tocados de cuero. Así se les ha encontrado en las excavaciones que los arqueólogos han llevado a cabo hasta la fecha.

Esta creencia extendida y popular, aunque falsa, y que vemos en muchas películas en las que un enorme número de hombres corpulentos avanzan hacia la batalla con cascos de cornamenta data del siglo XIX. Y se debe a ciertas pinturas suecas que incluyeron las imágenes así descritas. Además, muchas de las óperas del talentoso Wagner también incluyeron sobre el escenario disfraces con cascos y con cuernos. Y aquí entra la figura de Carl Emil Doepler, que se encargó del diseño del vestuario de un concierto de Richard Wagner en el año 1876. La ópera obtuvo un éxito rotundo y los cascos vikingos se establecieron como parte de la imagen de los vikingos para siempre. ¡Qué mundo!

El llamado complejo de Napoleón (Bonaparte) carece de sentido

Se dice que el complejo napoleónico proviene de que el general y emperador, Napoleón compensaba ante el resto de la humanidad su corta estatura buscando el poder, la guerra y la conquista. Actualmente, se sigue utilizando este término para describir a aquellas personas que sufren un complejo de inferioridad debido a su baja estatura.

Pero si somos fieles a lo que la Historia ha dejado sobre su descripción física (aquí tiene un artículo sobre lo que pasó a algunos restos de su cuerpo) bueno, al menos no era tan bajo como podemos  pensar, sobre todo teniendo en cuenta la altura media de la época.

Napoleón medía 1 metro y 57 centímetros, lo que se equiparaba a la altura masculina promedio en Francia en esos momentos que era de 1 metro y 58 centímetros.

Sea como fuere, Napoleón será recordado como “Le Petit Caporel” (El pequeño cabo), dicho cariñosamente. Quizá porque llegó a ser uno de los generales más importantes y jóvenes de la historia de la vieja Europa.

Cleopatra NO era egipcia

Las historia, sobre todo la que ha reflejado sobre la pantalla el celuloide, nos ha dejado la imagen supuesta de una Cleopatra bella (por la imagen de Elisabeth Taylor) y seductora. Y, por supuesto, que era egipcia. Pero no es así. Su linaje se extiende a la dinastía ptolemaica, a una familia de origen griego que gobernó Egipto después de Alejandro Magno. Al parecer ella fue la primera de toda la familia en realidad en aprender el idioma.

La idea errónea sobre su nacionalidad puede haber surgido de la forma en que se representó a sí misma en público, como la reencarnación de Isis, una auténtica diosa egipcia.

La gripe española no es de España

La conocida como gripe española (influenza para los anglófonos) fue una pandemia que surgió en el año 1918. Una pandemia de gripe de inusitada gravedad. La gran desgracia fue que esta enfermedad no respetó a nadie. Si bien, otras epidemias de gripe afectaban por lo general a niños y ancianos, en este caso los enfermos también fueron jóvenes y adultos que, supuestamente, gozaban de buena salud, incluso animales, como los domésticos perros y gatos.​​

La cuestión es que fue en España donde antes se propagó y donde más fallecimientos produjo por lo que, enseguida, se pensó que en el país de la piel de toro era desde donde había surgido y extendido.

En un primer momento, la gripe o influeza española recibió la original denominación de “gripe de tres días”. Imaginen porqué.

Así las cosas, la enfermedad consiguió aniquilar, se calcula, a unos 50 millones de personas en aquel fatídico año de 1918.

Saber de dónde procedió el virus es algo que hoy se nos escapa. Se dice, no obstante, que John Barry, con base en toda la evidencia disponible, sugirió que el primer caso ocurrió en el condado de Haskell, Kansas. ¡Estados Unidos!

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