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Aunque en 2014 se conmemoró el centenario oficial del inicio de la I Guerra Mundial (28 de julio de 1914), el verdadero detonante ocurrió exactamente un mes antes.
El 28 de junio de 1914, dos disparos en una calle de Sarajevo cambiaron el curso de la historia para siempre. Un magnicidio precipitado, lleno de errores y casualidades fatales, que acabaría arrastrando a Europa a cuatro años de destrucción total.
El viaje fatal: ¿Por qué estaban en Sarajevo?
Aquel domingo de verano, el Archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, la condesa Sophie Chotek, realizaban una visita oficial a Sarajevo, una ciudad que era un polvorín político.
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El emperador Francisco José había enviado a su sobrino y heredero, Francisco Fernando, a la región de Bosnia con una misión clara: supervisar las maniobras militares. El Imperio Austrohúngaro se había anexionado Bosnia definitivamente en 1908, aprovechando la decadencia del Imperio Otomano.
Sin embargo, la fecha elegida fue una provocación involuntaria. El 28 de junio coincidía con el Vidovdan, la festividad nacional serbia que conmemoraba la Batalla de Kosovo, lo que encendió aún más los ánimos de los nacionalistas que buscaban la independencia de Austria y la unión con Serbia.
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La conspiración de la «Mano Negra»
En las sombras operaba la «Mano Negra», una organización terrorista secreta pan-serbia. Al enterarse de la visita del heredero imperial, vieron una oportunidad de oro: asesinar al futuro Emperador no solo sería un golpe al dominio austriaco, sino que podría desencadenar una guerra que liberase a los eslavos del sur.
¿Quién era Francisco Fernando?
Francisco Fernando no era un simple aristócrata. Tras el suicidio de su primo, el príncipe Rodolfo, en la tragedia de Mayerling (1889) y la muerte de su propio padre, se había convertido en el heredero directo del anciano emperador Francisco José I.

El primer intento: La bomba desviada
La visita comenzó con un presagio de muerte. Mientras la comitiva real recorría el muelle Appel, uno de los conspiradores, Nedeljko Cabrinovic, lanzó una bomba hacia el coche descapotable del Archiduque.
Con reflejos rápidos, Francisco Fernando logró desviar el artefacto con la mano (o rebotó en la capota plegada, según las versiones), y la bomba explotó bajo el coche que venía detrás, hiriendo a una docena de personas. Cabrinovic intentó suicidarse ingiriendo cianuro y lanzándose al río, pero el veneno estaba caducado y el río apenas cubría unos centímetros. Fue detenido de inmediato.
A pesar del shock, el Archiduque insistió en continuar con la agenda, aunque pidió cambiar la ruta para visitar a los heridos en el hospital. Esa decisión sellaría su destino.
El error del chófer y los disparos finales
Debido a una falta de comunicación, el conductor del Archiduque no fue informado del cambio de ruta. Siguiendo el plan original, giró en la esquina del Puente Latino hacia la calle Francisco José.
El gobernador Potoirek, que viajaba con ellos, gritó al conductor: «¡Te has equivocado! ¡Es por la otra calle!».
El chófer frenó en seco para dar marcha atrás. Por una casualidad escalofriante, el coche se detuvo exactamente a un metro y medio de donde se encontraba Gavrilo Princip, otro de los jóvenes conspiradores, que ya daba el atentado por fracasado.

Dos disparos a quemarropa
Princip no dudó. Sacó su pistola FN modelo 1910 y disparó dos veces:
- La primera bala atravesó la puerta del coche e impactó en el abdomen de la condesa Sophie.
- La segunda alcanzó a Francisco Fernando en el cuello, rasgando la vena yugular.
Las últimas palabras del Archiduque a su esposa fueron: «¡Sophie, Sophie! ¡No te mueras! ¡Vive por nuestros hijos!». Ella falleció antes de llegar a la residencia del gobernador; él murió minutos después desangrado.
El ultimátum y el fin de la paz
La reacción de Viena fue furibunda. Austria-Hungría, con el pleno respaldo del «cheque en blanco» de Alemania, acusó al gobierno serbio de orquestar el magnicidio.
El 23 de julio se envió el famoso Ultimátum de Julio a Serbia, una lista de exigencias humillantes diseñadas para ser rechazadas. Serbia aceptó casi todas, excepto la que permitía a la policía austriaca investigar en suelo serbio, lo que consideraban una violación de su soberanía.

Fue suficiente. Austria declaró la guerra a Serbia el 28 de julio. El sistema de alianzas hizo el resto:
- Rusia se movilizó para proteger a Serbia.
- Alemania declaró la guerra a Rusia y luego a Francia.
- Reino Unido entró en el conflicto tras la invasión alemana de Bélgica.
La «Paz Armada» había terminado. Europa se precipitaba al abismo por culpa de un giro equivocado en una calle de Sarajevo.




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