El transporte en la España de la Revolución Industrial del siglo XIX - Actually Notes Magazine

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El transporte en la España de la Revolución Industrial del siglo XIX

¿Cómo era el sistema de comunicaciones en la España del XIX?

Una de las cuestiones claves para el desarrollo industrial de cualquier país es su sistema de comunicaciones. Como ya apuntábamos en el artículo sobre el fracaso de la Revolución industrial española del siglo XIX, una de las pocas iniciativas que hicieron progresar al país fue el desarrollo del ferrocarril que, de una parte sirvió para comunicar mejor las distintas provincias y para impulsar económicamente las finanzas de la nación.

No obstante, España contaba con un hándicap: su orografía desigual y complicada que no favorecía la construcción de carreteras ni de vías férreas.

Tanto los sistemas montañosos como los fluviales no favorecían la creación de una red de transportes, ni de mercancías ni de personas.

Desarrollo tardío del ferrocarril

En comparación con el resto de países industrializados, España llegó tarde en la implantación de líneas férreas que conectaran el país en sus puntos cardinales.

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Las primeras líneas fueron:

  • La de Barcelona – Mataró, en Cataluña, del año 1848;
  • La línea Madrid – Aranjuez, de 1851 y;
  • Gijón – Langreo, de 1852.Se estableció un modelo conocido por el nombre de «radial», que comunicaba el centro de la península, desde Madrid, con los territorios de la periferia.

La Ley de Ferrocarriles de 1855

Esta Ley supuso un paso importante, si no fundamental, en el desarrollo del ferrocarril español, permitiendo cierta modernización económica del país, si bien en distinto grado que en el resto de Europa. De una parte, porque se construyó con materiales procedentes de otros países, principalmente de Francia, Reino Unido o Bélgica.

De otra parte, porque no sirvió para impulsar la industria necesaria para la construcción de vías y maquinaria; lo que supuso una inversión económica que se escapaba de España para enriquecer a otras naciones.

Sin embargo, La Ley de Ferrocarriles también trajo otras ventajas finales, por ejemplo:

Esa inversión extranjera que se sintió atraída por una industria (en nacimiento y crecimiento) y a la que se le ofrecían subvenciones y la eliminación de aranceles aduaneros.

Tampoco podemos olvidar la inversión económica interna, promovida, como vimos en el artículo de referencia (antes enlazado), por la desamortización de Madoz.

A nivel de inversión cabe destacar que las cuentas no salían. Diez años después, alrededor de 1866, se supo que la explotación de las vías férreas no dejaban grandes rendimientos bursátiles, más bien todo lo contrario.

Transporte fluvial y marítimo

A excepción del río Guadalquivir, el resto de ríos españoles apenas era navegable, lo que dificultaba el desarrollo de una red de comunicación sobre ellos.

A nivel técnico, los avances vinieron marcados por los nuevos barcos de vapor y los conocidos como veleros clipper, grandes veleros que, además, eran muy rápidos. 

Por último, cabe destacar que los puertos más importantes de esta época son: Barcelona, Bilbao, Santander, Cádiz, Málaga y La Coruña.

Transporte urbano

En este sentido, destaca la creación del tranvía en Madrid en 1892. Otros hitos en la comunicación serían: la puesta en marcha de la telegrafía eléctrica en 1854 y el impulso en el servicio de correos postal, que en 1850 introduce el sello de correos.

Carreteras y caminos

Por último, en lo que respecta a los transportes y comunicaciones, cabe destacar que en 1840 España emprendió una serie de acciones para construir y mejorar sus carreteras y caminos.

Otro de los cambios que mejoraron la situación fue la sustitución de bueyes y mulas por caballos, con la puesta en marcha de diligencias que favorecieron el transporte de personas. Eso sí, mientras esto sucedía en España, en Europa cobraba pujanza el desarrollo industrial del ferrocarril. 

 


Fuente del artículo:

Atlas ilustrado. Historia del ferrocarril en España


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