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▷ Calígula: Loco y Cruel. La historia de ‘botitas’

«Que me odien con tal que me teman”, un verso de Lucio Acio, uno de los poetas trágicos preferidos de Calígula, era una de las frases que éste solía repetir; algo que representa muy bien la imagen que trasladó a la Historia durante su gobierno entre los años 37 y 41 antes de Cristo.

Calígula, con 25 años de edad y como descendiente directo de Augusto, fue designado sucesor de Tiberio.

En aquel tiempo, el Imperio necesitaba mano dura para mantener el poder mediante el que reinaba Roma. Algo a lo que el propio Tiberio había contribuido, llenando de dinero las arcas públicas y mejorando su administración.

Se creía que había sido un acierto designar a Cayo Julio César, desde siempre conocido como Calígula, “botitas” en castellano, apelativo que ganó por vestir habitualmente botas militares.

Y fue un acierto nombrarle, pero solo por lo que hizo durante los primeros momentos de su gobierno, ya que en un principio mostró su cara más amable con los más desfavorecidos, en el terreno social y, en el político, devolvió parte del poder a la Asamblea, aportando consistencia al sistema democrático, además de decretar la amnistía para todos los romanos prisioneros o exiliados bajo el mandato de su antecesor o de mantener cordiales relaciones con pueblos enemigos de Roma en el pasado, como con Artábano, del reino de los partos situado tras el lejano Éufrates, quien solicitó su amistad.

Caligula

Se apunta a una enfermedad mental, un trastorno sin diagnóstico conocido, lo que condujo a Calígula a sufrir crisis de terror, sobre todo cuando la fuerte tormenta arreciaba, algo que al parecer le causaba verdadero pánico.

Calígula comenzó un buen día a tener ideas extravagantes y, lo peor, a ponerlas en práctica. Igual se le antojaba que los Senadores participasen en luchas contra gladiadores o que le besaran los pies, como construía una cuadra de mármol para su caballo, de nombre Incitato, a la vez que proponía al equino para cónsul.

Sin embargo, las crónicas también cuentan que mostraba, en algunos momentos, ser un hombre simpático, sarcástico, pero cordial e ingenioso en el diálogo.

Otros testimonios sobre Calígula nos hablan de un hombre quizás sobrepasado por el poder, del que tenía un concepto muy definido y del que parecía hablar constantemente.
Calígula consideraba que tenía una virtud, y afirmaba este extremo aplicando como ejemplo un vocablo griego, la “adiatrepsia”, que él definía como “la desfachatez que nos permite imponer por la fuerza hasta el más salvaje de nuestros deseos”.

Su comportamiento no era, desde luego, normal, valga como ejemplo la anécdota que se cuenta a propósito del día en que invitó a un banquete a un hombre que acababa de contemplar el ajusticiamiento de uno de sus hijos. Para infundirle ánimo, le dijo: “Ríe y diviértete. El vino mata todas las penas”.

Calígula podía ser un personaje temido por sus aversiones y por llevar a la práctica cualquier tipo de ocurrencia.

En un momento en que escaseaba la comida en el Circo Romano, decidió echar mano de los presos que cumplían condena en las cárceles. Sin el menor escrúpulo dijo: “Traédmelos para las fieras de calvo a calvo”, frase con la que indicaba que todos los reclusos calvos serían presa de los leones. A partir de ese momento la frase “de calvo a calvo” se hizo popular, convirtiéndose en una expresión familiar para los latinos.

El aspecto físico de Calígula

Malcolm McDowell interpretando a "Caligola"
Malcolm McDowell interpretando a «Caligola»

Calígula era un hombre algo grueso, de alta estatura y de cuerpo atlético. Uno de sus entretenimientos debía ser el de posarse frente a un espejo y hacer muecas, exagerando sus ojos, ya de por sí saltones.

Enamorado de la cultura y la forma de vida de Egipto, Calígula intentó adaptar a la cultura romana ciertas costumbres, quizás las más singulares.
Por ejemplo, la idea de tomar como amantes y esposas a sus hermanas (a las que además prostituía en las fiestas que organizaba) parte de hábitos del Imperio egipcio.

A una de ellas, a Drusila, un día que se encontraba enfermo la nombró directa heredera del trono, aunque más tarde la despreciara para casarse con Orestila, el día en que ella se iba a casar.

Su última esposa, Cesonia, que fue al altar embarazada, no se sabe si del Emperador o de otro hombre, fue la única que consiguió apaciguar algo su inquieto espíritu.

Calígula, el poder máximo, solo le duró cuatro años. Quizás hastiado de los desmanes, de la locura y de los insultos del Príncipe, Casio Quereas, el comandante de la guardia pretoriana, mientras caminaba junto a Calígula por los pasillos de un teatro, le apuñaló.

Al parecer, Roma, creía que Calígula fingía su muerte, en un alarde más de excentricidad, como si se tratase de un engañifa para ver las reacciones que levantaba su fallecimiento.

Para demostrar la verdad, según registra la Historia, la guarda pretoriana asesinó a su mujer y, con extrema crueldad, a la hija de ambos.

Claudio, asustado, se escondió detrás de las cortinas

Según la línea sucesoria, el heredero del trono era el tío de Calígula, Claudio. Quien al conocer la noticia se debió de llevar un buen susto, pues se escondió tras unas cortinas. 

Un soldado raso que le vio, las descorrió descubriendo a un temeroso Claudio que se abalanza sobre él pidiéndole clemencia, pues creía que iba a correr la misma suerte que su sobrino. 

Grande y agradable debió ser la sorpresa cuando escuchó las palabras del soldado: “Ave, Cesar, te saludo”, indicándole que era el nuevo Emperador del Imperio aclamado por el pueblo.


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José Carlos Bermejo

José Carlos Bermejo, Madrid noviembre 1971. Escritor. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha colaborado en diferentes medios de comunicación, tradicionales y digitales. Es autor de la novela WILDE ENCADENADO y del libro de relatos RETAZOS DE UN MUNDO IMPERFECTO. + info: www.josecarlosbermejo.com

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