Un poco de Historia
Antes de que
el joven Yellow Kid viera la luz, se pueden nombrar algunos antecedentes de la
historieta, o a la narración a través de imágenes sucesivas, algunos de
estos antecedentes, son realmente remotos en el tiempo. El origen, así, lo
podemos encontrar en la lejana Edad Media, si nos atenemos a los retablos
medievales, que utilizan, en forma de secuencia, una forma de contar
historias. Si bien, estos retablos no están pensados para ser reproducidos, sino que son ejemplares únicos. Ya en el
siglo XVIII, los aleluyas relatan historias que a su lado son
acompañados por unos versos narrando el relato de lo dibujado, algo similar
a los “bocadillos” utilizados tiempo después en el cómic. Al comienzo del
siglo XIX comienzan a surgir otros precedentes del cómic, más cultos, como
las obras de Gustavo Doré, ilustrador de obras como “Don Quijote de
la Mancha” o “La Divina Comedia”; Töpffer, que ilustra la “Historia
de la Santa Rusia” en 1829.
El cómic o las historietas tienen en común con el nacimiento del cartel las premisas técnicas de las que parten y el
momento histórico en el que surgen. El cómic nace gracias a dos procesos
socioeconómicos que se dan a un tiempo. El fin del analfabetismo y el
nacimiento de la prensa escrita. A finales del XIX, la prensa
sensacionalista, recurre a las historias gráficas con el objetivo de atraer
lectores, que si bien ya estaban alfabetizados, les era más sencillo
entender ese tipo de mensajes menos complejos y más visuales que se componen
de viñetas.
Guerra por la Exclusiva
Es en este momento cuando surge una interesante contienda
en Estados Unidos por hacerse con los servicios de los más significativos
dibujantes de historietas y que generarán, como veremos a continuación,
problemas legales. Los magnates de la prensa ya han visto el filón que
supone una tira diaria con la que atraer lectores. En 1896 comienza la
“guerra” entre Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst.
Nace Yellow Kid y la denominación “periodismo amarillo”
En 1896 nace para la Historia la primera historieta
coloreada. Es el nacimiento de Yellow Kid. Como decíamos al comienzo
del artículo, un joven de origen chino que vive en los bajos fondos del New
York de la época, donde le suceden curiosas y divertidas peripecias. Richard
Felton Outcault, su autor como también se apuntaba anteriormente, a
sueldo de Pulitzer, dio color al personaje, el mismo del que recibe el
sobrenombre. Así, el amarillo aparece impreso en la túnica que viste el
joven, el mismo amarillo por el que se conoce aún en nuestros días a un tipo
de periodismo, el sensacionalista, el “periodismo amarillo”, el que
practicaba con éxito el diario en que aparecía publicado, el New York
World. Además, esa misma túnica le servía al dibujante para
sobreimpresionar los diálogos del pequeño oriental.
Pero este periódico tenía su competencia en el New
York Herald, del que Hearst era el dueño. En 1902, Hearst contrata a
Felton para su diario y cambiando de registro, comienza a dibujar una tira
cómica llamada “Buster Brown”, narrando las aventuras de otro
jovencito, en este caso un niño bien, de familia burguesa también residente
en New York, pero justo el polo opuesto a lo que representaba Yellow Kid.

Problemas Legales.
Siguiendo la estela del éxito de las tiras cómicas,
surgen otros personajes que decoran las páginas de los periódicos. Un
ejemplo de ello sería “The Katzenjammer Kids”, obra de Rudolph
Dirks, creada en 1897, donde se parodia a los emigrantes de origen
alemán, también a través de dos niños, hermanos gemelos: uno rubio y otro
moreno. El éxito de esta fórmula se extendía a todos los diarios pues los
lectores así lo demandaban. Es así que dicho éxito provocó, de alguna
manera, la competencia abierta entre los dos diarios antes mencionados,
dando lugar a una importante sentencia judicial en 1913, cuando Pulitzer al
perder de su plantilla al autor de Yellow Kid decide seguir publicando la
tira cómica a través de otro dibujante. Planteada la demanda, la justicia
dio la razón al dueño del New York World, reconociendo que podía seguir
publicando las historias, independientemente de que el dibujante fuera o no
el mismo. Es decir, que los derechos de autoría no dependían del artista
sino del medio impreso.
El Éxito Artístico
En 1905 nace una de las tiras cómicas consideradas por
los críticos como una obra maestra. “Little Nemo in Slumberland”.
Iniciada por Winsor McCay, se compone de grandes viñetas coloreadas
y que cuentan los extraños sueños inacabables del pequeño Nemo: un mundo
fantástico que se rompe cuando alguien despierta a Nemo o éste, simplemente,
se cae de la cama. La novedad es la continuidad que el dibujante proporciona
a la historia no solo en cada edición dominical cuando se publicaba, sino de
forma semanal. La trama de las historias se iban concatenando edición tras
edición.
Los animales, los protagonistas
La primera ocasión en la que aparecen animales
humanizados en un cómic fue en 1911, en “Krazy Kat”, de George Herriman.
Los protagonistas eran una gata, llamada Krazy, un ratón llamado Ignatz y un perro policía conocido como Offisa Pup. Los tres
componen un extraño triángulo amoroso. La gata estaba enamorada del ratón y
el perro de la gata, conformando historias delirantes.
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