Hubo un tiempo, al inicio de la Edad Moderna, en que muchas personas cultas creían que las brujas y brujos, en el desarrollo de su actividad, mantenían contactos directos y estrechos con el diablo.
Antes de que la Edad Media finalizara, sobre todo en Europa, ya muchos pensaban que los maleficios y los pactos con Satanás, además de ser moneda corriente, eran una afrenta a Dios, al normal desarrollo de la sociedad y a los códigos éticos y morales por los que ésta se regía.
Pensaban además que esas brujas se reunían alrededor de ritos blasfemos y obscenos en tumultuosas concentraciones donde el mismo demonio se transfiguraba en real, adoptando diversas formas y manteniendo relaciones sexuales con sus invocadoras.

Por todos esos motivos, desde los años 1450 a 1750, aproximadamente, miles de personas, mujeres en su mayor parte, fueron detenidas, juzgadas, condenadas y ejecutadas por practicar actos considerados de brujería.
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A todos ellos, brujos y brujas, se les dio el tratamiento no solo de delincuentes, sino de algo que se consideraba aún peor: herejes y apóstatas. Miles de personas fueron conducidas a la hoguera acusadas de usar las artes mágicas y haber decidido estar unidos en un pacto eterno con el demonio.
Durante la «caza de brujas«, el método utilizado se basaba en descubrir qué personas podían ejercer la brujería. Había «cazadores profesionales» que entregaban a los supuestos brujos a las autoridades judiciales en función de denuncias, acusaciones o simples rumores.
2. Persecución y existencia ancestral
Para encontrar los primeros vestigios, debemos viajar a Babilonia. Dieciocho siglos antes de Jesucristo, el rey Hammurabi ya prohibió la práctica de la brujería en su famoso código de leyes, el primero conocido de la historia.
3. Las cifras de la caza de brujas
En los tiempos modernos, calcular el número de muertes es una tarea imposible por la desaparición de actas. Los cálculos más serios sitúan la cifra en unos cien mil procedimientos abiertos y unas sesenta mil personas ejecutadas en Europa en un periodo de trescientos años.

En lugares como Alemania, la intensidad fue extrema: en una sola localidad se ejecutó a 133 personas en un único día en 1589. Durante los siglos XVI y XVII, las «cazas de brujas» extendieron el pánico por Alemania, Suecia, España, Francia, Inglaterra y Polonia.

La caza funcionaba en cadena: las detenidas eran forzadas bajo tortura a delatar a otras. En el procedimiento de Tréveris, de 306 denuncias iniciales se pasó a la detención de 1.500 supuestos cómplices.
4. Causas del miedo a las brujas
Las brujas fueron el chivo expiatorio de los males sociales. Se las culpaba de la pérdida de cosechas, plagas, tormentas o de que los rayos cayeran sobre los campanarios. Personajes respetados como Lutero o Calvino apoyaron estas ideas sin base lógica ni científica.
Es curioso que se persiguiera el maleficium (magia y encantamiento), pero raramente se perseguía a los clientes que demandaban los servicios de estos supuestos brujos.

5. Las Brujas de Salem
En Nueva Inglaterra se procesó a 234 personas. En Salem, Massachusetts, en 1692, se dio muerte a veinte supuestas brujas. Esta persecución se debió más a valores puritanos y sociales que a pruebas reales. Las víctimas principales fueron aquellas que no reconocieron la autoridad del Tribunal.
6. El diablo como objeto de culto
El concepto del diablo ha evolucionado. En la Antigua Grecia, muchos consideraban la brujería una creencia vulgar. En el Antiguo Testamento, la presencia del demonio es esporádica; los judíos creían que si Yavé encarnaba el bien, también podía encarnar el mal.
Sin embargo, una frase del Éxodo (22, 18): «No permitirás la vida de los hechiceros», se utilizó siglos después para justificar la matanza masiva.
7. El diablo en el Nuevo Testamento
Aquí la presencia del diablo es constante. La Iglesia asimiló la imagen de dioses paganos (como Pan o Cernuno) para representar al demonio: barba de chivo, pezuñas y desnudez.
El fin de estas matanzas llegó gracias a juristas y magistrados que, mediante leyes y decretos, lograron detener la barbarie frente a las presiones de teólogos y filósofos.
Bibliografía:
• «La Caza de Brujas en la Edad Moderna», Brian P. Levack
• «Las Brujas y su Mundo», Julio Caro Baroja.
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