Muertes ridículas de la Historia - Actually Notes Magazine

Muertes ridículas de la Historia

La Historia está  repleta de anécdotas de todo tipo y algunas de las más curiosas están vinculadas a los últimos momentos de diversos personajes célebres  que, por una razón u otra, encontraron un final algo más indigno o extraño de lo que esperaban.

¿Quieres conocer algunos de los finales más extraños o directamente ridículos que tuvieron varios personajes célebres de la Historia del Mundo? Sigue con nosotros.  Sin duda, muchos de ellos no dejarán de sorprenderte.

Dracón

(siglo VII a. C.): Este famoso legislador griego, del cual procede el famoso adjetivo “draconiano”, está considerado como uno de los padres del derecho moderno y una de las figuras más importantes en el desarrollo del sistema democrático ateniense.

Dracón llevó a cabo la primera codificación de leyes, que anteriormente se transmitían por vía oral, que todos debían acatar y que pretendía acabar con las arbitrariedades y las venganzas de sangre que se producían con asiduidad.



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Este código era enormemente estricto y causó diversos enfrentamientos en un momento de grave inestabilidad política, pero no obstante, fue un primer paso hacia otro tipo de sistema gubernativo  que alcanzaría su culmen siglos después.

Pero este importantísimo legislador nunca pudo imaginar la muerte que, según la leyenda, le aguardaba. Se dice que Dracón que, pese a todos los problemas, era muy admirado por la población, acudió al teatro para recibir el homenaje de la población. Cuando se realizaban esta clase de homenajes, era costumbre lanzar regalos, capas y otras piezas de ropa al homenajeado para mostrar su aprecio.

Pues bien, cuando Dracón entró en la arena del teatro, fue tal la cantidad de capas y regalos que cayeron sobre él que acabó muriendo asfixiado antes de poder ser rescatado.


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Los asistentes al homenaje no se dieron cuenta de lo que estaba pasando hasta que fue demasiado tarde y se decretó que fuera enterrado en el mismo teatro donde la admiración de sus compatriotas le había arrebatado la vida de una forma realmente sorprendente.


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Esquilo

Uno de los más grandes exponentes del teatro trágico griego, Esquilo es uno de esos personajes que apenas necesitan presentación. Sin embargo, aunque su obra como dramaturgo es bien conocida, la mayoría de la gente no conoce las inusuales circunstancias de su fallecimiento.

El Oráculo le había vaticinado que moriría aplastado por una casa por lo que, intentando evitar ese destino, decidió pasar la mayor parte de su tiempo fuera de cualquier edificio y alejado de la ciudad. Sin embargo, el  gran sabio no tuvo en cuenta que los quebrantahuesos,  que entonces eran una visión habitual en la zona de Sicilia donde se encontraba, adoraban las tortugas.

Sin embargo, era problemático para ellos conseguir traspasar la barrera que suponía su caparazón a la hora de devorar las deliciosas  tortugas de la zona.

Así pues, para conseguirlo, los quebrantahuesos cogían las tortugas entre sus garras, volaban hasta alcanzar una altura considerable y las dejaban caer entre las rocas para  que se partieran a causa del impacto.

Un día, Esquilo se encontraba en la playa cuando, de repente, un quebrantahuesos dejó caer una tortuga directamente sobre su cabeza, quizá confundiéndola con una roca.

El impacto de un cascarón de tortuga lanzado desde una gran altura mató al dramaturgo al instante. Así se cumplió la profecía del oráculo: murió al caerle una casa en la cabeza, pero no una construcción humana, sino el hogar natural de una tortuga.

Hans Steininger

Hans Steininger fue el burgomaestre de la ciudad Braunau, actualmente en Austria, durante la segunda mitad del siglo XVI.  Se sabe poco de su actividad pública, pero la razón por la que ha pasado a la historia es por tener una barba muy larga. Realmente larga.

Se dice que dicha barba llegó a medir hasta 1,4 metros y el burgomaestre habitualmente la llevaba enrollada con la ayuda de un producto de cuero y parecía ser una fuente de orgullo para él.

Hans Steininger

Pero el problema llegó cuando, un día, se produjo un incendio  en su ciudad, lo que hizo que Hans Steininger tuviera que salir corriendo de su casa…con su larga barba sin preparar.

Tan mala fue su suerte que se tropezó con su propia barba y se acabó rompiendo el cuello en la caída, muriendo al instante, aunque otras fuentes indican que, incapacitado por el accidente, fue finalmente el fuego  el que acabó con su vida. En cualquier caso, una forma de fallecer que el orgulloso barbudo nunca pudo siquiera imaginar.

Sir Thomas Urquhart

Sir Thomas Urquhart fue un famoso aristócrata escocés que vivió en el siglo XVII y que se hizo famoso por su vinculación a las artes escritas, dado que se convirtió en un interesantísimo escritor y pasó a la historia por sus traducciones de la obra de Rabelais.

Pero, además, también tuvo una activa participación política, militando en el bando monárquico, llegando a ser considerado como traidor por el Parlamento y llegó a ser hecho prisionero después de luchar junto a Carlos II en la batalla Worcester, donde las tropas monárquicas fueron derrotadas.

En su vida repleta de aventuras, llegó a estar preso en la famosa Torre de  Londres y en el castillo de Windsor, continuando con sus escritos durante sus prisiones, viajes y exilios.

No se sabe mucho de los últimos años de su vida, pero se cuenta que Urquhart murió de repente en el año 1660 a causa de un ataque de risa que le provocó la noticia de que Carlos II, el rey por el que había luchado en el pasado, había sido restituido en el trono.

Dada  su fama  de excéntrico, bromista y de prácticamente de loco tocado por la varita del genio de las palabras, muchos de sus contemporáneos consideraron esta anécdota como algo totalmente creíble y un adecuado final para el excéntrico escritor escocés.

Otras muertes curiosas

Existen otros muchos ejemplos de muertes de personajes célebres que se pueden considerar cuanto menos curiosas, como el rey Adolfo Federico de Suecia, del que cuentan que “comió hasta morir” después de un banquete gigantesco  en el que no dejó de comer hasta su final ignorando las señales que su cuerpo le enviaba de que no podía más; la bailarina Isadora Duncan, que murió cuando su bufanda se enganchó en la rueda de un coche que viajaba a toda velocidad o el dramaturgo Tenesse Williams, que murió cuando intentaba abrir con la boca un bote de pastillas con tan mala suerte de que este salió volando y se atascó en su garganta, asfixiándolo. ¡Existen historias de todo tipo! ¡Descúbrelas!

Rocio Martinez

Madrid, 1988. Licenciada por la Universidad Complutense de Madrid y graduada en el máster de estudios avanzandos de Historia Moderna "Monarquia de España Siglos XVI-XVIII, de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha trabajado como asesora de cine y autora de diversos estudios sobre la historia de los siglos XVI y XVII.

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