Pancartas, dinero público y postureo

postureo de los politicos

He trabajado, durante muchos años, con ‘políticos’ que ni siquiera habían aprobado el COU, manejando presupuestos millonarios, dinero público aportado por todos los ciudadanos, recaudados en impuestos: impuestos a los vehículos, a las sociedades mercantiles, al consumo, a la energía del sol, a todo lo que sea posible… el año pasado, en España, la bonita cifra redonda de 199.000 millones de euros

Y ahí están, esos políticos, colocados por el aparato oligárquico del partido de turno. Que sí, que tú los votas democráticamente, pero son elegidos -y cualquiera que haya habitado como afiliado los recovecos, que son muchos, de un partido político, lo sabe- por circunstancias, en la mayor parte de las ocasiones, sobre todo a nivel municipal, que nada tienen que ver con la capacidad y el mérito, más allá de que el mérito sea el peloteo, ser un miembro de ‘la familia’… circunstancias, como digo, que no suelen tener en cuenta ni la experiencia, ni el conocimiento que en cualquier puesto de la empresa privada se requieren para ocupar responsabilidades análogas, al menos en el manejo de cantidades económicas. Desde luego, a ningún alcalde o concejal se le exige tener ni experiencia ni conocimientos para manejar el dinero que tanto nos cuesta ganar. Lo cual, me parece anacrónico, esperpéntico, ilógico… y añadan todos los icos que, de seguro, se les pueden ocurrir.

Muchos de esos políticos, viven, o intentan sobrevivir en sus mandatos, a golpe de imagen: postureo. Postureo para quedar bien, para agradecer el voto a los fieles, captar nuevas ‘bolsas de votantes’, como si estuviéramos en un mercadeo indecente.

Más allá de que la gestión sea noble en algunos sentidos, un porcentaje muy elevado de sus acciones solo se fijan en ‘quedar bien’. Y, así las cosas, hay acciones que no se pueden dejar escapar con ciertos colectivos a los que reivindicar. Y no digo que no haya que hacerlo, pero no con el postureo de las pancartas de turno que descuelgan de los balcones, uniéndose a causas justas, casi siempre las mismas, pero olvidando otras que también merecerían la atención de aquellos que manejan el dinero de todos. A modo de ejemplo: la situación de los trabajadores autónomos, sin paro ni coberturas decentes ante imprevistos como enfermedades; incentivar medidas fiscales para que tener hijos no sea un castigo económico, como lo es ahora; que okupen tu casa no te convierta en preso del okupante y la justicia. Cito estas porque las creo fundamentales, pero hay más: ¿a que sí?

Sin embargo, siempre vemos colgar esas pancartas reiterativas en favor de colectivos como los/las LGTB cuando ya tenemos ministros, empresarios, investigadores, presentadores de televisión, cineastas… que creo que han contribuido a normalizar, a nivel social, eso: la normalidad en la convivencia de la sociedad.

Aún así, a mi, se me llamará homófobo por pensar y expresarme así.

pancarta lgtb

Colguemos la pancarta, ya tenemos foto para el instagram

Pues miren, y resumiendo, que sé que tienen muchas cosas que hacer: yo no quiero pancartas pagadas con dinero público: yo quiero educación en el respeto, en todos los ámbitos, y en el público, desde la escuela, los institutos, hasta la televisión que todos pagamos. Pero no quiero pancartas para que el alcade de turno haga guiños, quiero que trabaje más allá del encargo de un diseño bonito y efectista, del tríptico o el tweet.

Al comienzo de este artículo entrecomillaba el término ‘políticos’; lo hacía adrede porque para mi, esos cargos públicos puestos por el partido, no son políticos, en el sentido que desde antigüo conformaron lo que somos como democracia, algo de lo que apenas queda si acaso el nombre.

Sobre José Carlos Bermejo 295 Artículos
José Carlos Bermejo, Madrid noviembre 1971. Escritor. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha colaborado en diferentes medios de comunicación, tradicionales y digitales. Es autor de la novela WILDE ENCADENADO y del libro de relatos RETAZOS DE UN MUNDO IMPERFECTO. + info: josecarlosbermejo.com

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