Historia de la Violencia de Genero
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A la hora de abordar cualquier tipo de estudio o reflexión que se desee plantear sobre el fenómeno que se viene denominando Violecia de Género quizá debamos partir de una base: preguntarnos el por qué precisamente de la existencia de este fenómeno como un problema específico, y el por qué de los esfuerzos que entendemos deben hacerse por eliminar tal tipo concreto de violencia.

El Significado del concepto Violencia de Género

Nosotros vamos, precisamente, y tratando de responder a estas cuestiones que hemos entendido debemos formularnos, a sostener que la existencia de una forma de violencia espec√≠fica y particular contra la mujer, por el hecho de serlo, por su propia condici√≥n de mujer, distinta a otros tipos de violencia que puedan plantearse en nuestras sociedades o que hayan sido objeto de otro tipo de atenci√≥n, tiene su origen mismo en el propio papel -claramente secundario, subordinado– que se le ha asignado hist√≥ricamente, y que en buena medida a√ļn se le asigna, a la mujer. Efectivamente, y por m√°s que pueda parecer una obviedad, debemos constatar la existencia clara, desde el inicio casi de las civilizaciones, de una discriminaci√≥n a la mujer.

Discriminaci√≥n que ha tenido vigencia en todos los campos sociales imaginables: en el trabajo, en el hogar, en la vida p√ļblica y pol√≠tica…

Y esta realidad social ha tenido, desde siempre, su apoyo, justificación y plasmación solemne en la posición que a la mujer se le ha reservado en el Derecho, en las instituciones jurídicas, en la regulación de las relaciones y conflictos y su solución que constituye la misión de los ordenamientos jurídicos que, en mayor o menor grado de desarrollo, tienen y han tenido cada sociedad organizada.


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Si en la actualidad, y al menos en las sociedades avanzadas, adoptamos como principio esencial el de igualdad entre hombre y mujer, objetivo, y realidad, que debe constituir un pilar fundamental de nuestra forma de entender la convivencia y la vida social, l√≥gicamente hemos de prestar atenci√≥n a la eliminaci√≥n, pragm√°tica y no s√≥lo dogm√°tica, de cualquier forma de discriminaci√≥n, y como consecuencia de ello la supresi√≥n de la forma de discriminaci√≥n m√°s agresiva, irracional e injusta: el ejercicio de violencia contra la mujer, en definitiva, la existencia ‚Äďhoy incuestionable- de la Violencia de G√©nero.

Posición Inferior de la Mujer

Como hemos explicitado, es lugar com√ļn la tradicional postergaci√≥n de la mujer en el disfrute de derechos y libertades en la misma medida que estos han correspondido al hombre.

Su posici√≥n ha sido, casi de forma un√°nime, de inferioridad con respecto al hombre, y ni siquiera la conquista y el reconocimiento de derechos individuales pol√≠ticos y sociales al g√©nero masculino ha ido acompa√Īado de la inclusi√≥n en esa conquista o avance del g√©nero femenino, reserv√°ndose a este siempre otro tipo de roles o posiciones, circunscritos generalmente al √°mbito del hogar y dependientes de la condici√≥n masculina.

Por tanto, esa auténtica discriminación ha calado en absolutamente todos los ámbitos, y, por supuesto, insistimos, ha venido bendecida por el Derecho.

Olimpe de Gouges
Olimpe de Gouges

La Evolución de la Violencia de Género

Pero este plano de marginación institucionalizada va a empezar a ir cambiando, muy lentamente, en las sociedades occidentales, a partir de mediados del siglo XIX, y a iniciativa de las propias mujeres, que van a tomar conciencia de su discriminación y van a empezar a luchar contra el status quo imperante.

Como suele pasar, en gran medida enfrentándose a muchas mujeres también que han entendido los movimientos reivindicativos femeninos como inadecuados a la moral y buenas costumbres, o simplemente histriónicos y banales.

Ni siquiera, como apuntábamos, las rupturas traumáticas con lo establecido a nivel político, como la que originó la Revolución Francesa y los posteriores movimientos revolucionarios burgueses que finiquitaron el Antiguo Régimen, supusieron un reconocimiento de los derechos de las mujeres en pie de igualdad con los hombres, es decir, no se les consideró como nuevas ciudadanas de pleno derecho.

Revolución Francesa

No obstante, algunas mujeres fueron protagonistas de la propia Revoluci√≥n Francesa de 1789, e hicieron o√≠r su voz, por m√°s que no se les escuch√≥, dejando testimonios de ello. As√≠ Olimpe de Gouges redact√≥ en 1791 una “Declaraci√≥n de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”.

Siglo XIX

A partir del siglo XIX, como decimos, comienza tímidamente a surgir el movimiento feminista, con la pretensión fundamental de conseguir el sufragio para las mujeres.

De este modo, en 1848 se celebr√≥ en Nueva York la primera Convenci√≥n sobre los derechos de la mujer, donde se redact√≥ la hist√≥rica “Declaraci√≥n de S√©neca Falls“, texto b√°sico del sufragismo y de la ideolog√≠a feminista norteamericana. Y en 1851 se convoc√≥ la Asamblea de Sheffield, en Inglaterra.

Siglo XX

Ya entrado el Siglo XX, los tr√°gicos acontecimientos del 8 de Marzo de 1908, en el que murieron quemadas m√°s de cien mujeres trabajadoras de una f√°brica textil en Nueva York declaradas en huelga, determin√≥ la celebraci√≥n del propio 8 de Marzo de cada a√Īo como el D√≠a Internacional de la Mujer trabajadora.

La Revolución Rusa de 1917 originó el pleno reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres en el plano teórico institucionalizado.

Y por fin fueron existiendo pa√≠ses occidentales en los que se reconoce el sufragio femenino, aut√©ntico v√©rtice de las luchas feministas en esos tiempos; por ejemplo se establece en Nueva Zelanda en 1893, en Australia en 1901, en Noruega en 1913, en Inglaterra en 1918, al igual que en Alemania, en Suecia en 1919, en Estados Unidos hay que esperar hasta 1920 y en Francia e Italia hasta 1945…

Concepcion Arenal
Concepcion Arenal

Violencia de G√©nero, el Caso Espa√Īol

Por lo que respecta a Espa√Īa, la moral cat√≥lica y el tradicionalismo tan presente entre nosotros a trav√©s de los siglos impidi√≥ la aparici√≥n con tanta fuerza como en otros pa√≠ses de Europa de un aut√©ntico movimiento feminista o sufragista, aunque no faltaron notabil√≠simas individualidades, aut√©nticas hero√≠nas por el medio tan hostil en que debieron moverse.

Deben recordarse figuras, en el Siglo XIX, como las de Mariana Pineda, ejecutada por sus ideales liberales, o Concepción Arenal, que en 1841 debió vestirse de hombre para ingresar en la Universidad.

Con posterioridad, puede destacarse la labor de Teresa Claramunt, que en 1891 promovió la asociación de mujeres trabajadoras, o Emilia Pardo Bazán, por su altura intelectual y su defensa de los derechos de la mujer. (En 1916 se convertirá en la primera mujer Catedrática Universitaria)

La violencia machista en la Actualidad

Y también en nuestro país comienzan a cambiar las cosas, muy despacio, con el transito al siglo XX. Aportemos algunos datos: En 1910 por primera vez se autoriza el acceso de la mujer a la Universidad. En 1913 Virginia González es la primera mujer en integrarse en la dirección de un partido político (el PSOE).

En 1918 se permite el acceso de la mujer a la funci√≥n p√ļblica. En 1923 las mujeres ocupan por vez primera esca√Īos parlamentarios (aunque en el r√©gimen de Primo de Rivera).

Aunque sin duda la fecha clave es 1931. La proclamaci√≥n de la Segunda Rep√ļblica hace reconocer a la mujer el derecho al voto, estableci√©ndose legalmente el sufragio universal, y un inicio de equiparaci√≥n jur√≠dica entre el hombre y la mujer. Pero, como es sabido, el fin de la Guerra Civil supone una vuelta a las situaciones anteriores, y s√≥lo en los √ļltimos a√Īos del franquismo se inicia, t√≠midamente, un cierto avance. Como muestra, en 1966 cesa la prohibici√≥n del acceso de las mujeres a la judicatura, pero no es hasta 1971 que toma posesi√≥n la primera Juez en Espa√Īa.

Eso sí, en un Tribunal Tutelar de Menores, vinculándose la condición femenina a la labor tuitiva y protectora de este tipo de tribunales.

Y no es hasta el a√Īo 2002 en que es nombrada una mujer como Magistrada del Tribunal Supremo. El advenimiento de la Democracia y la Constituci√≥n de 1978 hacen girar radicalmente el panorama, estableci√©ndose el principio de igualdad en el Art√≠culo 14 de la propia Constituci√≥n, e inici√°ndose un avance muy significativo y progresivo para la consecuci√≥n de la plena equiparaci√≥n social y jur√≠dica de la mujer en todos los √°mbitos de la sociedad y en todos los campos del Derecho.

Las reformas de 1975 y 1981 del C√≥digo Civil, el Estatuto de los Trabajadores de 1980 y la despenalizaci√≥n en el C√≥digo Penal de delitos como el adulterio y el amancebamiento, entre otras much√≠simas novedades y reformas legislativas que se inician y a√ļn hoy en d√≠a siguen dict√°ndose suponen un cambio de panorama radical, y el reconocimiento, insistimos de la plena igualdad.

Hoy, la realidad, que puede ser afrontada desde diversas perspectivas, y l√≥gicamente con criterios y an√°lisis dispares, creemos que, cuanto menos, dibuja un panorama en el que la mujer ha conseguido en gran medida la igualdad jur√≠dica en el plano formal, y va avanzando en la consecuci√≥n de la igualdad real y en el reparto igualitario de papeles entre los sexos. Pero este √ļltimo, evidentemente, no es un objetivo ya alcanzado.

Baste para ello echar un vistazo a las publicaciones del Instituto de la Mujer en las que se constatan evidentes discriminaciones, como en las tasas de desempleo -muy superiores a las de los hombres-, la atención a las tareas del hogar -monopolio casi exclusivo de la mujer en muchas ocasiones y con cifras globales de dedicación mucho mayores que las de los hombres- participación en la vida política

A fin de cuentas, ya Karl Marx indic√≥ que “el progreso social se mide por la posici√≥n que ocupa la mujer en una determinada sociedad”.

Vinculada a esta permanencia de algunas formas de discriminaci√≥n a√ļn no superadas, se puede explicar la presencia en nuestra sociedad espa√Īola de principios de milenio de un fen√≥meno inexplicable desde otro punto de vista, cual es la intolerable existencia de la Violencia de G√©nero ejercida contra la mujer, y que aun considerando que no proviene del Estado ni quiz√° pueda considerarse que se tolera o permite por el propio Estado o la Sociedad, y por lo tanto no estando institucionalizada, se ejerce contra las propias mujeres en el √°mbito familiar o del circulo de convivencia.

Pablo Cuéllar


Lili Alvarez
Lili Alvarez

Un ejemplo para la Historia

REDACCI√ďN: Elia Mar√≠a Gonz√°lez-√Ālvarez y L√≥pez-Chicheri, m√°s conocida como Lily √Ālvarez, espa√Īola de familia pudiente y “respetable” practic√≥ desde muy ni√Īa deportes de minor√≠as como el patinaje, el automovilismo, el esqu√≠, la equitaci√≥n o el snooker.

Quiz√° representa la excepci√≥n que confirma la regla, pues en los a√Īos veinte del pasado siglo, no era normal que una mujer espa√Īola pisara la hierba de Wimblendon o la arena de Roland Garros. Tres veces finalista del primero y otras tantas como semifinalista en el segundo. Lily √Ālvarez no representa el papel que jugaba la mujer en su tiempo, si bien fue precursora abriendo el camino a otras.

Tras dejar el mundo del tenis, colabor√≥ en publicaciones como el ‘Daily Mail’ y public√≥ las obras “En tierra extra√Īa”, de 1956 y “Feminismo y espiritualidad”, en los a√Īos sesenta.


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Pablo Cuéllar

Licenciado en Derecho por la Universidad de Alicante. Experto en Violencia de Género

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