Wolf Hall, de regreso al reinado de Enrique VIII

La época de los Tudor y, especialmente, el reinado de Enrique VIII, siempre ha despertado mucho la atención del ámbito cinematográfico y televisivo. El reciente éxito de la serie “Los Tudor” así lo acredita.

Cinco años después del final de esta famosa serie, Enrique VIII volvió a nuestras pantallas para renovar su éxito frente al público, pero las similitudes entre la exitosa producción de Showtime y “Wolf Hall” no van más allá de contar con los mismos personajes.

Tan diametralmente opuesta es su forma de concebir a los personajes y la historia que cuentan que, si no fuera porque sabemos que se basan en los mismos hechos históricos, nunca pondríamos a “Los Tudor” y a “Wolf Hall” en la misma categoría.

La calidad de esta miniserie de la BBC compuesta por seis capítulos quedó reconocida en la última gala de los Globos de Oro, cuando se llevó el premio a la Mejor Miniserie o Película para Televisión por delante de la favorita, “Fargo” y de “American Horror Story: Hotel”.

Ciertamente, la enorme calidad de esta producción bien se merece este reconocimiento de la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, aunque ha constituido una auténtica sorpresa para la gente menos familiarizada con esta producción.

Wolf Hall” está basada en dos novelas históricas de la autora Hilary Mantel, “Wolf Hall” y “Bring Up the Bodies”, que llegaron a convertirse en auténticos bestsellers en Reino Unido y Estados Unidos.

Estas novelas se ambientan en el reinado de Enrique VIII, pero no tienen al polifacético monarca como protagonista.

En su lugar, tanto estos libros como la miniserie se centran en el complejo personaje de Thomas Cromwell (magistralmente interpretado por el nominado al Oscar Mark Rylance) y relatan su ascenso al poder durante la polémica separación de Enrique VIII de Catalina de Aragón, su relación con la ambiciosa e inteligente Ana Bolena y cómo consiguió finalmente liberar al monarca de su matrimonio con esta última después de que su turbulenta pasión se convirtiera en aborrecimiento y desconfianza.

Wolf Hall cartel

Cromwell y Ana Bolena se presentan en esta serie como los personajes principales, mientras que Enrique VIII aparece muchas veces oculto entre las sombras.

Con menos apariciones que estos dos personajes, el espectador es siempre consciente de su presencia, como una suerte de “Drácula” que nunca tiene voz propia en la magistral novela de Bram Stoker, pero de cuya existencia el lector es siempre consciente.

Así, esta magnífica miniserie nos presenta un juego de ambiciones políticas, conspiraciones y lealtades intercambiables donde el poder personal acaba siendo, al final del día, lo más importante de todo.

Esta serie hará las delicias de cualquier espectador al que le gusten las ficciones históricas bien hechas.

Aunque los historiadores han expresado su desacuerdo con algunos aspectos que se reflejan en esta miniserie, como la relación entre Cromwell y Tomás Moro o las cuestiones vinculadas a la ruptura con la iglesia de Roma, entre otras, la calidad de esta miniserie es muy superior en todos los sentidos a las de otras producciones que han visto la luz en los últimos años.

Después de algunas temporadas donde han proliferado series “de época” donde cualquier parecido con la realidad histórica era pura coincidencia, como “Reign” o, en España, “Águila Roja”, parece que, con series como “Wolf Hall”, se ha vuelto a demostrar que una representación más certera de la Historia da muchos más réditos en términos de crítica, premios y espectadores de las que otras producciones de menor calidad podrían nunca llegar a alcanzar.

Los puntos fuertes de Wolf Hall

Esta miniserie tiene muchos puntos fuertes, pero nos vamos a centrar particularmente en tres.

El gran guión de Wolf Hall

En primer lugar, su fantástico guión, que nos presenta a personajes moralmente muy complejos que tratan de conseguir sus objetivos personales en un mundo continuamente cambiante, donde reina la ambición y en el que no se puede confiar absolutamente en nadie.

Los personajes blancos o negros no tienen cabida en esta corte donde las conspiraciones políticas, los juegos de influencias y las traiciones están a la orden del día.

Incluso al personaje de Cronwell, el protagonista, que se nos presenta desde una perspectiva muy favorable, no le tiembla la mano a la hora de traicionar o de ir por la espalda de la gente que tiene a su alrededor si considera que así consigue sus objetivos políticos.

La complejidad de los personajes está presente en cada diálogo y cada escena, donde nada es gratuito y todo está sujeto a un profundo análisis.

Con cada palabra profundamente medida y calculada, “Wolf Hall” presenta un guión superlativo que nadie puede dejar de admirar.

Los actores de Wolf Hall

En segundo lugar, otro de sus puntos fuertes son, sin duda, los actores. Todos están a la altura de las circunstancias, especialmente los protagonistas.

Mark Rylance hace un estupendo papel al meterse en la piel del atormentado pero determinado Cromwell, pero son Claire Foy y Damian Lewis los que se llevan los grandes aplausos de la audiencia, pese a que la crítica se haya centrado más en Rylance.

Claire Foy interpreta a una Ana Bolena a la que da gusto odiar. Es prácticamente imposible no sentir aversión por este personaje ambicioso, malhumorado y de fortísimo carácter, que maltrata a aliados y enemigos por igual y que pasaría por encima del mismísimo diablo con tal conseguir sus objetivos.

Pero también demuestra una aguda inteligencia, una fuerte personalidad y una arrojada valentía hasta el último momento que no pueden dejar de ser dignas de cierto grado de admiración, pese a lo irritante que puede llegar a resultar en muchas ocasiones.

Su compleja representación de la segunda esposa de Enrique VIII presenta a un personaje que va mucho más allá de la idea de una ambiciosa seductora que cayó tan pronto como se apagó el fuego del rey, poniendo ante nuestros ojos la imagen de una mujer cuya calculada ambición y gran inteligencia la llevaron al trono de Inglaterra, pero que no pudo navegar con éxito entre las turbulentas aguas de la difícil corte inglesa, lo que, al final, le costó más que su recién adquirida corona.

Claire Foy se aleja de la alargada sombra de Natalie Dormer para presentar un personaje que supera al de esta última en prácticamente todo y que pocas personas que se acerquen a esta serie podrán olvidar en mucho tiempo.

Junto con un Damien Lewis magnético, que presenta un rey que inspira terror al mismo tiempo que devoción y que parece más grande que la vida, el trío de personajes principales es más que digno de recuerdo.

Wolf Hall, una impresionante ambientación

Por último, nos encontramos ante una ambientación sobresaliente. Desde los trajes hasta los escenarios reales de la época, la BBC deja clara una vez más su preocupación por la calidad prestando atención hasta al último detalle.

Una de las cosas que más llamará la atención de los espectadores que decidan acercarse a esta serie es el enorme contraste entre luz y oscuridad.

Frente a otras producciones, donde las escenas que tenían lugar por la noche estaban tan bien iluminadas como las que se producían de día, “Wolf Hall” refleja fielmente una época donde la noche se iluminaba solo con la luz de una vela, la gente se podía esconder entre las sombras y las sorpresas se esconden en cada rincón.

La soberbia ambientación de la serie hace mucho para sumergirnos completamente en la época en la que tienen lugar los hechos de una forma magistral.

En conclusión, “Wolf Hall” es una estupenda miniserie que encantará a todos aquellos que disfruten de las series complejas, magistralmente hechas y con actuaciones soberbias. Si buscas una serie tan solo para entretenerte, tienes otras opciones.

Sin embargo, si realmente quieres ver una buena miniserie con una historia que nos sigue fascinando aunque sepamos ya su final, “Wolf Hall” es una magnífica opción.

No te la pierdas.

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Rocio Martinez

Madrid, 1988. Licenciada por la Universidad Complutense de Madrid y graduada en el máster de estudios avanzandos de Historia Moderna "Monarquia de España Siglos XVI-XVIII, de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha trabajado como asesora de cine y autora de diversos estudios sobre la historia de los siglos XVI y XVII.

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