Violencia consentida contra la Mujer: The ‘Rule of Thumb’, La ‘regla del pulgar’

Caricatura de James Gillray satirizando a Sir Francis Buller, 1782: "Judge Thumb; o, la patente de pegar a la mujer para la corrección familiar: garantizada legalmente".
Caricatura de James Gillray satirizando a Sir Francis Buller, 1782: "Judge Thumb; o, la patente de pegar a la mujer para la corrección familiar: garantizada legalmente".

En la historia de la violencia contra la Mujer hay un hecho que a día de hoy nos sorprenderá conocer (o no). Se trata de la llamada ‘Rule of Thumb’, La ‘regla del pulgar’, un procedimiento que se remonta al siglo XVII y que permitía al marido golpear a la esposa bajo la ley inglesa.

Este hecho parte de una declaración del juez Sir Francis Buller quien en el siglo XVIII manifestaba que “un hombre puede golpear a su esposa con una vara no más ancha que su pulgar”. Ahora veremos el porqué…

Sin embargo, no hay registro de que hubiera hecho tal declaración y todo se resume en suposiciones. Eso sí, apoyadas por algunos testimonios que se pueden tomar como fidedignos y, en cualquier caso, en la tradición consuetudinaria que el reflejo del paso de tiempo ha dado como válida y plausible.

William Blackstone y las “palizas moderadas”

El jurista inglés William Blackstone (1723 – 1780) escribió en sus Comentarios sobre las leyes de Inglaterra a propósito de una “vieja ley” que permitía palizas “moderadas” por parte de los maridos a sus mujeres, pero no mencionaba los pulgares ni ningún momento.

Mientras que, en aquél tiempo, la paliza de la esposa había quedado prohibida oficialmente durante siglos; en Inglaterra y en los Estados Unidos, continuó en la práctica; varias sentencias de tribunales estadounidenses del siglo XIX se referían a una “antigua doctrina” que los jueces creían que les había permitido a los maridos castigar físicamente a sus esposas usando instrumentos no más gruesos que sus pulgares. Se trataba de un castigo doméstico justificado contra la mujer, con la misma ‘moderación’ que un hombre puede corregir… a sus hijos. Esto es, que los hombres tenían el poder de impartir su ‘justicia’ tanto a su cónyuge como a su prole, si acaso su ‘comportamiento’ así lo justificaba.

“un hombre puede golpear a su esposa con una vara no más ancha que su pulgar”

La regla de la frase exacta se asoció primero con el abuso doméstico en la década de 1970, después de lo cual la falsa definición legal fue citada como objetiva en una serie de revistas jurídicas, y la Comisión de Derechos Civiles de los EE. UU. Publicó un informe sobre abuso doméstico titulado “Bajo la Regla de oro”, en 1982.

Caricatura de James Gillray satirizando a Sir Francis Buller, 1782: "Judge Thumb; o, la patente de pegar a la mujer para la corrección familiar: garantizada legalmente".
Caricatura de James Gillray satirizando a Sir Francis Buller, 1782: “Judge Thumb; o, la patente de pegar a la mujer para la corrección familiar: garantizada legalmente”.

En el siglo XIX, las personas fueron influenciadas por una especie de mitología popular a propósito de estas ideas. Las caricaturas que representaban a un juez que supuestamente había declarado que era legal que un marido golpeara a su esposa, siempre que el palo no fuera más grueso que el pulgar, aparecieron en la prensa en 1782, como podemos ver en la imagen superior.

Aunque en realidad no hubo una validación legal para esta cuestión, hubo una creencia ampliamente difundida de que había un significado legal vinculado a la regla de oro, que algunos han afirmado que tal vez era un eufemismo de ninguna regla en absoluto.

El salvajismo de la clase trabajadora

Las clases altas no toleraron la violencia y consideraron las peleas entre esposos y esposas de la clase trabajadora, que se extenderían a las atestadas calles de Londres, como parte de un “salvajismo” generalizado de las masas incivilizadas. La clase media consideraba que los varones de la clase trabajadora eran fundamentalmente primitivos, en áreas como Liverpool o Lancashire, zonas mineras apenas “civilizadas” y cuya naturaleza masculina aún no había sido disciplinada adecuadamente.

Un curioso caso del mal aprovechamiento de la regla del pulgar

En el año 1816, el periódico The Morning Post publicó una noticia sobre un ‘Robo audaz’ que describía cómo dos ladrones robaron en la tienda de Moses Levy, un tendero a quien golpearon y amenazaron con asesinar, junto con su esposa. Durante el robo, un cómplice que esperaba en la puerta de la tienda decía a los transeúntes, quienes escuchaban el ruido que provenía de la tienda de Levy, que este estaba golpeando a su esposa. Ni que decir tiene que ningún transeúnte hizo el mínimo caso y continuó con su camino como si tal cosa.

El patriarcado masculino: esencial para el normal funcionamiento de la sociedad

La ley en la Inglaterra victoriana sancionó cierto grado de fuerza física ya que el patriarcado masculino se consideraba esencial para el buen funcionamiento de la sociedad. Mientras que las mujeres acudían a los magistrados para acusar a sus maridos de agredirlas, los tribunales en este momento solían reservar el tratamiento judicial para casos extremos de violencia doméstica que implicaban la muerte o lesiones extraordinarias a principios del siglo XIX.

La violencia menor fue considerada vergonzosa por los tribunales pero no necesariamente tratada como criminal. También hubo una idea persistente de que las esposas eran tolerantes con respecto a un grado de “uso rudo” por parte de los maridos, por lo que los tribunales destacaron que la violencia no representaba para los pobres lo que sería para las clases más altas, y por lo tanto requería un trato menor.

Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX, la violencia doméstica como se conocía en la época victoriana, llegó a ser una seria preocupación social. Tanto en ámbitos seculares como religiosos de clase media se promovieron campañas evangélicas intentando inculcar ideas regeneradoras sobre educación y moralidad, y no violencia hacia ningún miembro de la sociedad.

Una sociedad acostumbrada a la violencia

La violencia cotidiana a la que los británicos estaban acostumbrados, como latigazos sancionados por el estado, ahorcamientos y deportes brutales como peleas de gallos, toros y perros, como el que tenía que ver la raza bulldog, poco a poco fueron reemplazados por instituciones penales, y la agresividad masculina considerada una parte integral de la masculinidad inglesa fue promovida para que fuera más respetuosa con la ley, con la idea de que los desaires fueron vengados con autocontrol.

Estos valores burgueses o de clase media comprometidos con un hogar y una vida familiar pacífica, llegaron a ser considerados la única manera normal de convivencia en la Inglaterra victoriana. Ahora más que nunca se suponía que los hombres necesitaban a sus mujeres para ‘elevarlos y salvar sus almas, como’ ángulos domésticos e íntimos’.

La propia Reina Victoria describió noblemente su estado dichoso, pero sumiso, como esposa y madre obediente, reforzando a la familia como defensora del orden social, contra cualquier interferencia considerada una amenaza para la estabilidad.

 

En 1857, la Ley de Divorcio y Cláusulas Matrimoniales se aprobó bajo una fuerte presión feminista y se incluyó la ‘crueldad’ como motivo de divorcio.

En los años siguientes, el umbral de “razonabilidad” para tal detención fue rebajado por una serie de fallos. Si bien en realidad el proceso judicial era costoso y solo posible para las mujeres de clase media, a quienes para conseguir el divorcio tenían que probar el adulterio, la ley en relación con el matrimonio ahora estaba asumiendo un papel de liderazgo en la represión de la violencia.

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