Pierre de Coubertin. Promotor de los Juegos Olímpicos

Quién fue el baron pierre de coubertin en las olimpiadas

Pierre de Fredi, o el barón de Coubertain, tanto da, demostró una incipiente vocación por los estudios de Filosofía, Ciencia Política y Pedagogía.

Siendo sus materias preferidas la educación física y la Historia de la Grecia Clásica, algo que explica con claridad hacia dónde se dirigían los primeros atisbos y sus obstinados empeños.

Por otra parte, en contra de los deseos de sus padres, inclinados a que su hijo emprendiera bien la carrera militar, bien la religiosa eligió un camino bien distinto…

Quizá por la educación y los valores recibidos durante sus periodos de formación, Pierre de Fredi encontró una síntesis en la que creía con firmeza y sobre la que era posible construir el futuro, forjando el presente. Para él, la base del futuro se encontraba en la educación.

El deporte, como soporte de la actividad de enseñanza, para el barón de Coubertin podía conseguir hermanar a los pueblos, beneficiar y alentar así a la humanidad.

El deporte, el ejercicio físico, entendía, que tenía un papel de mucha importancia en la formación del carácter de las personas, desde que estas toman conciencia de la realidad.

Este pensamiento suponía variar la concepción de la educación que imperaba en la Francia de aquellos años, acostumbrada al pétreo modelo de Napoleón, lejos de acercarse a los valores que el pedagogo pretendía implantar, y que había tomado como base de la escuela donde para él habían transcurrido sus tiempos de estudiante: la escuela pública “Rugby School”, en la ciudad que da nombre al popular deporte.

Pronto, el barón de Coubertin fue además un gran aficionado al deporte, no solo como pensador y potenciador de sus virtudes sociales, sino también como practicante: esgrima, equitación y remo estaban entre sus Coubertainpreferencias.

Es fácilmente detectable que la práctica de estos deportes corresponden a una persona con un gran poder adquisitivo, que como quedaba apuntado procedía de la familia.

Integrado en órganos federativos de carácter deportivo, que incluso fundaba él, propuso la idea de revivir, relanzar, de nuevo, los Juegos Olímpicos disputados en la Antigua Grecia, hacía miles de años. La iniciativa, trasladada en la Unión Francesa de Atletismo, no fue bien recibida.

Quizás, porque la organización de un evento de esas características suponía la obtención de muchos recursos dinerarios, termina el siglo XIX y la economía de las distintas naciones no se veía capaz de soportar el gasto y la inversión.

Pero obstinado, el barón de Coubertin no ceja en su empeño y un 23 de Junio de 1894 funda el Comité Olímpico Internacional (COI). No sería él, el primer presidente del organismo, aunque el cargo lo ostentaría y lo mantendría desde 1896 hasta 1925.

El calendario olímpico que, en esencia aún se mantiene, fue otras de las aportaciones de Pierre de Fredi al espectáculo deportivo. El calendario fue el diseñado para los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, Atenas´1896. Y el diseño de la bandera con los anillos olímpicos también se debe a él, realizado en 1919.

En las Olimpiadas celebradas en París, en el año 1900, el barón no vio con agrado la participación de las mujeres como deportistas en los Juegos Olímpicos.

biografía
Pierre de Coubertin. Promotor de las Olimpiadas

Fue algo contra lo que se manifestó su opinión. Pero, a pesar de su oposición, por fin, el género no fue obstáculo para poder competir en unas Olimpiadas y las mujeres deportistas pudieron equipararse, en una nueva igualdad, a los hombres deportistas.

Citius, altius, fortius. más lejos, más alto, más fuerte

Fue en estos juegos donde el barón de Coubertin hizo público, a la vez que famoso, el slogan de los Juegos Olímpicos: “Citius, altius, fortius”, que significa: “más lejos, más alto, más fuerte”, y que resulta ser el verdadero lema que sintetiza lo que representa el espíritu olímpico.

En las olimpiadas de San Luis, celebradas en 1904, además de los convencionales juegos disputados de forma tradicional, se disputaron unos juegos de forma paralela, llamados “Días Antropológicos”.

En estos juegos entraron en competencia “deportistas” pertenecientes a distintas etnias, sin tradición en la práctica de los deportes occidentales. Patagones, asirios, indios sioux o pigmeos, entre otros.

Las diferentes competiciones se convirtieron en motivo de burla y mofa por parte de los espectadores para con aquellos hombres, poco diestros en la práctica de dichos deportes.

Cuando este extremo llegó a oídos del barón, éste se aprestó a decir: “Cuando estos negros, estos cobrizos, estos amarillos aprendan a correr, a saltar, a lanzar, dejarán a los blancos por detrás de ellos”.

En 1908, Coubertin se tuvo que enfrentar al intento monopolizador de los griegos, que pretendían que los juegos se celebraran en Atenas, por Historia, la cuna del olimpismo.

Al entender la oposición del resto de países a esta posibilidad, los griegos intentaron atraer el consenso mundial a la celebración, cada dos años y como entreacto a los juegos que se celebrarían en una ciudad distinta cada cuatrienio, unos juegos especiales disputados en el país del que es originario el olimpismo. Finalmente, el COI (Comité Olimpico Internacional) que presidía Coubertin, decidió oponerse a la celebración pretendida por Grecia. Desde 1986 hasta este 2004, nunca más se celebraron unos juegos en la capital helena.

El barón de Coubertin escribió las siguientes obras, cuyos títulos hablan elocuentemente del espíritu que impregnó a este extraordinario promotor:

La educación en Inglaterra”, 1888.

La trilogía de Pedagogía, publicada entre 1902 y 1916: “La gimnasia utilitaria”, “El análisis universal” y “El respeto mutuo”.

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José Carlos Bermejo

José Carlos Bermejo, Madrid noviembre 1971. Escritor. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha colaborado en diferentes medios de comunicación, tradicionales y digitales. Es autor de la novela WILDE ENCADENADO y del libro de relatos RETAZOS DE UN MUNDO IMPERFECTO. + info: josecarlosbermejo.com

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