La Coquilla y el Guardainfante. Modas raras en la Historia

¿Qué es la coquilla?

La moda masculina también tiene una larga historia a sus espaldas y la suya también está llena de curiosidades.

Una de ellas es el uso de la coquilla, una pieza de la indumentaria masculina que se puso muy de moda durante el siglo XVI en Europa.

La coquilla era una suerte de cubierta o de protector que se unía directamente a la tela que iba sobre la zona de los genitales.

Lo que en su origen, a finales del siglo XV, se consideró una suerte de protección contra las rozaduras que se producían al cabalgar y, también, una especie de unión entre las diferentes piezas que componían un vestido que en ocasiones se llegaron a usar como verdaderos bolsillos, fue evolucionando hasta formar una pieza de moda que servía para acentuar y hacer destacar los atributos sexuales del hombre que la llevaba.

La coquilla era una suerte de cubierta o de protector que se unía directamente a la tela que iba sobre la zona de los genitales

Las coquillas, utilizada como forma de hacer destacar la masculinidad de aquel que la llevaba, fueron aumentando cada vez más de tamaño e, incluso, llegaron a decorarse con piedras preciosas, con el objetivo de que llamaran la atención de todo el mundo.

Las coquillas fueron cayendo en desuso a medida que avanzaba el siglo XVI y, a comienzos del siglo XVII, esta moda masculina tan extravagante ya había caído totalmente en el olvido.

Guardainfante. Modas raras en la historia

El guardainfante

En la Monarquía Hispánica, durante la primera mitad del siglo XVII, se puso de moda un tipo de vestido muy especial que recibía el nombre de “guardainfantes”, porque se decía que una mujer podía ocultar perfectamente un embarazo llevando esta pieza de ropa.

Es una pieza de ropa muy conocida por el gran público, dado que es la pieza de ropa que llevan las mujeres en los archiconocidos retratos realizados por Velázquez en la corte española. El guardainfante era un enorme armazón hecho de tiras de metal y cintas, que se ataban a la cintura de las mujeres, poniéndose después la tela encima, haciendo que las mujeres exhibieran una forma de campana.

Con el guardainfantes, una mujer podía ocultar perfectamente un embarazo llevando esta pieza de ropa

Estos armazones eran tan grandes que apenas permitían que las mujeres se movieran rápidamente y muchos escritores y cronistas de la época se burlaban de esta moda diciendo que las mujeres apenas cabían por la puerta de las iglesias por lo grandes que eran sus guardainfantes, teniendo que entrar de lado si no querían golpearse con los quicios de dichas entradas o, aún peor, quedarse atascadas en ellas.

Con el paso del tiempo, los guardainfantes se fueron haciendo cada vez más y más grandes, decorados y ostentosos, considerándose muchas veces que la persona que llevaba el guardainfante más destacado era la que más poder demostraba.

Durante su época de dominio, muchos pensaban que esta prenda era totalmente inmoral, ya que no solo ayudaba a ocultar embarazos legítimos, sino también los que se producían fuera del matrimonio y que su gran tamaño favorecía encuentros ilícitos, pues muchos moralistas indicaban que era perfectamente factible que una mujer ocultara a su amante bajo sus faldas si pensara que podía ser descubierta.

El uso del guardainfante llegó a ser prohibido, salvo excepciones, por el propio Felipe IV, llegando a estar multado con 20.000 maravedíes, pero dicha prohibición tuvo escaso éxito y no se dejaron de utilizar guardainfantes cada vez más ostentosos hasta que, durante la segunda mitad del siglo XVII se impusiera la moda francesa que acababa con el uso de esta prenda a favor de otro tipo de indumentaria más cómoda y ceñida.

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