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Los grandes guerreros que ha dado la Historia. Aníbal Barca

9 septiembre, 2017  —  Por

La Historia ha dado grandes nombres de hombres que forjaron los destinos de cada civilización que en el Mundo han sido. De todos ellos, algunos destacaron sobre el resto. Son los grandes líderes que iluminaban con su mirada, con la fuerza de su espada y con sus ambiciones de grandes guerreros como los jefes que necesitaban los ejércitos conquistadores. Si ya hablamos de los reyes más sanguinarios de todos los tiempos, hoy fijamos nuestro interés sobre esos hombres -pocas o ninguna mujer aparecerá-, que con su determinación, escribieron las páginas más imborrables de la Historia.

Navegando por la Red, hemos encontrado una Web muy interesante y que recomendamos vivamente, que recoge las andanzas de esos hombres aguerridos a los que el destino deparó una vida sin igual, se trata de guerrerosdelahistoria.com un auténtico directorio donde no queda resquicio. Están todos esos guerreros que lograron perpetuar sus intenciones más allá de lo imaginable. Algunos despiadados, otros de singular benevolencia, pero todos, absolutamente todos, GRANDES.

Fijaremos nuestra atención en uno de los que consideramos sobresale del resto por esas cualidades innatas, que parecen predestinadas por el sino. Hablaremos, pues de…

El gran guerrero de la historia

En el primer escalafón de tan curioso ranking, pondremos sobre el pedestal a Aníbal Barca

Aníbal Barca, el guerrero cartaginés

Aníbal Barca (en fenicio 𐤇𐤍𐤁𐤏 𐤋, Hanni-baʾal) nació en el año 247 a.C. en la ciudad de Cartago. Ése no era exactamente su nombre sino un sobrenombre que significa rayo en el lenguaje púnico: barqä. De él se ha dicho que fue uno de los grandes estrategas militares, no solo de la antigüedad, sino de todos los tiempos.

Elegido comandante de los ejércitos cartagineses tras la muerte de Asdrúbal (fundador de Cartagena en el 227 a.C.). Contaba entonces Aníbal con 25 años de edad. Durante los dos años siguientes, Aníbal consolidó el poder cartaginés en la península ibérica, tomando territorios de lo que hoy sería Aragón y extendiéndolos al centro peninsular.

Lógicamente, el omnipotente Imperio Romano ya conocía del poder que como guerrero ostentaba Aníbal y era consciente de los peligros que podía enfrentar para su estabilidad en la zona. Y aunque se firmó un tratado con la ciudad de Sagunto como protectorado de Roma, en ese momento bajo influencia cartaginesa, Aníbal decidió, en el año 219 a.C. atacar la emblemática ciudad, asediándola y haciéndose con ella, lo que provocó la ira de Roma desencadenando la Segunda Guerra Púnica.

Aníbal Barca sobre uno de sus míticos elefantes de su ejército
Aníbal Barca sobre uno de sus míticos elefantes de su ejército

Aníbal cruza los Alpes en una de los más famosos momentos de la historia bélica, que tantos otros ha dado, con la intención de llevar la guerra hasta el territorio del enemigo. En ese camino, Aníbal consigue reunir un espectacular ejército que se complementaba con más de 40.000 galos y el consentimiento de muchos pueblos a su paso. A todo ello, hay que unir su ejército de elefantes que atravesarían un clima adverso de frío y nieve junto a 11.000 hombres dispuestos a guerrear contra Roma. La idea de atravesar los Alpes parecía descabellada, sin embargo se considera como una acertada estrategia, pues evitó enfrentarse a muchos pueblos contrarios por el complicado camino. 

Aníbal, vencedor contemplando por primera vez Italia desde los Alpes (1770), óleo sobre lienzo de Francisco de Goya
Francisco de Goya inmortalizó el momento en que Aníbal contemplaba por primera vez Italia desde los Alpes como vencedor. Óleo sobre lienzo. (1770)

Tesino, Trebia las grandes batallas

El viaje hasta las puertas de Roma costó la muerte de muchos de los soldados de Aníbal, sin duda, el adverso clima y no podemos llegar a imaginar las grandes calamidades a las que se enfrentaron. Allí les esperaban las tropas romanas comandadas por Publio Cornelio Escipión. El río Tesino fue el primer testigo del enfrentamiento entre los aguerridos soldados romanos y las tropas cartaginesas, como decíamos, aún no apoyadas por los galos y otros soldados de otros pueblos que durante la travesía se unieron, algo que sucedería momentos después.

En este punto, encontramos la victoria cartaginesa, en una lección de estrategia por parte de Aníbal que consiguió dividir a la caballería romana. Tras esta derrota, los galos abandonaron a los romanos, uniéndose a las huestes de Aníbal.

Estamos en el mes de diciembre del año 218 a.C. cuando las tropas del ejército romano y las de Aníbal se encuentran en el río Trebia. La superioridad de estos llevó a huir a los romanos, no sin dificultad, y perdiendo miles de soldados, unos muertos; otros hechos prisioneros. La superioridad cartaginesa parecía evidente en el campo de batalla. Tras otros enfrentamientos y escaramuzas, llegamos al momento álgido de esta historia épica: la batalla de Cannas.

La batalla de Cannas

Se habla de una de las grandes batallas de la Historia, quizá por la sangría que supuso, con la muerte de miles de soldados, sobre todo del bando romano. Los historiadores se enfrentan a incógnitas en este sentido, pudiendo llegar hasta los 80.000 hombres fallecidos en la batalla. La victoria de Aníbal fue indiscutible, forjando su leyenda para siempre.

Tras esta gran batalla, Aníbal aún no se decidió a llegar hasta las puertas de Roma, sino que siguió guerreando contra todos aquellas fuerzas contrarias con las que se topaba. Sería en el año 211 a.C. cuando los romanos sintieron el miedo al divisar a los soldados cartagineses a la vista, a las afueras de la ciudad.

En este punto llegamos a una cuestión muy interesante: la razón por la que no llegó a atacar teniendo al enemigo tan cerca. De una parte, se cree que Aníbal veía poco viable hacerse con la ciudad por las carencias de víveres y suministros necesarios para tan importante empresa; sin contar, además, con posibles apoyos externos. De otra parte, un poco más romántica, se dice que la intención de Aníbal nunca fue la destrucción de Roma, su  intención era aislar al Imperio, pero no destruirlo y sí debilitarlo para que dejara de ser esa fuerza opresora y conquistadora de todos los territorios sobre los que imponía su particular Ley. Es seguro que podemos apuntar  que Aníbal se confundía porque décadas después Cartago fue víctima de la impía Roma, siendo destruída, si bien, esta derrota no podrá borrar nunca al gran guerrero que fue Aníbal Barca.