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La historia moderna de los animales de compañía

18 septiembre, 2017  —  Por

Los animales, a pesar de que en tiempos fueranobjetos” indiferentes por la creencia cristiana de que carecían de alma, sí que comenzaron a tener presencia en la vida privada de las personas mucho antes de que en el siglo XIX se estableciese una relación clara de afecto con las personas. Como asevera el historiador Valentín Pelosse * (IImaginaire social et protection de l´animal. Des amis des bêtes de l´an X au legislateur de 1850”)

Si desde la Antigüedad, perros y gatos acompañaron a las familias siglo tras siglo, en lo que concierne a la época Moderna personajes famosos y populares mostraban su amor por los animales de compañía, por ejemplo, era ampliamente conocida en los salones franceses la relación que Rousseau mantenía con su perro, al igual que en la corte de Luís XVI, el animal había dejado de ser alguien a quien no se prestaba atención, pasando a convertirse en un ser digno de los mejores sentimientos.

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El siglo XIX, la socialización de las mascotas

Pero, como decíamos, es en el siglo XIX cuando se admite socialmente la compañía de los animales, si bien esta relación se circunscribe en un primer momento a las mujeres, por la propia naturaleza y condición que se le otorga, más piadosa y más sensible que la del hombre.
Y son, las personas mayores, al igual que las mujeres, quienes se comienzan a vincular de manera afectiva con perros y gatos.

De esta relación moderna entre las personas y los animales de compañía existen numerosos ejemplos, como el perro Lobo Homo de Victor Hugo en su obra “L´Homme qui rit” o en el sermón de Lacordaire sobre “la figura del perro blanco del cura de Jocelyn”.

La protección jurídica de los animales de compañía

En 1850 surge el primer intento de los legisladores por la protección de los animales, la “Ley Grammont” prohibe la violencia pública a los propietarios con animales domésticos. Una ley que a nivel práctico no pareció suponer gran cosa, pero que habla de la voluntad de protegerlos.

Es en la época romántica cuando se ve a los animales como un recurso plausible frente a la soledad. De nuevo encontramos ejemplos en la literatura que ponen de relieve este hecho. Eugénie de Guerin exalta el amor a sus perros, llorando literariamente la muerte de uno de ellos al que ofrecer digna sepultura.

Stendhal, en su estancia en Civitavecchia, en 1841, combate la soledad junto a sus dos perros. Merimée, en la vejez, convive también su soledad con un gato y una tortuga, y en el exilio, Victor Hugo, se hace acompañar de un can.
Otros animales de compañía se hacen también presentes, Gambon, en la vida del literato en prisión, busca el amparo en una araña y un caracol.

La Sociedad Protectora de Animales

Si antes hablábamos de los intentos del legislador por acotar los derechos de las mascotas en la vida cotidiana, no menos importante para la época es el nacimiento de la Sociedad Protectora de Animales, que ya tenía sede en París en el año 1845. En esa época se suscitó una especie de moda por la posesión de caniches, y por la celebración de “Exposiciones Caninas”.

Es también cuando entre las fotografías familiares se encontraba a los perros como protagonistas, animales con pedigrí, bien cuidados, saneados y alimentados.
En los hogares modernos no solo se instalan los perros
.

Está bien visto que las jóvenes burguesas tengan en su dormitorio la jaula de un pájaro, y en otros órdenes sociales también. Veinticinco años antes de que comenzara el siglo XX se han forjado los cimientos para una nueva relación entre el hombre y el animal. Entra en liza completamente el papel sentimental y social que se venía forjando entre las personas y los animales de compañía.

Obras como “Zoología pasional” de Alphonse Toussenel así lo corroboran.

Los gatos, al igual que los perros, estaban presentes en los hogares familiares de “familias distinguidas”, como los siameses de la Familia Imperial en Rusia, o en el hogar de Gautier o Baudelaire.


A principios de siglo XX, perros y gatos eran compañeros inseparables que comparten la vida privada de las personas, acompañándolas en el espacio doméstico del hogar.

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