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Isabel de Francia, la princesa de Braveheart

12 febrero, 2017  —  Por

La historia real de la reina Isabel de Francia

Para todos los aficionados al cine, la princesa Isabel de Francia siempre tendrá los rasgos de Sophie Marceau, la bellísima actriz gala que interpretaba este papel en la película de Mel Gibson Braveheart

Sin embargo, la realidad histórica de este personaje poco tiene que ver con la historia que cuenta la película. 

La princesa, por ejemplo, nunca pudo conocer a William Wallace, pues no llegó a Inglaterra hasta 1308, cuando solo tenía doce años, tres años después de que Wallace fuera ejecutado, y tampoco conoció a su suegro (su gran némesis en la película) pues se casó con Eduardo II cuando su padre ya había muerto. 

Sin embargo, la historia real de la reina Isabel de Francia es también, sin duda alguna, digna de película. 

La Loba de Francia

La que llegaría a conocerse en Inglaterra como “la loba de Francia” nació en 1295. Fue casada con apenas doce años con el joven rey Eduardo II, que se encontraba inmerso en un creciente conflicto con la nobleza que buscaba un mayor poder y la caída de su favorito, Piers Gaveston, con el que la tradición ha defendido que mantenía una relación amorosa. 

Isabel muy pronto supo que el camino más rápido hacia el poder y hacia su marido era Piers, por lo que formó alianza con ambos en contra de la nobleza, utilizando el poder y la influencia de sus parientes franceses para hacerse fuerte en la escena política inglesa.

En un reino inestable y dominado por las luchas civiles, Isabel fue ganando cada vez más poder, que aumentó tras el asesinato de Gaveston al mano de los nobles rebeldes y del nacimiento de un heredero en 1312, el futuro Eduardo III.     

Isabel de Francia
Isabel de Francia, interpretada por Sophie Marceau, la bellísima actriz gala, en la película de Mel Gibson Braveheart.

A medida que pasaban los años, la situación de Eduardo II en el trono se volvía cada vez más precaria.

Su imposibilidad para dominar a los nobles, sus derrotas contra los escoceses y la gran hambruna que descendió sobre el reino entre 1316 y 1317 hicieron que la popularidad y el poder de Eduardo fueran desapareciendo progresivamente, haciendo de la hábil e inteligente Isabel la figura política principal del reino. 

 Hugh de Despenser

Sin embargo, Eduardo, tomó un nuevo favorito, Hugh de Despenseral que Isabel odiaba con pasión. El sentimiento era más que mutuo, así que ambas facciones, la de Isabel por un lado, y la de Despenser por otro, lucharon por el favor del rey mientras los nobles, dirigidos por Thomas de Lancaster, intentaban arrebatar cada vez más poder al monarca.

Entre 1321 y 1322, Eduardo II acabó con la rebelión nobiliaria e inició una larga represión contra los rebeldes, llegando a decir las crónicas que persiguió a las viudas y a sus hijos por simple venganza. 

Despenser, en calidad de favorito y de amante, aseguró su puesto al lado de Eduardo II, mientras la facción liderada por Isabel iba perdiendo fuerza. 

En 1322, Isabel abandonó a Eduardo de manera efectiva y el odio que la profesaba el favorito de su esposo hizo que acabara confiscando todas su tierras y que le arrebatara a sus hijos más pequeños, que acabaron bajo la custodia directa de la familia de Despenser.          

Pero Isabel no estaba dispuesta a dejarse vencer sin presentar batalla y cuando Despenser tomó estas medidas tan radicales contra su persona, la reina se convenció de que había que cortar por lo sano. 

Pasó a Francia y, con la ayuda de su hermano y de los opositores a Eduardo II, reunió un ejército con el que prestar batalla a su marido.

Manteniendo a su lado a su amante, Roger Mortimer, tomó el reino de Eduardo II en una campaña “relámpago”. 

Toda la familia Despenser… ejecutada

Isabel mandó ejecutar a toda la familia Despenser, incluyendo al odiado favorito de su marido y forzó a Eduardo II a abdicar en 1327. I

sabel y Mortimer encerraron al rey, pero eran conscientes de que, mientras estuviera vivo el legítimo monarca, su posición estaría en peligro. 

Hubo varios intentos de fuga por su parte y otros tantos de liberación por cuenta de sus partidarios, hasta que la pareja decidió acabar con el problema que representaba. 

Varios meses después del comienzo de su confinamiento, el rey fue asesinado en el castillo de Berkeley, supuestamente por órdenes de la reina y de su amante, según cuenta la leyenda, introduciéndole un hierro al rojo vivo a través del ano, para que no dejara huella.          

Isabel se alzó como regente de su joven hijo, Eduardo III, manteniendo a su lado a Mortimer.

Sin embargo, en 1330, Eduardo decidió tomar las riendas del poder y fraguó una conspiración para arrebatar el poder a su madre y a su amante. Tuvo éxito en su empeño y, pese a los ruegos de Isabel, mandó ejecutar a Mortimer

Tras este episodio, Isabel se retiró de la corte, disfrutando de una holgada posición y una importante riqueza. 

Eduardo III había mantenido en la oscuridad su relación con Mortimer, declarándola inocente de todos los excesos de los que se acusaba a este último y siguió gozando de una gran posición y respeto entre los miembros más importantes de la nobleza inglesa y siendo muy apreciada por la familia real, especialmente por su nieto, el famoso “príncipe negro”.

Sin dejar nunca de lamentar la pérdida de su MortimerIsabel se volvió cada vez más religiosa y murió en 1358. 

Sin embargo, pese a que en vida siguió siendo apreciada, la historia posterior la recordó como una mujer intrigante que acabó con la vida de su marido a sangre fría con la ayuda de su amante y que hizo prácticamente cualquier cosa por retener el poder. 

Su fama como “loba de Francia” sigue persiguiéndola más allá de la tumba, oscureciendo su verdadero retrato como mujer y como reina, en el que nada fue únicamente blanco o negro, sino en el que todo está plagado de matices esperando ser descubiertos. 


-Para saber más: 
            La inmensa mayoría de la bibliografía referida a Isabel está en inglés, aunque existen algunas obras destacadas en francés.

El episodio de la muerte de Eduardo II ha sido tradicionalmente el que más interés ha suscitado y al respecto P. C. Doherty publicó en el año 2003 la monografía titulada “Isabella and the strange death of Edward II”.

Para una visión general de la reina, la actualizada biografía de Alisson Weir, publicada en el año 2006 “Queen Isabella, she-wolf of France, queen of England” es una buena opción.