Eros y Psique, por Antonio Canova
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ūüíė Eros es amor: la historia mitol√≥gica

Hombres y mujeres siempre hemos necesitado de arquetipos que supieran (o propusieran) explicar todo lo que ocurre en el Mundo y sus porqués. Modelos auténticos y originales; imágenes reconocibles que dieran forma al inconsciente colectivo, las causas que nos mueven y las razones que nos importan, como un código armado y perfecto hasta donde el ser humano lo puede llegar a ser.

Por eso, griegos y romanos, m√°s sofisticados en la forma de pensar que nosotros, inventaron o adaptaron¬†dioses a su medida¬†como ejemplo de vida; y nosotros, menos sofisticados en la forma de hacer, nos estamos conformando con youtubers, futbolistas, supervivientes en islas caribe√Īas o modelos de Instagram. M√°s carnales y menos imaginativos. Y, as√≠, comienza a hacerse sencillo saber y entender porqu√© el Mundo es como es, c√≥mo fue… y qui√©n sabe c√≥mo ser√°.

Hubo un tiempo en que la mitolog√≠a se explicaba en las clases a los alumnos. No, no hablo de anteriores Planes de Estudio, hablo del tiempo en que¬†Plubio Ovidio Nas√≥n, el gran poeta romano, compilador de m√°s de dos centenares de f√°bulas, insert√≥ en los 15 libros de la Metamorfosis buena parte de las historias que corr√≠an de boca en boca y que contaban c√≥mo los pobres mortales conviv√≠an con los dioses y diosas inmortales; o c√≥mo se explicaba la creaci√≥n del Mundo cuando «no exist√≠a ni el hombre ni las aves, ni el sol ni las estrellas, ni la rosa silvestre que embellece la soledad callada de los campos...» Ven, estas palabras no las imaginar√≠a ni el youtuber del mill√≥n y medio de seguidores ūüėÄ

De entre todos esos dioses poderosos, Eros, así lo llamaron los griegos, Cupido para los romanos, encarna el semblante del AMOR, de la atracción irresoluble. Hasta nosotros ha llegado y se ha mantenido de esa manera, dando forma al deseo y a la voluptuosidad, citado entre nosotros de mil formas, véase, a modo de ocio-vicio, como suite de hotel o como célebre guía de escorts Eros Guia. También en su versión femenina como Afrodita y Venus. Pero siempre presente en la tumultuosa figura lejana, como una sombra que no perece, de grandes diosas y fabulosos dioses, o viceversa.

Cupido y Eros, dioses del Amor
Cupido y/o Eros, dioses del Amor

¬ŅQui√©n fue Eros?

La Historia de Eros nos remite a la antigua Grecia. Aunque era de avanzada edad, los griegos pensaban que Eros siempre se mantenía en una perpetua juventud, pues nunca envejeció como lo hacían el resto de dioses que, aunque inmortales, también veían ennegrecer sus juveniles dorados días. De hecho, se supone que Eros fue el primer habitante del planeta Tierra. Sí, antes que Adán, para los cristianos; incluso que la perturbadora y desconocida Lilith.

Adem√°s de juventud, a Eros¬†se le percib√≠a de una extraordinaria belleza¬†(tenga en cuenta el canon de belleza propio de cada √©poca), y as√≠ era representado sobre el lienzo, como un hermoso y lozano muchacho, siempre acompa√Īado de un arco dorado y un carcaj o aljaba repleto de flechas… que como se est√° usted imaginando ten√≠an un poder particular…

Esas flechas eran afiladas y «de la plata m√°s blanca». Quien era herido con una de ellas, ca√≠a prendidamente enamorado de la persona que Eros deseaba que amara. Bien mirado, su poder es bastante mejor que el de los ‘superh√©roes’ de nuestros tiempos…

La historia de amor de Eros y Psique

Francois Gerard Cupido y Pyche
François Gerard. Cupido y Pyche. 1798. Museo del Louvre

Una de las m√ļltiples representaciones de Eros, Cupido y Pysche.


Una de las historias que a los griegos les gustaba contar sobre Eros (existen m√ļltiples versiones) narra el pasaje que le uni√≥ en singular matrimonio. Y es la historia de su amor por Psique, tambi√©n conocida como Psyche, en lat√≠n y ő®ŌÖŌáőģ¬†en griego. Nombre que hoy le damos al «alma humana«.

Psique, hija menor de los reyes de Sicilia, era tan hermosa -se dice que la m√°s bella de la mitolog√≠a- que tan pronto como Eros la vio, se enamor√≥ profundamente.¬†Era tal su beldad que Afrodita (madre de Eros) comenz√≥ a sentir unos celos disparatados cuando la conoci√≥. Tanto que llam√≥ a su hijo Eros para que utilizara su poder y la hiciera caer enamorada del hombre m√°s feo que habitara en el Mundo. Pero Eros ya estaba prendido de la belleza de Psique, algo que no pod√≠a decir a su madre. No es bueno enojar a una madre y menos si es una diosa… Y, paradojas de la vida, la gran belleza de Psique era lo que retra√≠a al resto de hombres para pedirla en matrimonio.

Entretanto, ante la soltería de Psique, su padre, el rey siciliano, optó (en mal momento) por consultar al Oráculo de Apolo qué debía hacer para convertirla en casadera.

El or√°culo no auguraba nada bueno para Psique. Nada menos que les indic√≥ que acudieran a un lugar apartado, en lo alto de una monta√Īa, a esperar la llegada del que ser√≠a su pretendiente… un drag√≥n que asustar√≠a al m√°s valiente de los dioses.

Eros y psique vistos por Jacques-Louis David
Eros y psique vistos por Jacques-Louis David

No sin resistencia y, entre lamentos, cumplieron las indicaciones del Or√°culo que, entre otras cosas, hab√≠a pedido que Psique vistiera traje de novia y que esperara en lo alto de la monta√Īa. Y Psique cumpli√≥, incluso consolando al rey. Y esper√≥ la llegada de su pretendiente. Pero, C√©firo, el suave viento del Oeste, conocedor del mal destino de la bella dama, y apiad√°ndose de ella, la transport√≥, una vez dormida a un lugar distinto del que el destino le ten√≠a, presuntamente, preparado.

Cuando Psique despert√≥, sin saber qu√© hab√≠a ocurrido, se vio rodeada de los √°rboles de un bosque y, cerca, una espl√©ndido palacio alzaba sus puertas ante ella. Unas doncellas la recibieron y la trataron con esmero y delicadeza. Tras un ba√Īo y disfrutar de suculentos alimentos, se le ofreci√≥ un dormitorio para descansar. Entresue√Īos, percibi√≥ que un hombre penetraba entre las s√°banas… Ya me entienden… ūüíĎ

Contra pronóstico, aquella aparición fue del gusto de Psique. El desconocido la trató con ternura y le hizo el amor, en su primera vez, como nunca hubiera imaginado. Y así sucedió noche tras noche, pues antes de que despuntara el alba, ese desconocido desaparecía para regresar en la madrugada; y para amarla de una forma que Psique no podía creer. Y, aunque Psique le inquiría por su nombre, por saber quién era, él respondía con silencios o le decía que era mejor que no lo supiese. Y, lo más importante, aunque quería, no podía ver su rostro en la negrura de la noche.

No pod√≠an imaginar los padres y las hermanas de nuestra protagonista que su destino fuese este. M√°s bien, al contrario, viv√≠an con pesadumbre al no tener noticias de ella e imaginar lo peor. Por ello, sus dos hermanas comenzaron a buscarla. Al tener noticia el amante desconocido de la b√ļsqueda y sabiendo que se encontraban cerca de dar con ella, le dijo a Psique que deb√≠a ignorarlas, pues de lo contrario se romper√≠a la magia de su amor.

Recordemos que Psique¬†a√ļn no conoce la identidad de ese amante misterioso, aunque nosotros quiz√° ya lo imaginamos… Efectivamente, ¬°es Eros!

Así las cosas, Eros, al ver sufrir a Psique por no poder hablar con sus hermanas, termina consintiendo el encuentro. Como no podía ser de otra manera, las hermanas interrogaron por la identidad de ese hombre con el que compartía las sábanas y la ofrecía toda clase de lujos, pero Psique seguía sin saber quién era. Solo imaginaba que era cazador porque siempre portaba un arco y unas flechas en su aljaba.

Las riquezas que rodeaban a Psique y la vida extraordinaria que gozaba no fueron del gusto de las hermanas, que sintieron una poderosa envidia tan insana como puedas imaginar. Comparativamente, la vida de Psique ahora era mejor que las suyas y eso no encajaba en sus miserables personalidades.

A veces es mejor ser hijo √ļnico

Esta envidia manifiesta de las hermanas no se quedó solo en su pensamiento. En el fondo, querían saber quién era ese acaudalado y seductor amante. Por ello, le propusieron a la inocentona Psique que, en la mitad de la noche, encendiera una lámpara para, por fin, contemplar su rostro, si acaso era reconocible. Y, así lo hizo, encendió sigilosa una lámpara de aceite. Se iluminó tanto que, además de ver su cara, una fina gota del aceite caliente cayó sobre el rostro de Eros, despertándole e incomodándole por haber cometido esa tropelía. Eros, mostrando un comportamiento pusilánime (y poco comprensible), decide abandonar a Psique. 

La pobre Psique sufr√≠a desconsolada, pensando que √©l no volver√≠a. Deambul√≥ por largo tiempo, yendo de templo en templo, tratando de encontrar una manera de compensar su culpa y recuperar a su ‘marido’, hasta que llega a las posesiones de¬†Afrodita, top√°ndose con ella. (recordemos que Afrodita se sent√≠a agraviada por la belleza de Psique, pero a√ļn as√≠ decide ayudarla, pero con trampa…)

«Para recuperar a Eros deber√°s cumplir las encomiendas que te proponga«, le dice Afrodita. Diferentes pruebas pr√°cticamente imposibles de superar para una simple alma mortal.

Primero le mostraron un gran montón de granos de cebada y trigo mezclados, y le dijeron que debía separarlos antes de que se pusiera el sol. De inmediato, miles de hormigas vinieron a ayudarla, de modo que antes del atardecer la tarea fue hecha.

Al d√≠a siguiente, la enviaron a una arboleda lejana para obtener un trozo de lana de un reba√Īo de ovejas feroces de color dorado que se alimentaban all√≠. Cuando lleg√≥ al r√≠o por la arboleda, una ca√Īa le susurr√≥ que en el momento en el que el sol se oculta, las ovejas pierden su ferocidad, y entonces podr√≠a encontrar trozos de la lana atrapada en los arbustos por todas partes; y fue as√≠ como termin√≥ esta tarea con √©xito.

Por √ļltimo, la √ļltima encomienda consist√≠a en visitar el oscuro mundo (el inframundo) para obtener algo de la belleza de Pers√©fone y entreg√°rsela a Afrodita (ya sabemos lo presumida que es). Esto, tambi√©n, fue capaz de hacerlo, siguiendo las sabias direcciones que los vientos le susurraron, y con la ayuda de Eros. Porque s√≠, Eros era testigo mudo de todo lo que acontec√≠a y decidi√≥ ayudarla en el √ļltimo y m√°s dram√°tico momento, cuando Psique decide abrir la caja que conten√≠a la belleza de Pers√©fone. Algo que no deb√≠a hacer ya que estaba prohibida para los humanos, pero que ella quiso ofrecer a su rostro para ser a√ļn m√°s bella y gustar m√°s a Eros.

Cuando lo hizo, apareci√≥ lo que se conoce como «sue√Īo estigio«, un vapor que narcotiza a los muertos cuando cruzan el Hades, haci√©ndoles perder la memoria para no recordar la vida pasada.

Eros arrebat√≥ el sue√Īo de los ojos de Psique y vol√≥ junto a ella hasta postrarse frente a Zeus y Afrodita, solicitando permiso para unirse en matrimonio. A lo que ambos, dioses del Olimpo, accedieron.

Fruto de ese amor nació su hija Hédone (para los griegos) o Voluptas (para los romanos), la vívida representación del hedonismo y la voluptuosidad, la forma más humana del placer sensual.


Dioses Griegos, Heroes y Hombres
Dioses Griegos, Heroes y Hombres

Para saber m√°s:

Greek Gods, Heroes and Men. Caroline H. Harding y Samuel B. Harding. Primera edición: 1897. Scott, Foresman and Company.


 

José Carlos Bermejo

José Carlos Bermejo, Madrid noviembre 1971. Escritor. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha colaborado en diferentes medios de comunicación, tradicionales y digitales. Es autor de la novela WILDE ENCADENADO y del libro de relatos RETAZOS DE UN MUNDO IMPERFECTO. + info: josecarlosbermejo.com

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