Dios ha muerto y yo lo he matado. Qué quiso decir Nietzsche?

Nietzsche: dios ha muerto
Se han fijado las escasas imágenes de Nietzsche mirando de frente a la cámara?

En 1882, Friedrich Nietzsche, publicaba La Gaya Ciencia, (en alemán: Die fröhliche Wissenschaft) donde escribió: “Dios ha muerto” (o Gott ist tot, también en alemán), quizá una de las afirmaciones más conocidas de toda la historia de la filosofía. ¿Pero sabemos exactamente lo que quiso decir con estas palabras?

Esa frase tan contundente no es original de Nietzsche. Se pudo leer antes cuando Hegel publica Fenomenología del espíritu o en Dostovieski, en su novela Los Hermanos Karamazov.

Nietzsche ateo

Ni que decir tiene que Nietzsche era ateo, aunque con esa frase no quería decir que Dios realmente había muerto, sino que nuestra idea de Dios lo había hecho.

Tiempo después de la Ilustración, la idea de un universo gobernado por leyes físicas y no por Dios, por la providencia divina, era toda una realidad prácticamente universal.

La filosofía había demostrado que los gobiernos ya no necesitaban organizarse en torno a la idea del derecho divino para ser legítimos, sino más bien por el consentimiento o la racionalidad de los gobernados, en definitiva: que las teorías morales podían existir sin referencia a Dios.

Este fue todo un cambio social. Europa ya no necesitaba a Dios como la fuente de toda moralidad, valor u orden en el universo; La filosofía y la ciencia se encargaron de dar ese giro, sobrevenidas quizá por una necesidad de querer hacer mejor las cosas, aunque no está tan claro que se consiguiera…

Esta ausencia de fe es algo que no ha ocurrido en otras religiones, véase la musulmana, donde la importancia de Alá y su profeta parecen seguir intactas. Algo que explicaría muchas de las cosas que ocurren actualmente en esa batalla silenciosa de religiones que no dejan de atosigarnos.

La creciente secularización del pensamiento en Occidente hizo que el filósofo, Nietzsche, se diera cuenta de que no solo Dios había muerto, sino que los seres humanos lo habían matado con su revolución científica y su deseo de comprender mejor el mundo o, cuando menos, de hacerlo diferente.

Ahora bien, sin un Dios como referencia, el sistema de creencias básico de Europa occidental estaba en peligro. ¡Qué digo, algo más que en peligro!

Pensemos que al poner en duda un concepto tan fundamental, la fe en Dios, se rompe la totalidad del sistema que los sustentaba moralmente.

Esta ausencia de fe es algo que no ha ocurrido en otras religiones, véase la musulmana, donde la importancia de Alá y su profeta parecen seguir intactas.

Nietzsche pensó que esto podría ser algo positivo: “al escuchar la noticia de que ‘el viejo dios está muerto’, los filósofos y ‘espíritus libres’ nos sentimos iluminados por un nuevo amanecer“.

Sin embargo, se presentan algunos riesgos, por ejemplo: sacar lo peor de la naturaleza humana pues ya no hay un freno, una cortapisa, algo que te detenga ante nada.

Así lo reflexionó también Nietzsche, quien creía que la eliminación de este sistema ponía a la mayoría de las personas en riesgo de desesperación o falta de sentido.

¿Cuál podría ser la explicación y la razón de la vida sin un Dios? Incluso si hubiera uno, el mundo occidental ahora sabía que no nos había colocado en el centro del universo, y estaba aprendiendo del origen humilde a partir del cual el hombre habría evolucionado.

El advenimiento del Nihilismo y de alguna que otra guerra mundial

Pero, ¿qué va a ser del hombre occidental si mata a su Dios?, se preguntaba el filósofo.

El temor de Nietzsche a la llegada del nihilismo (Negación de todo principio religioso, político y social. RAE) queda plasmada cuando escribe: “Lo que relato es la historia de los próximos dos siglos. Describo lo que viene, lo que ya no puede ser diferente: el advenimiento del nihilismo (…) Desde hace algún tiempo, toda nuestra cultura europea se ha estado moviendo hacia la catástrofe”.

Es muy probable que a Nietzsche no le hubieran sorprendido los acontecimientos que golpearon a Europa en el siglo XX, murió en agosto de 1900. A saber: El comunismo, el nazismo, los nacionalismos que se abrieron camino en todo el continente a raíz de la Primera Guerra Mundial… y la que vino después.

La solución de Nietzsche, Übermensch. El SUPERHOMBRE y el ÚLTIMO HOMBRE

Por supuesto, como Nietzsche vio venir estos acontecimientos, nos intentó ofrecer una salida. La creación de nuestros propios valores como individuos.

El arquetipo del individuo que puede hacer esto tiene un nombre, EL SUPERHOMBRE: lo que se conoce en alemán como Übermensch.

Nietzsche, sin embargo, vio esta solución como una meta lejana para el hombre y algo que la mayoría no podría alcanzar. De ahí la designación: superhombre…

El Übermensch, que él sentía que aún no existía en la Tierra, crearía un sentido de la vida solo con su voluntad, y comprendería que, al final, es responsable de sus elecciones.

Habiendo sugerido la rareza y la dificultad para crear el Übermensch, Nietzsche sugirió una respuesta alternativa al nihilismo, y una que consideraba más probable que fuera seleccionada: El último hombre. Una “cosa muy despreciable” que vive una vida tranquila de comodidad, sin pensar en la individualidad o el crecimiento personal.

La pregunta final que se puede plantear es si, realmente, Dios está muerto. El mismo Nietzsche dio una respuesta: “Dios ha muerto; pero dada la peculiaridad de los hombres, puede que aún haya cuevas durante miles de años en las que se mostrará su sombra”.

Así lo dijo Nietzsche.

Sobre José Carlos Bermejo 315 Artículos
José Carlos Bermejo, Madrid noviembre 1971. Escritor. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha colaborado en diferentes medios de comunicación, tradicionales y digitales. Es autor de la novela WILDE ENCADENADO y del libro de relatos RETAZOS DE UN MUNDO IMPERFECTO. + info: josecarlosbermejo.com

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