La Cruzada de los Niños: entre la leyenda y la historia

La época de las Cruzadas es conocida como un periodo de luchas, problemas religiosos, conquistas y pérdidas en el que los datos que pertenecen al ámbito de lo legendario y aquellos que son históricamente comprobables no están siempre bien delimitados.

Y, de todas las Cruzadas que hubo (cuyo número varía dependiendo de los especialistas que se consulten), ninguna mezcla hechos fantásticos y verídicos como la llamada “Cruzada de los niños”, sobre la cual la mayoría de la información que nos queda es apócrifa.

La Leyenda de la Cruzada de los Niños

Según la leyenda, la Cruzada de la Niños tuvo lugar hacia el año 1212, poco tiempo después de la conocida como la Cuarta Cruzada.

Para entonces, muchos tenían la sensación de que la lucha por Tierra Santa estaba irremediablemente perdida, aunque siguió habiendo expediciones para la recuperación de los Santos Lugares durante siglos y la idea de Cruzada continuó viva hasta bien entrada la edad Moderna.

La famosa Primera Cruzada, que acabó con la conquista de Jerusalén y el establecimiento de diversos territorios de dominio cristiano llamados los “reinos latinos”, estuvo seguida de distintas expediciones, con el mismo nombre, que acabaron en sonoros fracasos mientras se veía cómo, poco a poco, los musulmanes reconquistaban el territorio perdido otrora a manos cristianas.

En uno de esos momentos en los que se sintieron profundamente las consecuencias de las pérdidas sufridas en las cruzadas para solo cosechar derrotas, se produjo la extraordinaria cruzada que aquí nos ocupa.

La Historia de la Cruzada de los Niños

Los relatos tradicionales de los hechos sitúan la historia en Alemania y en Francia, en dos predicaciones sucesivas protagonizadas por Nicolás de Colonia y Esteban de Cloyes respectivamente. En ambos casos, el relato es muy similar: un niño comienza a predicar por distintos pueblos y ciudades del lugar, diciendo que Jesús le había visitado en sueños y le había ordenado que comandara una Cruzada que recuperaría Tierra Santa para los cristianos no por las armas, que habían protagonizado los intentos anteriores, sino convirtiendo a los musulmanes que en ella habitaban a la religión de Jesús.

La Leyenda de la Cruzada de los Niños

El pequeño predicador era tan convincente que mucha gente se aprestó a seguirle en su aventura sin más dilación y aquellos que necesitaron alguna prueba más de la supuesta santidad de su misión la consiguieron cuando le vieron realizar distintos milagros.

La mayoría de estos seguidores (llegan a contarse hasta 30.000 en las distintas crónicas de los hechos) eran personas de origen humilde pero, sobre todo, niños que, según decía el predicador, abrirían el corazón de los infieles a Jesús a través de su inocencia y su bondad.

El grupo fue creciendo cada vez más y más, hasta convertirse en una verdadera oleada de gente que recorría Europa buscando adeptos y apoyo para seguir con su aventura, cayendo como una auténtica plaga en las ciudades por las que pasaban y acabando con sus recursos allá por donde iban.

La Leyenda de la Cruzada de los Niños
La Leyenda de la Cruzada de los Niños

Sin embargo, el grupo, convencido de que Dios les acompañaba en su misión, pensaban que el apoyo divino les proporcionaría el sustento que necesitaban y que cuando llegaran al mar Mediterráneo, su destino final, sus aguas se partirían en dos para franquearles el paso hacia Tierra Santa, como en el pasado lo hicieron las del Mar Rojo para dejar pasar a los judíos liderados por Moisés hasta la Tierra Prometida.

Pese a su fe, el mar no se partió a su llegada y el grupo se encontró con que el Mediterráneo hacía las veces de una barrera casi infranqueable que separaba a estos particulares cruzados de su destino final, Jerusalén.

Pero los cruzados pensaron que, pese a todo, Dios les estaba ayudando cuando unos mercaderes, que en algunos relatos recibieron el nombre de Hugh “el de Hierro” y William de Pasqueres ofrecieron sus barcos para llevar a Tierra Santa a tantos niños como les fuera posible, pero estos hombres no tenían ninguna intención de llevarlos hasta Jerusalén.

Cuando ya habían subido a sus naves todos los niños que estas podían albergar, los mercaderes pusieron rumbo a Túnez, donde pensaban venderlos como esclavos.

Muchos sufrieron este destino, mientras que otros simplemente murieron en el mar durante distintas tormentas o por inanición, sin que sepamos el destino final de aquellos que pudieron sobrevivir a tal aventura.

En cualquier caso ninguno de ellos llegaría a Jerusalén. Otras versiones existentes de esta historia no tienen un final más feliz: en ellas los supuestos cruzados suelen morir de cansancio o inanición mientras caminan hacia el mar Mediterráneo o volvieron, desencantados, a sus casas.

Su mismo líder no sobrevivió y en algunos relatos se indica incluso que su padre, en su lugar de origen, fue perseguido y colgado por una masa furiosa de familiares de personas que habían muerto en la expedición y que pensaban que su hijo les había engañado hasta conducirlos a ese aciago final, por lo que su padre debía pagar por sus pecados.

Es más que probable que esta cruzada nunca haya tenido lugar y, en realidad, se trate de una leyenda fabricada posteriormente que, sin embargo, tenga un trasfondo de realidad, que sería la de las grandes migraciones campesinas que tuvieron lugar en Europa Central durante el siglo XIII, consecuencia tanto de los problemas políticos que asolaban el continente como de la necesidad de buscar nuevas y fértiles tierras que les permitieran sobrevivir, después de que las epidemias, las guerras, las hambrunas y los cambios climáticos hubieran acabado con las que anteriormente ocupaban.

Esta versión se encuentra avalada por el hecho de que a muchos campesinos y desheredados se les daba el nombre de “puer” que en latín significa “niño”, lo que habría confundido a los traductores posteriores, que habrían identificado como grupos de niños lo que en realidad eran grandes grupos de campesinos y personajes de baja extracción social que buscaban un lugar donde establecerse.

Así, posteriormente, los escritores convirtieron estas supuestas migraciones de niños en un relato que defendiera la fe cristiana y promocionara el ideal de cruzada, indicando que si unos niños fueron lo suficientemente valientes y piadosos como para intentar liberar Tierra Santa por su cuenta y morir por ello, los caballeros, reyes, prelados y guerreros adultos deberían hacer lo mismo y seguir la misión que ellos no pudieron concluir.

La historia se fue embelleciendo con el paso del tiempo hasta constituir el relato que hemos presentado aquí de forma tan breve: una historia de aventuras, piedad y tragedia que, en realidad, nunca sucedió.


Por Rocío Martínez Rocio Martinez

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Sobre Rocio Martinez 146 Artículos
Madrid, 1988. Licenciada por la Universidad Complutense de Madrid y graduada en el máster de estudios avanzandos de Historia Moderna "Monarquia de España Siglos XVI-XVIII, de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha trabajado como asesora de cine y autora de diversos estudios sobre la historia de los siglos XVI y XVII.

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