La vida cotidiana en la roma imperial

La Vida en la Roma Imperial

Cómo era la vida en el Imperio Romano

Roma es la ciudad desde la que se forjó un Imperio nunca visto hasta entonces. Más de dos mil setecientos años después de que los hermanos Rómulo y Remo trazasen el surco que dividía la ciudad, el recuerdo de la civilización que dominó toda Europa y la cuenca del Mediterráneo, aún es capaz de hacernos sumergir en un mundo insólito repleto de leyenda.

La Fundación de la ciudad de Roma

Siguiendo al historiador Tito Livio, existen dos versiones sobre la fundación de Roma. Puede que la más verosímil sea la historia que cuenta cómo concluyó la discusión entre Rómulo y Remo sobre el nombre que recibiría la ciudad que acababan de dividir con un surco sobre el suelo (del que parecen haberse hallado restos de su real existencia).

La pelea se saldó con la muerte de Remo a manos de su hermano Rómulo. Discutían cómo llamarían a la ciudad y decidieron que el que más pájaros lograra ver, elegiría el nombre. Rómulo pudo contabilizar 12 pájaros sobre el monte Palatino y Remo 6 sobre el monte Aventino.

Mientras se levantaban las murallas sobre el surco hecho, ambos juraron que ninguno de los dos traspasaría la frontera, el que lo hiciera rompiendo la promesa, podría morir a manos del otro.

Rómulo cumplió la promesa cuando Remo, ese mismo día, traspasó la línea divisoria, asesinando al que era su propio hermano. Así, se dice, comienza la historia de Roma, con un fratricidio, quizás un avance más que sintomático de lo que vendría después.

Rómulo y Remo, fundadores de Roma
Rómulo y Remo, fundadores de Roma

El significado de SPQR

SPQR es el acrónimo de la frase escrita en Latín: Senatus Populusque Romanus, que significa: ‘El Senado y el Pueblo Romano’ y que hace referencia al gobierno de la antigua República romana. 

El significado de SPQR
El significado de SPQR

En la actualidad, este acrónimo se encuentra en el escudo de la ciudad de Roma.

Coliseo Romano
Coliseo Romano

Pan y Circo

Los Césares ofrecieron alimentación y entretenimiento a su pueblo. El pan estaba garantizado (con distribuciones alimentarias para los más necesitados) y el espectáculo lo ponían al alcance de todos en el Circo, en los teatros, anfiteatros o en el Foro.

El Coliseo fue el más importante lugar de Romadonde se ofrecía el particular espectáculo. Las luchas gladiadoras eran luchas entre animales, entre animales y hombres y entre hombres y hombres.

El Circo fue inaugurado en tiempos de Tito, y era una verdadera obra de ingeniería. La arena podía ser inundada para formar un lago o volver a ocupar ese espacio para crear un nuevo decorado repleto de arena.

Por los rincones del estadio, unas fuentes que lanzaban agua perfumada, embriagaban el ambiente. Se habilitaban salas especiales para comer y beber.

El César y su esposa presidían, sobre tronos de marfil, los juegos que se podrían prolongar por días consecutivos.

El espectáculo del Coliseo solía ser más violento cuando menos gente poblaba las tribunas delCirco. Así, en las horas de las comidas o cuando los trabajadores aún no había cumplido con su horario de trabajo, se representaban los números más sádicos y cruentos.

La presencia imperial tenía múltiples objetivos, al Príncipe le servía para estar en contacto con su pueblo, para ofrecerles una presencia y una proximidad físicas, evitando así el aislamiento: no había otro medio que los actos públicos para poner en contacto poder y plebe.

Además, la situación de gobierno era compleja ante la magnitud de las cifras que movía el Imperio. En ciertos momentos, las personas que habitaban la ciudad y carecían de trabajo podía rondar las ciento cincuenta mil, a los que la asistencia pública debía atender.

Es fácil concluir que todas las provincias del extenso Imperio contribuían con impuestos y especies a soportar el inmenso gasto público del que se beneficiaban los ciudadanos romanos.

Las incontables y costosas fiestas que a lo largo del año se celebraban tomaron como objeto de culto a las divinidades, ceremonias que en lejanos tiempos se celebraban en nombre de sus dioses y que no tuvieron reparos en ampliar para contentar a los ciudadanos.

La vida cotidiana en la roma imperial
La vida cotidiana en la roma imperial

El primer número del Circo

El primer espectáculo que se desarrolló en el Coliseo tuvo como protagonistas a los animales que los romanos nunca habían tenido oportunidad de contemplar con la vista y al natural, traídos al efecto desde los confines del Imperio: cocodrilos, hipopótamos, jirafas, elefantes, linces… de los que habían capturado y desplazado diez mil ejemplares para la primera lucha sobre la arena.

Las crónicas apuntan que al menos la mitad de estos animales perecieron en aquella ocasión.

La ciudad vivió una conmoción con este primer número que el César ofrecía a sus ciudadanos, que encontraron en el espectáculo de masas un entretenimiento incomparable.

Los hombres y gladiadores que luchaban en el Circo eran esclavos o condenados a la pena de muerte por la justicia. Entre los delitos que propiciaban esta sentencia estaba el homicidio, el robo, el sacrilegio o el motín, aunque cuando había escasez de personal para saltar a la arena, los tribunales eran capaces de incluir la pena de muerte para delitos menores.

Una vez que el espectáculo se había iniciado, con la enorme popularidad que había adquirido, no podía parar.

Entre los gladiadores también había profesionales que adquirieron sus conocimientos y destrezas en academias para el efecto. Se ingresaba en dichas escuelas para aprender a combatir en el Circo, con el juramento de estar dispuesto a ser «azotado, quemado o apuñalado».

El gladiador que se mostraba valeroso en el combate podría recibir el indulto, si acaso el público mostraba el pulgar levantado hacia el cielo al término de la batalla.

La calle y el juego en la antigua Roma

Las calles de Roma eran un trasiego continuo, repletas de puestos donde los mendigos acosaban pidiendo limosna a los transeúntes. Roma era una ciudad cosmopolita, repleta de nacionalidades del medio mundo conocido, dispuestas a dejarse arrastrar por una más que acelerada vida cotidiana.

Ante la pasión y la desmesura con que muchas fortunas cambiaban de dueño alrededor de las cartas o los dados, se prohibieron los juegos de azar. Las prohibiciones alcanzaron distintos periodos que, en ocasiones, se mostraron eficaces para frenar el impulso ludópata.

La prohibición incluía multas para quien fuese sorprendido jugándose los sextercios, que suponía multiplicar por cuatro la cantidad jugada en la apuesta en la que el incauto hubiese sido sorprendido. Y, al parecer, los romanos encargados de la seguridad pública, contaban con medios más que suficientes para hacer cumplir las sanciones.

Estaban permitidos ciertos juegos algo simples y sin la supuesta «emoción» del dinero como premio. Como un muy popular juego que enfrentaba a dos ciudadanos que, cara a cara, levantaban a la vez la mano derecha y, simultáneamente, decían en voz alta el número de dedos que creían podían sumar las dos manos alzadas al tiempo.

También estaba permitido el ajedrez romano o un juego muy similar a las damas, en ciertas excavaciones han hallado tableros que fueron dibujados con tiza en el suelo de una calle romana.

Uno de los establecimientos más populares eran las tabernas o posadas. Lugares públicos donde se podían adquirir bebidas para llevar o para disfrutarlas en el sitio y donde, cómo no, se practicaba el juego clandestino. Una cosa era la prohibición oficial y otra la emoción de la clandestinidad, sumado al riesgo del propio juego.

Mientras que los prostíbulos tenían una hora de apertura, las nueve de la noche, las tabernas no tenían horario, pudiendo permanecer día y noche abiertas. La explicación para que los prostíbulos no tuvieran sus puertas abiertas durante el día se encontraba en la ley. Una ley que pretendía proteger a los «jóvenes deportistas».

Las tabernas fueron un constante objeto de crítica para los sabios latinos, los que nos cuentan la crónica de todos estos detalles de su vida cotidiana.

Sistema económico

Roma, al acuñar monedas, instauró un complejo sistema monetario que ya presenta aspectos similares a lo que encontramos en nuestra actualidad.

Contaban con libretas de ahorro, cheques y pagarés o letras de cambio. Incluso se vivieron cracks económicos parecidos al caos bursátil de finales de los años veinte del pasado siglo.

La mayor crisis la tuvo que soportar Augusto, quien regresaba con un tesoro inmenso de sus conquistas en Egipto.

Tuvo la idea de poner en circulación toda esa cantidad de dinero para dinamizar el comercio, pero los precios comenzaron una escalada de subidas imparable que no podía soportar la propia economía y por extensión el pueblo.

Tiberio decidió reabsorber a las arcas públicas el capital para impedir que circulara moneda en exceso.

Ocurrió un acontecimiento muy parecido al conocido como «corralito», sucedido no hace demasiados años, en Argentina. En Roma, aquellos que se habían endeudado en exceso, creyendo en la continuidad de la inflación, se encontraron sin dinero líquido.

Las gentes acudían a los bancos a por sus depósitos, a por su dinero, pero los bancos no podían hacer frente a la demanda. Se cerraron muchas industrias y comercios, y la crisis se extendió a otras provincias del Imperio, tal y como lo demuestra el asalto a bancos de Alejandría, Cartago o Lyon.

Se pone de manifiesto así que la economía de una ingente cantidad de población dispersa por medio mundo dependía de Roma. Aún se debate si fue el Estado o la iniciativa privada quien más contribuyó al auge de la economía del Imperio, es posible que, en realidad, sea una mezcla de la habilidad de los dos agentes la que le hicieron inmortal para la Historia.

Turistas en el Imperio

Los romanos ya practicaban el lúdico placer del viaje. Lo normal era embarcarse buscando el descanso y el divertimento en las islas griegas. Los más pobres realizaban el viaje en barcos de carga que hacían la ruta de oriente y, los ricos, en lujosas embarcaciones también a vela, provistos de suntuosos camarotes y que podían llegar a mover hasta mil toneladas.

En el reinado de Augusto se eliminó prácticamente por completo la piratería, por lo que el tiempo para alcanzar el destino solo dependía de la climatología, ampliamente estudiada, sobre todo en lo referente a los vientos, por parte de los romanos.

También es el tiempo de las primeras edificaciones de faros en las costas, que contribuían a que la navegación fuera más segura cuando caía la tarde.

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José Carlos Bermejo

José Carlos Bermejo, Madrid noviembre 1971. Escritor. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha colaborado en diferentes medios de comunicación, tradicionales y digitales. Es autor de la novela WILDE ENCADENADO y del libro de relatos RETAZOS DE UN MUNDO IMPERFECTO. + info: josecarlosbermejo.com

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