Jan-Erik-'Janne'-Olsson, el atracador que propició el Síndrome de Estocolmo
Jan-Erik-'Janne'-Olsson, el atracador que propició el Síndrome de Estocolmo

Así nació el «Síndrome de Estocolmo»

Fue el criminólogo y psiquiatra Nils Bejerot quien bautizó como el «Síndrome de Estocolmo» a lo sucedido a las víctimas de un largo atraco en una sucursal del banco Kreditbanken en Estocolmo, Suecia, el 23 de agosto del año 1973. Bejerot fue asesor psiquiátrico de la policía en aquellos dramáticos seis días que se siguieron con estupor a través de la radio, la prensa y la televisión.

Jan-Erik «Janne» Olsson es el nombre del criminal sueco que tiene el dudoso honor de haber sido el culpable y responsable del atraco y de las consecuencias que tendría, como ya decimos: el «Síndrome de Estocolmo«, un trastorno psicológico, normalmente de carácter  temporal, que aparece en quien ha sido secuestrado o violentado por otro; y que consiste en mostrarse comprensivo y benévolo con la conducta del secuestrador hasta identificarse con sus ideas y motivaciones, bien durante el secuestro o tras ser liberado.

El atraco que motivó el síndrome de Estocolmo. Imagen: gettyimages
Imagen del atraco que motivó el «síndrome de Estocolmo». Imagen: gettyimages

Jan-Erik «Janne» Olsson, nacido y criado en Ekeby, en las afueras de Helsingborg, Suecia ideó el robo de un banco en la localidad de Norrmalmstorg, en Estocolmo. Curiosamente, Olsson gozaba de un permiso penitenciario entonces.

Casi al poco de entrar en el banco e iniciarse el atraco, la policía llegó al lugar de los hechos e, incluso, se produjo un breve tiroteo, tras lo cual los oficiales se retiraron y Olsson quedó encerrado en el banco junto a cuatro personas que hizo sus rehenes.

Olsson gozaba de un permiso penitenciario entonces

La policía trató de negociar con «Janne», que exigió que permitieran entrar en las dependencias del banco a un amigo, Clark Olofsson, otro delincuente que estaba cumpliendo condena de cárcel, y quien, dos semanas antes, había realizado un intento fallido de fuga para que se uniera a él. Y, aunque cueste creerlo, las autoridades accedieron y después de que Olofsson llegara al interior del banco, la policía comenzó a negociar con el peculiar dúo, e incluso el Primer Ministro, Olof Palme, se puso en contacto por teléfono con los delincuentes para tratar de llegar a un acuerdo.

Así actuó la policía

La estrategia de la policía, asesorada por Bejerot se basó en ciertas conjeturas sobre lo que había acontecido, tal y como lo cuenta el psiquiatra: «Justo al principio el ladrón casi mata a un policía con disparos de su pistola. Conclusión: El hombre sería un grave peligro en una confrontación en el banco, o en una persecución posterior«.

Pocos días después de iniciado el atraco, otro policía fue alcanzado por disparos de los atracadores, y sólo por casualidad este no fue asesinado. «Como médico pude moverme libremente en el banco y hablar con el ladrón de cerca. Estaba claro que el hombre no estaba bajo la influencia de alcohol o drogas, tampoco que estuviera «loco». Era un hombre resuelto, de inteligencia normal, y se comportó de manera racional. Si hubiera sido psicótico, habría sido muy difícil predecir su comportamiento«, apuntó en su análisis posterior Bejerot.

El ladrón exigía la nada desdeñable cantidad de tres millones de coronas y dos pistolas. «Nos enfrentamos a un astuto, atrevido y ambicioso profesional del crimen. Hay que recordar que entre los profesionales del crimen disparar a la policía le ofrece un alto estatus. Está, sin embargo, en una categoría inferior de su dignidad de estos criminales herir a los rehenes.

Por supuesto, hubo intentos por parte de la policía de penetrar en el banco y poner fin al atraco. Intentaron usar gas, pero Olsson colgó sogas alrededor del cuello de los rehenes, de tal manera que si caían al suelo, serían estrangulados. «Esta situación nos pilló completamente por sorpresa. Oímos a través de los micrófonos, que la policía había logrado introducir, que los rehenes estaban ante una seria amenaza, y por lo tanto, la acción se suspendió inmediatamente«, aclara el psiquiatra.

Sin embargo, la policía llegó a usar gas lacrimógeno. Y fue así que pudieron poner fin al atraco. La determinación del asalto final fue perfecta y no hubo víctimas, al menos materiales, porque psicológicas, sí.

Y es que, durante el atraco, el Primer Ministro sueco Olof Palme recibió luego una extraña llamada de una de las rehenes, que se mostraba enojada por la forma en que la policía estaba manejando la situación e insistió en que ambos atracadores Olofsson y Olson deberían ser puestos en libertad. Se trataba de Kristin Enmark, una de las empleadas del banco, que se convirtió en algo más que una ‘amiga cercana’ a Olofsson después del atraco.

Kristin Enmark, la protagonista del «Síndrome de Estocolmo«

«Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo a su lado«, declaró Kristin Enmark refiriéndose a Jan-Erik «Janne» Olsson, el hombre que la mantuvo como rehén durante seis días. Esa actitud, esa extraña concordancia con quien había cercenado su libertad, que la había puesto en peligro es lo que se conoce como «Síndrome de Estocolmo«.

Kristin Enmark cuenta su historia de amor con el ladrón Clark Olofsson.
Kristin Enmark cuenta su historia de amor con el ladrón Clark Olofsson.

Kristin Enmark escribió un libro contando su experiencia y su historia de amor con Clark Olofsson (Jag blev Stockholmsyndromet – Valvet, föraktet och mitt kärleksförhållande med Clark Olofsson) como víctima del atraco y su enamoramiento de uno de los perpetradores. El libro fue escrito en 2015. Mientras seguía encarcelado, Clark Olofsson le escribió diciendo «Espero que sus palabras sean recibidas con amabilidad, seriedad y comprensión«.

Kristin Enmark la victima del Síndrome de Estocolmo
Kristin Enmark la victima del Síndrome de Estocolmo, con su libro.

Como cuenta en el libro y en la entrevista que se puede leer en sueco en el anterior enlace: «El hecho de que todos los rehenes defendieran a Clark en el juicio, dio origen al concepto conocido internacionalmente como «El síndrome de Estocolmo«. Sin embargo, Kristin sigue siendo muy crítica con el concepto.


«En primer lugar, -asegura- nunca me enamoré del delincuenteEn segundo lugar, un síndrome es un concepto de enfermedad. Si pone esa etiqueta sobre alguien, no necesita poner tanto peso en lo que dice la persona. Según un investigador, el rehén ideal es una mujer que mantiene la boca cerrada. Entonces, como yo cuestiono las acciones de la policía, debe explicar la enfermedad de la persona para proteger el poder y la estructura de la sociedad«.


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