Noctámbulos, de Edward Hopper
Por José Carlos Bermejo

Edward Hopper (1882-1967) elaboró sobre el lienzo en 1942 esta obra sublime, que encierra muchas incógnitas y que expresa el aislamiento de los hombres y mujeres que viven en las ciudades impersonales, además de, como veremos, otras muchas cosas...

Ampliar cuadro >>
Noctámbulos
Óleo sobre lienzo. 84x152 cm. Art Institute of Chicago. EEUU
Centrándonos en el óleo, podemos decir que la crítica, de forma unánime, ha interpretado que lo que trataba de expresar o evocar Hopper era la profunda sensación de alienación de los seres humanos urbanitas. Durante los años 40, la sociedad, que había abandonado décadas atrás la vida rural, instalándose en grandes urbes, encuentra un nuevo modelo de comportamiento interrelacional, es lo que siguiendo al sociólogo Richard Sennet se enunciaba como "la paradoja del aislamiento en medio de la visibilidad", algo que ha llegado hasta nuestros días, quizá de un modo aún más exacerbado.
Hopper fue ilustrador en revistas durante la década 1023-33, trabajo que le aseguró el perfeccionamiento de la técnica compositiva, encontrando en esta obra un ejemplo más que palpable. Como apuntábamos en las imágenes superiores, sobre la pareja se nos plantea una duda. Por la posición, bien pudiera parecer que se conocen y comparten ese momento, sobre todo por la perspectiva de sus manos, casi juntas, pero esa circunstancia bien puede deberse a la propia perspectiva que el autor nos quiere mostrar.
Su expresión corporal, por otra parte, podría hacernos saber que son perfectos desconocidos. Sus rostros parecen comunicar que están sumidos en pensamientos propios. El color rojo del vestido y del cabello de la mujer ofrecen un contrapunto a la imagen, llamando nuestra atención desde un primer momento. El camarero, que ofrece acción al cuadro, con su posición encorvada y que parece que en cualquier momento se va a levantar, es un mero espectador de la imagen, también ajeno a los pensamientos o comportamientos de sus clientes. Justo detrás de él, vemos dos recipientes metálicos. Algunos críticos le han dado tanta importancia a dichos recipientes, por la luminosidad y brillo, que se habla de que son dos personajes más del cuadro que, además, hacen de contrapunto a la pareja, en realidad, los verdaderos protagonistas de la acción.
El tercer cliente, el que a primera vista pasa más desapercibido, en realidad es un personaje imprescindible. El hecho de que se sitúe de espaldas le confiere un aire más enigmático, sumido entre luces y sobras y también amparado bajo el sombrero. Se habla de que esta figura ofrece sensación de autocontención e impenetrabilidad al óleo.
Pero además, si nos fijamos, en la cafetería
no es visible la puerta de entrada al local, algo que confiere una sensación mayor de aislamiento, como si los personajes de algún modo estuvieran encerrados. La luminosidad de la luz interior de la cafetería contrasta notablemente con la oscuridad que reina fuera del establecimiento. En este sentido, Hopper logra establecer, técnicamente, la diferencia de luces y sombras que tanto nos recuerdan a la fotograría del cine negro norteamericano de la época. Si nos fijamos, en la tienda situada frente a la cafetería solo podemos ver una máquina registradora. El resto son juegos de luces claras y oscuridad silenciosa.
Quizá te pueda interesar:
>> Arte Pop, Pop Art

Rellena el siguiente formulario si quieres suscribirte gratuitamente a la Revista (Más información aquí >>)







ENTRADAS ANTERIORES