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01.03.2010. Lewis Carrol (27 de enero de 1832 - 14 de enero de 1898), cuyo verdadero nombre era Charles Dodgson, ha pasado a la posteridad por su obra "Alicia en el País de las Maravillas". Pero también, en la sombra de su figura -más allá de la literatura-, pende una grave acusación que le ha perseguido desde el silencio de su tumba: la pedofília. Ahora vuelve a saltar a la arena pública con esta biografía y con la película 'Alice in Wonderland', de Tim Burton. Y es que la acusación se ha vertebrado hasta en las imágenes, como la que se puede contemplar más arriba, donde la que fuera la Alicia real y en la que se basó el cuento, regala un evocador beso al escritor. Ciertamente, no parece una fotografía muy real si se observa con detenimiento.
La base de la defensa se fundamenta en el acceso que ha tenido la autora a la información de las cuentas bancarias de Carrol, que pasados cien años, se han podido hacer públicas y donde se constata que el escritor realizó importantes donaciones a instituciones que albergaban a niños maltratados o que habían recibido abusos físicos y/o sexuales. Al parecer, Carrol, que no poseía un gran patrimonio (se ganaba la vida impartiendo clases de matemáticas) nunca consiguió reunir ahorros debido, precisamente, a las numerosas donaciones que durante cuarenta y cinco años realizó de forma desinteresada. Un total de cincuenta instituciones se vieron beneficiadas por la labor altruista del autor de Alicia en el País de las Maravillas, entre otras se cita a la "Sociedad Protectora de Mujeres y Niños". Llama la atención que Carroll llegara a deber al banco 666 libras, el doble de su sueldo anual como profesor de matemáticas en Oxford. En palabras de Woolf: "Alguien que fuera culpable de pedofília habría hecho públicas esas donaciones para acabar con las sospechas de pederastia, pero él las mantuvo en secreto".
Por Carlos Belane
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En definitiva, ese hecho, su generosidad, ni dá ni quita razón a una posible comisión de actos deshonestos con menores. De hecho, hay quien apunta que el intento de defensa de la biógrafa no hace sino incrementar las dudas respecto de la probidad de Carrol.



