Tras situarse en "la órbita de aparcamiento terrestre" mediante el cohete Saturno V, la nave emprendió camino hasta la luna. Antes de que se realizara el alunizaje, los tres astronautas estuvieron orbitando alrededor del satélite hasta completar catorce vueltas. Armstrong se vio obligado a utilizar el mando manual en el descenso ya que, según lo previsto, parecían aterrizar en un cráter lleno de rocas que podían dañar el módulo lunar, bautizado para la ocasión como Eagle.
Todavía transcurrieron otras seis horas y media desde que descendieron hasta que Neil Armstrong saltó a la superficie. Una cámara de televisión instalada en la base del módulo permitió que todo el mundo, tan lejano en ese momento, tanto como el lugar donde nadie antes había pisado, contemplara en directo el acontecimiento. Pocos minutos después el presidente Nixon felicitaba a los astronautas.
La misión lunar tenía como objetivo recoger muestras para que fueran analizadas en Houston. Además, instalarían instrumentos para la medición del vientos solar, un sismómetro y un magnetófono. La llegada a la luna se convirtió, a mediados del siglo XX, en una carrera política. Con los bloques enfrentados, soviéticos y norteamericanos intentaban demostrar las bondades del comunismo y del capitalismo, respectivamente, en una lucha por la supremacía técnica que sirviera como apoyo a sus modelos de gobierno.




