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Drive
Por Daniel García García


Drive es probablemente la película del año. Una obra del llamado cine independiente, por no estar gestado en un gran estudio, está dirigida por el desconocido director danés Nicolás Winding Refn y basada en la obra homónima de James Sallis, perteneciente al género negro más reciente.

Pero no nos confundamos, no es una obra maestra y está lejos de serlo. Es sencillamente una película de acción en la que el espectador se reencuentra con el objetivo primigenio del llamado séptimo arte: el entretenimiento puro. No uno prefabricado, saturado de tópicos y giros 'sorpresa', que es el sello por el que se caracteriza el decadente cine de Hollywood que, salvo honrosas excepciones, redunda en superhéroes, catástrofes y efectos especiales que apabullan por saturación al espectador. Por el contrario Drive va a su ritmo, recreándose en los detalles y permitiendo al espectador degustar la película y, especialmente, las seductoras escenas de acción, casi como a cámara lenta, sin música ni aderezos ni distracciones. Eso sí, la violencia es explícita, brutal y sangrienta, muy en la línea del hiperrealismo al que se encamina el cine y la televisión en los últimos tiempos.





Los primeros diez minutos de la obra son fascinantes y sencillos a un tiempo, también muy efectivos a la hora de involucrar al espectador en la historia. A modo de preludio, se presenta como protagonista al metódico conductor encargado de la huida de un atraco a mano armada. Un personaje curioso, ensimismado, solitario, retraído y misterioso cual Travis Bickle en Taxi driver, que se gana la vida gracias a su talento al volante, ya sea como doble en escenas de acción, arreglando coches en un taller o participando en atracos. Es el círculo vicioso de un solitario empedernido, un perdedor de talento desperdiciado y un tipo duro de rara sensibilidad, hasta el momento en que conoce a Irene, su vecina. La historia de amor juega así un papel principal en la trama, pero, lejos de dar luz al mundo del protagonista, le involucra en un feo asunto con unos mafiosos implacables, con lo que el amor se frustra y desemboca en una historia de venganza que se cobrara muchas vidas. A la larga, le devolverá al oscuro anonimato que es, junto a la soledad, la seña de identidad del protagonista de Driver. Se cierra de esa suerte el círculo con el que se inicia la película.
Drive
Las influencias e iconografía de Drive se remontan al cine de los setenta y ochenta, se suelen citar películas como El silencio de un hombre, de Melville; La huida, de Peckinpah; o Sangre fácil de los hermanos Cohen; todas interesantes, pero pocos recuerdan la fantástica Taxi driver, de Scorsesse, con quien comparte una amplia variedad de elementos tanto en la forma como en el fondo: aquélla en Nueva York y ésta en Los Ángeles, pero ambas con excelsas escenas de los protagonistas conduciendo en la noche por carreteras de la ciudad; aquélla centrada en los traumas que esconde o causa la soledad y ésta únicamente en la soledad cuyo origen no se aclara (aunque sí lo hace la novela en la que se basa), pero en ambas se ven avocados a una violencia a la que su aislamiento les predispone; y en ambas una mujer se configura como la única salida a todo ese mundo de sombras y desamparo, aunque sin éxito. Por otro lado, a los amantes de los videojuegos les recordará a la ambientación de Driver y a los trabajos al volante del especialista Tanner.

Estrictamente hablando, en la película pasan pocas cosas, los diálogos escasean y entre bellos minutos musicales, silencios, derrapes y puñaladas se pasan los cien minutos de metraje. Pero no importa, la más que excelente fotografía, la cuidada ambientación, la música y la perfección en cada detalle dejan al espectador con ganas de más película. Por si fuera poco y a modo de guinda del pastel, la banda sonora de Cliff Martínez es magistral, recordando a la música 'ochentera' y los inicios del house, todo un acierto. El esquema operístico de la banda sonora me recuerda otras excelentes como la de El precio del poder, de Brian de Palma, donde también la música sirve de nexo de unión y parte sustancial del film.

La creatividad de la película se reduce a actualizar un género en desuso, de un modo muy artesanal, siendo este su gran mérito y la causa indudable de su éxito entre unos espectadores cansados, por así decirlo, de las deprimentes y decepcionantes 'actualizaciones' del cine comercializado por Hollywood. Y es que, también en el cine, cualquier época pasada fue mejor.


 





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