George Orwel fue un
hombre muy comprometido en su vida, rasgo de su carácter que el también
literato, Cyril Connolly, de origen inglés, puso de manifiesto al dejar
escrito: “Orwell era incapaz de sonarse la nariz sin moralizar sobre las
condiciones de la industria de fabricación de pañuelos”.
Sus compañeros de la
radio, en la BBC británica, donde prestó sus servicios a partir del año
1941, recordaban que le gustaba sorber el té que se derramaba, directamente
del plato.
A Orwell le atraían los
ambientes sórdidos, solía frecuentar los albergues para personas sin hogar
o, durante la guerra, los edificios derruidos por las bombas, como las casas
de Winston Smiths, las mismos que luego quedarían descritas en su novela
“1984”.
Con cierta gracia,
Orwell, decía que había nacido en el seno de una familia de “clase baja
medio alta”. Orwell inventó algunos
términos que luego han sido comúnmente utilizados o reutilizados, como:
“crimen del pensamiento” o “doblepensar”. Algunos de estos términos, u otros
como: “dos minutos de odio” o “crimental”, fueron utilizados como eslóganes
en la guerra fría.
Se ha llegado a
especular con la posibilidad de que la C.I.A. comprara los derechos de autor
de “Rebelión en la Granja” para realizar una nueva versión cinematográfica.
En la nueva adaptación se habría buscado un final feliz: los animales logran
expulsar de la granja a los cerdos que habían ocupado la posición
totalitaria que antes ocupaban los hombres. Como otros escritores
comprometidos ideológicamente, también Orwell fue acusado de ser un
infiltrado. Se le acusó de facilitar al Foreing Office británico los nombres
de algunas personas pertenecientes al partido comunista. Cuando comenzaba la
Segunda Guerra Mundial, Orwell, era contrario a que el Imperio Británico
entrara en el conflicto contra Alemania, creía que una guerra entre ambas
naciones era un “choque entre dos tipos de imperialismo”. Aunque participó
en otras guerras, como ya leímos anteriormente, terminó también participando
en la Segunda Gran Guerra, si bien la tuberculosis, casi le impide
alistarse.
Cuando notaba que la
muerte le rondaba, ingresado ya en el hospital, decidió esperarla vestido de
esmoquin.
Orwell, al final de sus días, haciendo un
balance escrito sobre su existencia, dejó dicho: “he llevado una vida
miserable durante un tiempo, pero ha sido interesante”. Al año siguiente,
después del rotundo éxito de “1984”, sin llegar a cumplir los cuarenta y
siete años, Orwell, fallecía.
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