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Era un orgullo para los bucaneros dilapidar rápidamente el botín robado. Tabernas, garitos y burdeles eran los lugares escogidos por ellos para gastar las ganancias obtenidas en sus saqueos. En una sola noche podían gastar hasta dos o tres mil “piezas de a ocho”, nombre con el que se conocían las monedas en el siglo XVIII. Se conocían como piezas de a 8 reales mexicanos, de a 12 centavos y medio de peso por real. Un gran número de estas piezas, que eran de plata, se volvieron a troquelar para formar los primeros dólares de Estados Unidos.
Tras avituallar el barco con todo lo necesario, llegaban a un acuerdo para marcar el destino de su expedición. Formaban una especie de Consejo donde acordaban las estipulaciones que regirían la travesía. El compromiso acordado incumbía a todos y no se podía romper. Determinaban el dinero que correspondería a cada miembro de la tripulación, siguiendo la ley que regía el mundo de los piratas; “si no hay presa, no se consigue sueldo”. También se especificaban las cantidades a percibir en caso de que alguno de ellos perdiera un miembro en las batallas que libraran. Han quedado registradas algunas de estas indemnizaciones: Por la pérdida del brazo derecho - 600 piezas o 6 esclavos. Por la pérdida del brazo izquierdo - 500 piezas o 5 esclavos. Por la pérdida de la pierna derecha - 500 piezas o 5 esclavos. Por la pérdida de la pierna izquierda - 400 piezas o 4 esclavos. Por la pérdida de 1 ojo o 1 dedo de la mano derecha - 100 piezas o 1 esclavo. Como se puede ver se valoraba más a los piratas diestros que a los zurdos. Del dinero sobrante, tras el pago de estas indemnizaciones, se procedía al reparto final. Al capitán le correspondían 6 veces la parte de cada marinero, que eran quienes menos cobraban, solo una parte. Y al piloto mayor y a los oficiales les correspondían 2 partes del botín. Los piratas eran muy estrictos con sus asuntos económicos. Si sorprendían a alguno apropiándose de parte del botín, le expulsaban automáticamente de la sociedad. Para saber más: > “Los piratas del Este. Los piratas del Oeste”, Philip Gosse. > “Los ladrones del Mar”, Cruz Apestegui. Artículo Relacionado: ******************** ************************************** |
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En una crónica cuenta uno de los hombres al servicio de un bucanero una de sus costumbres: “se compraba un tonel entero de vino, lo sacaba a la vía pública y forzaba a beber con él a todo el que pasase, amenazando con la pistola a quien intentara rehusar el obsequio”.



