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Historia, Arte y Literatura

 

La Publicidad “Moderna”

 

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Los inicios de la Publicidad (Segunda Parte)

   

Por Carlos Belane

El hombre-sándwich y los primeros recursos publicitarios.

Hace menos de doscientos años, como decíamos, se descubre todo. Se descubre incluso la calle. Las grandes migraciones campo-ciudad habían alcanzado, en muchos países del mundo, sus cotas máximas y la vida en la ciudad, con sus peculiaridades, se desarrollaba en la calle. Por eso se explica la existencia de una figura que de forma ordinaria desapareció hace mucho tiempo, pero que de cuando en cuando se pueden ver por algunas capitales del mundo. Es el hombre-sándwich, una serie de personas que se paseaban por las avenidas con dos carteles que les cubrían el cuerpo por completo, iban y venían calle abajo como “hombres anuncio”. En estos tiempos, ya pueblan las calles los escaparates de tiendas y comercios que se sirven como reclamos de estos personajes y sus carteles colgantes.

 

 

   

También se idearon carromatos y carrozas que lucían anuncios publicitarios. Y para dar la vuelta de rosca completa, no solo los “hombres anuncio” con carteles publicitarios se paseaban por la calle, también lo hacían otros personajes que disfrazados de chinos podían estar promocionando la venta de te u hombres subidos a grandes zancos, intentaban dar a conocer la última marca de betún, un producto muy publicitado en esos lejanos tiempos.

Además, por la calle pululaban personajes que repartían folletos u octavillas. La idea de esta forma publicitaria surge a partir de las clásicas tarjetas de presentación comerciales, que evolucionaron hacia esta fórmula. Las octavillas, tal y como hoy sucede en tantas ciudades del mundo, se repartían de mano en mano, y hasta llegó a hacerse de casa en casa, llamando a la puerta para hacer la entrega.

El objetivo de la publicidad alcanzó a cualquier medio que le hiciera llegar a su fin: al mayor número de personas. En el siglo XIX, cuando se cayó en la cuenta de que la máquina de vapor servía para algo más que para bombear agua, se comenzó a utilizar para el transporte de cosas y personas. Y, así, los ferrocarriles comenzaron a lucir publicidad, aunque solo en los vagones de segunda y tercera clase, no en los exteriores de los vagones de primera. Las estaciones y apeaderos también eran lugares donde se pegaban carteles o se mantenían estructuras fijas donde se alternaban los mensajes publicitarios. La historia ha registrado que se produjo una especie de boom pasajero en el que se vieron inmersos muchos anunciantes que veían en este nuevo medio de locomoción una auténtica mina de oro. Pensaban que los viajeros iban a ser un seguro para los productos que ponían a la venta. Sin embargo, muchos de ellos se arruinaron en la precipitación. Se tardaría, todavía, muchos años en asegurar de este medio una vía publicitaria óptima.

 

Curiosidades Publicitarias

También en el Mundo Antiguo hubo actividad publicitaria. Preferentemente, se anunciaban los espectáculos, como el circo o el teatro. También se anunciaba la venta de esclavos y las tabernas. Incluso, los políticos lanzaban mensajes publicitando sus cualidades para obtener los votos que les dieran el poder. Todos estos mensajes y anuncios, desde luego, intentaban hacer atractiva la actividad o el “producto” que mostraban a su público.

Algunos anuncios, que se decían de viva voz hace más de dos milenios, decían textualmente: 

-          “Oye perfectamente con los dos oídos, ve perfectamente con los dos ojos. Os garantizo su frugalidad (que come o bebe poco), su honradez y su docilidad. Sabe un poco de griego”. Este mensaje fue utilizado para exponer las virtudes de un esclavo.

-          “¡Qué carne firme! Garantizada su inocencia. Usted mismo comprobará cómo se sonroja”. En este caso, el anuncio publicitario se refería a una esclava puesta a la venta.

-          Las tabernas y bares de la época no solo se anunciaban para hacer públicas sus “virtudes”, también lo hacían cuando se ponían en venta o alquiler. Uno de estos mensajes decía así: “Se alquila desde el 1 de los Idus de marzo, taberna con sus enseres. Dirigirse al procurador de Nigidius”.

En la ciudad de Pompeya, destruida por el volcán Vesubio en el año 79 d. C., se han encontrado lugares que se reservaban para que los ciudadanos insertaran su “clasificado”. Se trataba de

mensajes directos y explícitos. Dos curiosos mensajes electorales decían: “Los comerciantes de frutas desean tener a Holconius Pricus como magistrado” o, este otro, invitando al voto: “Firmus vota por Marcus Holconius”.

También en Pompeya, en las calles en las que los orfebres comerciaban, tras las excavaciones se llegaron a localizar algo parecido a paneles, que recibieron el nombre de “alba”, y que era el lugar donde exclusivamente se podían insertar mensajes publicitarios.

Algunos carteles, de carácter más esporádico, también han sido localizados en las sucesivas excavaciones realizadas en el emplazamiento del antiguo Foro Romano. En esa época, en que la mayor parte de la población era analfabeta, esas pinturas, llamadas enseñas, servían más bien para orientar y facilitar la llegada al lugar anunciado. Una vez más, tabernas, aunque también prostíbulos o comercios, eran los anunciados.

     

 

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