La puerta de Dios siempre está abierta de par en par. Refrán Persa. Jerusalén es ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes. Para los cristianos porque fue el lugar donde fue martirizado Jesucristo; para los judíos porque fue la capital de su primer reino y simboliza su tierra natal; y para los musulmanes porque creen que fue el lugar desde el que Mahoma ascendió al cielo. |
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Resulta paradójico que, con lo grande que es el mundo, se hayan concentrado en un terruño tantas dispares coincidencias.
En tiempos de Jesús, los judíos se diferenciaban entre los que hablaban griego y los que hablaban arameo; y se diferenciaban entre los que seguían dos instituciones distintas: la sinagoga y el Templo. La sinagoga era el lugar donde se reunían para leer y estudiar las Escrituras y quien se encargaba de inspeccionar la Ley de Dios. La adoración cristiana guarda muchas relaciones con las prácticas de la sinagoga: se hacían oraciones públicas y se confesaban los pecados, por ejemplo. En el Templo, cada mañana y cada tarde se sacrificaba un cordero a favor del pueblo y en días de fiesta, se sacrificaban cientos. Si existían muchas sinagogas, Templos solo existía uno. El Templo fue el centro del culto hasta su destrucción, a manos de los romanos, siendo luego sustituido por la sinagoga. El griego, como idioma, era el más extendido, como decíamos, pero el cruce de culturas se extendía, como no podía ser de otra manera, a la cuestión idiomática. El latín, idioma oficial del Imperio Romano convivía además con el arameo que era la lengua común en Palestina. Vida cotidiana Conocemos cómo era la vida cotidiana en Jerusalén, en tiempos de Jesús, gracias a las parábolas: a las comparaciones sencillas con las que Cristo intentaba explicar su doctrina.En ellas aparecen cómo se desarrollaban las labores del campo, el trabajo de los pastores o cómo las mujeres desempeñaban las quehaceres domésticos. Las descripciones alcanzan hasta el desarrollo del trabajo de los tratantes de perlas. Las parábolas son un resumen de la vida normal de las gentes de aquel tiempo, que además se podían extender a “todos”, a pesar de las diferencias que se encuentran en el entendimiento que demostraban ante el mismo acto de vida por las diferencias culturales, religiosas y políticas. Las parábolas, en cualquier caso, no fueron una creación de Jesucristo, ya que fueron utilizadas en el Antiguo Testamento, donde también describen actos de la vida diaria de las gentes. Aunque Roma dominaba -como provincia- el territorio de Palestina, el Imperio no solía interferir demasiado en la vida local (de ahí la actitud de Poncio Pilato en el momento en que se desentiende al tomar la decisión sobre el destino de Cristo). Los romanos, eso sí, se reservaban la capacidad en exclusiva para aplicar la pena de muerte. Lo más importante para ellos era mantener la paz y seguir recaudando impuestos: dinero que llegara a Roma como impuestos directos sobre la riqueza y sobre las aduanas y el comercio. Cicerón dejó escrito que, muchas veces, era más costoso vigilar todas las provincias romanas que el dinero que eran capaces de generar. A cambio del pago de los impuestos, la población recibía, de un lado, seguridad y, de otro, servicios públicos (calzadas, acueductos) que de otra manera, no tendrían. Generalmente los impuestos no eran cobrados por los romanos de forma directa para no generar tensiones. Creaban empresas comerciales pertenecientes a personas naturales de la provincia explotada que por licitación se encargaban de hacerlo. Todo el dinero ingresado por impuestos iba camino de Roma, por lo que para obtener ganancia, estas empresas sobrecargaban de tasas a los contribuyentes. I Artículos relacionados: Las Reliquias del Cristianismo I La Verdadera Historia de los Reyes Magos I El Código Secreto de la Biblia I |
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