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Historia, Arte y Literatura

   

La Vida en Tiempos de Jesús Primera Parte

 

La puerta de Dios siempre está abierta de par en par. Refrán Persa.

 

Por Carlos Belane

 

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Jerusalén es ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes. Para los cristianos porque fue el lugar donde fue martirizado Jesucristo; para los judíos porque fue la capital de su primer reino y simboliza su tierra natal; y para los musulmanes porque creen que fue el lugar desde el que Mahoma ascendió al cielo.

Resulta paradójico que, con lo grande que es el mundo, se hayan concentrado en un terruño tantas dispares coincidencias.

 

 

 

Cruce de culturas.
La influencia de tres culturas convivían en tiempos de Jesús, en la tierra sobre la que Él propagó la Palabra. Por encima de todo estaba el Imperio de Roma, fundada siete siglos antes del nacimiento de Cristo, era el poder político que regía el gobierno de los hombres, la cultura griega, sobre la que se fundaba los espíritus y las mentalidades e incluso la cultura ya que era el idioma oficial aceptado por el mundo. Por último, imperaba en el terreno religioso la tradición basada en el judaísmo. No todo era concordia y distensión, había demasiadas diferencias que separaban no solo esos mundos, sino los mundos en sí mismos.


La vida social en aquel tiempo estaba invadida por la naturaleza religiosa de todas las cosas, algo que no parece haber cambiado con el tiempo en esas latitudes, donde la religión interviene en la esfera pública y privada de todas las personas que allí habitan.

 
 
 
 
 
 
 
   

Jerusalén - El Templo

   
 

En tiempos de Jesús, los judíos se diferenciaban entre los que hablaban griego y los que hablaban arameo; y se diferenciaban entre los que seguían dos instituciones distintas: la sinagoga y el Templo. La sinagoga era el lugar donde se reunían para leer y estudiar las Escrituras y quien se encargaba de inspeccionar la Ley de Dios. La adoración cristiana guarda muchas relaciones con las prácticas de la sinagoga: se hacían oraciones públicas y se confesaban los pecados, por ejemplo. En el Templo, cada mañana y cada tarde se sacrificaba un cordero a favor del pueblo y en días de fiesta, se sacrificaban cientos. Si existían muchas sinagogas, Templos solo existía uno. El Templo fue el centro del culto hasta su destrucción, a manos de los romanos, siendo luego sustituido por la sinagoga.

El griego, como idioma, era el más extendido, como decíamos, pero el cruce de culturas se extendía, como no podía ser de otra manera, a la cuestión idiomática. El latín, idioma oficial del Imperio Romano convivía además con el arameo que era la lengua común en Palestina.

 

         

 

 
 

Interesante fragmento de un documental del Canal Historia de televisión basado en las investigaciones arqueológicas sobre el Templo, durante la vida de Jesús y en tiempo posterior.

 

       

¿Qué han hecho por nosotros los romanos?

 
   

Vida cotidiana.

Conocemos cómo se desarrollaba la vida cotidiana en Jerusalén, en tiempos de Jesucristo, gracias a las parábolas: a las comparaciones sencillas con las que Jesús intentaba explicar y dar a conocer su doctrina. En ellas aparecen cómo se desarrollaban las labores del campo, el trabajo de los pastores o cómo las mujeres desempeñaban las quehaceres domésticos. Las descripciones alcanzan hasta el desarrollo del trabajo de los tratantes de perlas. Las parábolas son un resumen de la vida normal de las gentes de aquel tiempo, que además se podían extender a “todos”, a pesar de las diferencias que se encuentran en el entendimiento que demostraban ante el mismo acto de vida por las diferencias culturales, religiosas y políticas. Las parábolas, en cualquier caso, no fueron una creación de Jesucristo, ya que fueron utilizadas en el Antiguo Testamento, donde también describen actos de la vida diaria de las gentes.

   
   

Aunque Roma dominaba -como provincia- el territorio de Palestina, el Imperio no solía interferir demasiado en la vida local (de ahí la actitud de Poncio Pilato en el momento en que se desentiende al tomar la decisión sobre el destino de Cristo). Los romanos, eso sí, se reservaban la capacidad en exclusiva para aplicar la pena de muerte. Lo más importante para ellos era mantener la paz y seguir recaudando impuestos: dinero que llegara a Roma de forma sencilla y a través de dos fórmulas, como impuestos directos sobre la riqueza y sobre las aduanas y el comercio. Cicerón dejó escrito que, muchas veces, era más costoso vigilar todas las provincias romanas que el dinero que eran capaces de generar. A cambio del pago de los impuestos, la población recibía, de un lado, seguridad y, de otro, servicios públicos (calzadas, acueductos) que de otra manera, no tendrían. Generalmente, estos impuestos, no eran cobrados por los romanos de forma directa para no generar tensiones entre la población. Creaban sociedades o empresas comerciales pertenecientes a personas naturales de la provincia explotada que por licitación se encargaban de hacerlo. Todo el dinero ingresado por impuestos iba camino de Roma, por lo que para obtener ganancia, estas empresas sobrecargaban de tasas a los contribuyentes.

   
   
   

En "La Vida de Brian", se destaca con buen humor el aspecto que tratábamos anteriormente. Roma controlaba el territorio, y no siempre eran bien vistos por los pobladores ocupados, aunque parece que, ciertamente, había una contraprestación...

     

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