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Este efecto fue descubierto en 1824 y recibió el nombre de “persistencia
retiniana” y es lo que explica el fenómeno cinematográfico. Si bien esta
cualidad ya era conocida por los antiguos egipcios, científicamente quedó
registrada como la capacidad de la retina del ojo humano para retener la
imagen de un objeto entre la vigésima parte y la mitad de un segundo después
de retirarla del campo de visión. Es decir, el cine se basa en esta ilusión
generada por una máquina. La razón la encontramos en que el cerebro humano
tiene un umbral de percepción por debajo del cual las imágenes que contempla
parecen continuas. La velocidad de las películas –24 fotogramas por segundo–
está por debajo de ese umbral. Además, la persistencia de la visión nos
impide ver las líneas divisorias entre los fotogramas.
Muchos fueron los instrumentos utilizados antes del cinematógrafo y muchas
las luchas entre inventores para apoderarse del invento definitivo, que
causaba una verdadera sensación entre las gentes. En Nueva York, en 1.896,
ni productores ni exhibidores hacían caso a las patentes de las máquinas y
se aprovechaba cualquier ausencia de copyright para forjar la incipiente
industria del celuloide.
Hasta el año 1.903 se crearon cientos de breves películas de ficción, aunque
ninguna llegó a tener el metraje y las características de “Asalto y robo de
un tren”. Este cortometraje era innovador porque hasta la fecha se rodaban
historias sencillas sin una trama ni tensión dramática. En este caso,
durante 6 minutos, el espectador podía contemplar el atraco a un
telegrafista, la huída de los malhechores y su persecución a caballo. Se
intercalaban imágenes mostrando lo que sucedía al unísono a los personajes,
es decir, se creaba una tensión psicológica. Para concluir, los últimos
fotogramas se reservaban para que uno de los forajidos, dirigiéndose al
público, descargara las balas de su pistola sobre el público. El espectáculo
total había comenzado.
Es también en 1.903 cuando los teatros comienzan a transformarse en salas de
cine. En Nueva York, en ese año, existen 10 salas y el precio de una entrada
es de 5 centavos, o lo que es lo mismo 1 nickel, de ahí que comenzaran a
llamarse “Nickelodeons”.
Y es en este tiempo cuando surgen las primeras productoras de la mano de
William Fox o Sam Warner, apellidos aún presentes en el panorama de esta
industria que florecía con un gran argumento: convertir la imaginación de
los sueños en arte. Algo que logra D.W. Griffith, al que se le considera el
descubridor de algo que aparentemente puede parecer simple: el cine es la
conjunción de literatura, fotografía y pintura.
Las primeras estrellas
Fue
Griffith quien tras el obligado paso por el teatro como actor y como
escritor de argumentos para películas (no existían guiones cinematográficos,
pues el cine aún era mudo), pasa a ejercer la moderna labor de Director.
Descubre a Mary Pickford, de 16 años de edad, a la que se puede considerar
la iniciadora de lo que más tarde se conocería como “star system”,
acompañada por su partenaire, Dougals Fairbanks y a los que luego siguieron
Rodolfo Valentino o Greta Garbo. Hasta entonces los nombres de los actores
no aparecían en los créditos de las películas, pero dada la popularidad que
estaban ganando entre el público, en los contratos comienza a extenderse una
cláusula que indicaba que el nombre y los apellidos debían figurar como la
“estrella” del film. Estamos en 1910.
Ocho años
después, los dos actores –Pickford y Fairbanks– y el director Griffith se
unieron a Charlie Chaplin para crear la United Artist. La primera productora
artística de envergadura.
En cuanto
a la producción del cine europeo de la época, destacan producciones de F.W.
Murnau o de Fritz Lang, con Metrópolis (1927), que tanto influirían en el
cine norteamericano, que comienza a contratar los talentos del viejo
continente, de tal forma que impide el desarrollo y el crecimiento de la
industria cinematográfica europea. Y que no quedaría ahí, pues todos los
talentos sobresalientes cruzaron el charco: Hitchcock, Ernest Lubitsch, y un
largo etcétera.
Cine mudo Latinoamericano:
Si bien
no existió una industria cinematográfica como tal hasta los años cuarenta,
el cine penetró en todo el continente americano desde sus inicios. México
fue el país que con más interés explotó comercialmente el nuevo y
espectacular invento. La primera película del cine mexicano fue “Riña de
Hombres en el Zócalo”, que data del año 1897. A partir de ahí, la
producción se centra en noticiarios que tratan el tema de la Revolución e
Independencia Mexicana. Uno de los ejemplos es el film “La Insurrección en
México” facturada en 1911, aunque pocos años después, en 1917, Venustiano
Carranza limita la producción y exhibición de los documentales que trataran
sobre los aspectos revolucionarios.
Llega el cine sonoro
El primer
sistema que compaginaba voz e imagen, de forma eficiente, surge de la mano
de la productora Warner Brothers en 1926. Un año después el público ya
puede contemplar la primera película del cine sonoro, “The Jazz Singer”,
interpretada por Al Jolson. La publicidad del film utilizaba una frase que
se incluía en la película y que era del todo elocuente: “Aún no has oído
nada”.
Color en la pantalla
Aunque
desde casi el comienzo se había intentado poner color a las imágenes, no se
logra con los efectos deseados hasta 1933. Dos años después surgía la
primera cinta “La Feria de las Vanidades”, que usaba un sistema basado en
tres colores. A partir de ese momento, el blanco y negro quedaría a
disposición del director para contar historias que impactaran, o para las
producciones de bajo presupuesto.
La censura
La
propia industria cinematográfica norteamericana ha sido quien ha ido
regulando la censura sobre el producto que ofrecía al espectador. En 1922 se
creaba la Motion Picture Association America, a raiz de ciertos escándalos
que implicaban la vida privada de los actores del cine mudo. Los grandes
estudios de Hollywood crearon en 1930 unas reglas de conducta que serán
conocidas como Código Hays, creado por el político republicano Will H. Hays.
El código impedía que en las películas se trataran temas como el tráfico de
drogas, el aborto, la homosexualidad, las relaciones entre personas de
distintas razas o las perversiones sexuales, entre otras cosas. Durante la
vigencia del código no se llegó a prohibir ninguna película, no obstante sí
que se cambiaron argumentos o se cortaron escenas. La oficina Hays fue menos
permisiva con las películas independientes o con las que provenían del
extranjero, obligadas en muchos casos a ser exhibidas fuera del circuito
comercial convencional, quedando relegadas a pequeñas salas.
El
código Hays marcó la producción cinematográfica hasta el año 1966.
Hollywood
El
escritor soviético Ilya Ehrenburg definió Hollywood como la “fábrica de
sueños” en la década de los años veinte del siglo pasado y aunque a lo largo
de todos estos años han cambiado unas cuantas cosas, la fábrica sigue
facturando visiones de ensueño a la medida del tiempo.
Hollywood era –y es– una colina que se “descubre” para que la industria
comenzara a establecerse en un lugar idóneo, próximo a L. A., con un
excelente clima y con muchas horas de sol. Los esfuerzos publicitarios se
ven recompensados muy pronto porque el elevado número de producciones
muestran una enorme calidad que contenta al público.
Las
décadas de los años 30 y 40 son fundamentales en la Historia del Cine, tal y
como lo conocemos, pues se gesta una nueva forma de hacer, están en su
apogeo todos los géneros posibles (western, comedias, cine fantástico...)
Surgen los grandes festivales internacionales (Cannes, Venecia). En 1939
optaban al Oscar a la mejor película 10 filmes (no como en la actualidad que
son 5), entre otras estaba “Gone With the Wind”, “Ninotchka”, “El Mago de Oz”,
“Good Bye, Mr. Chips” y aunque la vencedora fue la película interpretada por
Clark Gable, el resto de títulos, incluidos en cualquier antología del Cine,
da una idea del alto nivel de producción de esa época. Donde actores y
actrices eran las estrellas indiscutibles, cuidadas con mimo por los grandes
estudios.
El
slogan “las películas son mejores que nunca” (Movies are better than ever”)
utilizado por los estudios en los años 50 no respondía totalmente a la
realidad, pues se considera que en esta década muere el “Hollywood clásico”.
Se constata que la estructura que sostiene la industria, basado en el “star
system” y en el sistema de estudios, entra en crisis. La televisión es en
parte uno de los grandes responsables. Fue entonces cuando se hicieron vanos
intentos por mantener al público sobre sus butacas, como las películas en 3
dimensiones que no duraron ni dos temporadas.
El
cinemascope, junto con la sofisticación del sonido, trajeron de nuevo las
ideas de grandiosidad y realismo total, la base de atracción del cine.
Mientras, directores europeos, comenzaban a desarrollar lo que se ha venido
en llamar “cine de autor”. Buñuel, Jean-Luc Godard, Luchino Visconti o
Fellini.
La
evolución natural de las cosas ha traído una mezcolanza de todo lo que tras
el tiempo se ha ido construyendo alrededor del cine: las estrellas de la
pantalla, el sonido, la luz y el color. La técnica y los efectos especiales
siguen al servicio del espectáculo, incluso más que nunca, aunque “nunca” no
es una palabra que se use normalmente en el cine, como tampoco lo son las
circunstanciales y fatídicas palabras: The End. |
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