Suscribir

 

Historia, Arte y Literatura

 

 

Intuyendo la Esencia de la Vida

Del rebaño de Jacob a la oveja Dolly I. Historia de la Genética

Por Inmaculada Majano Sánchez

“….Dijo Labán: ¿Y qué es lo que quieres que te dé? No quiero nada, respondió Jacob; mas si hicieres lo que voy a pedirte, proseguiré apacentando y guardando tus ganados. Haz revista de todos ellos, y separa desde ahora para ti las ovejas todas manchadas de color y de vellón moteado; y en lo sucesivo todo lo que naciere de color oscuro, manchado y variado, tanto de las ovejas como de las cabras, eso será mi recompensa…. Génesis (30,31 y 30,32)

 

 

Otros Artículos

La Muerte No Os Sienta Tan bien Leer

¿Existe el Tiempo? Leer

El Mundo de los Sueños Leer

¿Creen los Científicos en Dios? Leer

El Idioma de los Gestos Leer

Curiosidades de la Mafia Leer

Las Armas del Poder Leer

Más Artículos en Actually Notes  Leer...

 

De esta forma comienza en el Libro del Génesis el pasaje en el cual se narra el artificio ideado por Jacob para acrecentar su rebaño. En dicho pasaje se puede leer cómo Jacob, gran observador y seguramente deseoso de vengar la explotación a que había sido sometido por parte de su suegro, se había dado cuenta de que un carácter determinado de las ovejas y las cabras (el color del pelo) se transmitía a la descendencia de tal manera que el número de animales manchados o rayados iría aumentando en sucesivas generaciones.

Esta es posiblemente la referencia más antigua a la genética que se puede encontrar en la historia escrita y en ella se pone claramente de manifiesto que hace cuatro mil años ya se tenía una idea intuitiva del papel de los genes que posteriormente se denominarían “dominantes” y “recesivos”. Es fácil suponer que ya entonces se experimentaría con entrecruzamientos para obtener animales con características óptimas a partir de los ejemplares más fuertes y sanos. Sin embargo, el modo en que los rasgos se transmitían entre una generación y la siguiente seguiría siendo un misterio durante varios miles de años. 

También los antiguos chinos se acercan al estudio de la herencia cuando describen ciertas discapacidades con las que nacían algunos ratones a los que llamaron “ratones bailarines”. Dichos ratones caminaban tambaleándose en círculos generando el movimiento del baile por un defecto hereditario en el oído interno que afecta al equilibrio.

Posteriormente, en el siglo XVII, en China y Japón se criaban ratones cuyo fenotipo (manifestación observable del conjunto de genes que porta el individuo) era especial. Se buscaban características llamativas principalmente y así las cepas obtenidas y mantenidas con fines ornamentales recibían nombres como “amarillo con ojos color rubí” o “rojo cremoso”.

Los hindúes, hacia el año 1000 a. de C. ya hablaban de ciertas enfermedades que parecían “correr en las familias”. Además estaban convencidos de que los niños heredaban todas sus características de los padres y dejaron constancia de ello en sus textos. En la misma época, los babilonios celebraban con ritos religiosos la polinización de las palmeras y tanto ellos como los egipcios producían frutos por fecundación artificial.

No nos sorprende, pues, que los antiguos griegos se implicaran también en el intento de conocer la herencia. Hipócrates, por ejemplo, afirma 400 años a. de C. que el hombre aporta las características hereditarias a sus hijos a través del semen y supone que las mujeres tienen un fluido similar; como el aporte se supone aproximadamente igual, piensa que ambos fluidos lucharían para  decidir qué rasgo sería el dominante que habría de transmitirse a la descendencia.

Teofrasto (371-287 a de C.), por su parte, describió diferencias entre las flores masculinas y femeninas, decía que “los machos debían ser llevados a las hembras” dado que las “hacían madurar y persistir” y Aristóteles (384 – 332 a. de C.), a quien debemos considerar el primer gran naturalista de la historia, escribió un libro titulado “De la generación de los animales” en el que hace importantes reflexiones, basadas en la observación, sobre los mecanismos de reproducción de los animales y desarrolla  teorías sobre este tema que fueron adoptadas por la mayor parte de los naturalistas que le sucedieron entre los que se encuentran Isidoro de Sevilla (560-636), el árabe Avicena (980-1037) y el bizantino Miguel Psellos (1017-1078).

En estas teorías hablaba de un “calor” natural en los machos que les permitía transformar la sangre en semen y adjudica a los machos la capacidad de aportar el alma al nuevo ser mientras la hembra aportaría la materia. Así, el nuevo ser provendría de la unión de un principio pasivo (materia aportada por la hembra) con un principio activo (alma aportada por el macho a través del semen que la hembra es incapaz de fabricar). El alma transmitida a través del semen dotaría al cuerpo con forma y movimiento.

 

 

Existían también teorías que aseguraban que estas mezclas eran innecesarias para dar lugar a formas de vida más simple como los gusanos o las moscas ya que se tenía asumido que surgían por generación espontánea.

Siglos después, William Harvey (1578-1657), eminente científico inglés, además de ser pionero en el estudio de la circulación de la sangre, escribió “Ex ovo omnia” (De un huevo, todo) y afirmó que “omni vivium ex vivo” (todo ser vivo procede de otro), lo que iba en contra de la teoría de la generación espontánea. Pero no se pudo dar respuesta a alguno de los problemas fundamentales de cómo funciona realmente la herencia hasta la invención del microscopio por el holandés Anton van Leeuwenhoek (1632-1723). Lo que hizo singular a este personaje fue una curiosa afición: pulía lentes diminutas consiguiendo lentes biconvexas de calidad excelente para su época y a través de ellas observaba objetos que montaba sobre la cabeza de un alfiler, ampliándolos hasta 300 veces. Los dibujaba y describía con una gran precisión. Entre otras muchas cosas, observó la fecundación en peces y anfibios, describió los espermatozoides de insectos, hallazgo absolutamente contrario a la idea generalizada de que los insectos surgían por generación espontánea, describió el ciclo vital de las hormigas mostrando que las larvas y pupas proceden de huevos. También observó los espermatozoides humanos, creyendo que cada uno portaba un organismo completo en miniatura (teoría conocida como preformacionismo). Incluso experimentó con cruces entre ratones blancos y grises, lo que se puede considerar un antecedente de los experimentos de Mendel.

seguir leyendo...    I II III IV

 

Para saber más:

“Del Big Bang al Homo Sapiens”.  Antonio Vélez Montoya. Villegas Editores

“Origen de la Vida sobre la Tierra”. A. I. Oparín. Tecnos.      

 

 

         

Enviar a un Amigo

Si te ha gustado este artículo, SUSCRÍBETE a

Actually Notes, ¡Es GRATiS!

 

 

 

 

 blink it

 
 

 

Google
 
 
COMENTA ESTE ARTÍCULO:

Tus comentarios serán añadidos a la Web una vez hayan sido revisados. Gracias.

   
   

Todos los derechos reservados. Actually Notes © 2007-2008.