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Historia, Arte y Literatura

 

 

Intuyendo la esencia de la vida

Del rebaño de Jacob a la oveja Dolly I. Historia de la Genética

Por Inmaculada Majano Sánchez

A partir de 1800, empiezan a sucederse descubrimientos que irán allanando el camino para que a principios del siglo siguiente surja una nueva rama de la Biología que se conocerá como Genética. La construcción de esta ciencia es una de las aventuras intelectuales más apasionantes y prodigiosas de la mente humana.

   

 

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En el siglo XIX emerge una nueva visión de la Biología que la llevaría a desligarse definitivamente de los últimos vestigios medievales y aristotélicos. Concretamente en 1838 se establece la teoría celular al descubrir que todos los organismos vivos están constituidos por células que son básicamente iguales, y veinte años después se añadiría un nuevo pilar a dicha teoría celular cuando el fisiólogo alemán R. Virchow introduce el principio de la continuidad de la vida mediante la división celular. Se establece así la célula como unidad de reproducción y por tanto se abandonan totalmente la teoría de la generación espontánea y el preformacionismo. Se establece que la célula contiene las potencialidades de generar un organismo completo, lo cual lleva a una búsqueda casi compulsiva de la base material de la herencia.

En 1859, el naturalista británico Charles Darwin hace pública su teoría de la evolución biológica en su libro “El origen de las especies”. Esta sería la segunda gran unificación del siglo después de la teoría celular.

La teoría de la evolución por selección natural se basa en que las crías de cualquier especie compiten por la supervivencia. Las que logran sobrevivir, tienden a incorporar variaciones naturales favorables que se pasan por herencia a la siguiente generación. De esta forma se consigue que cada generación mejore su adaptabilidad respecto a las generaciones precedentes, y este proceso gradual y continuo es la causa de la evolución de las especies.

A lo largo de varias décadas hubo dudas entre la comunidad científica sobre las teorías de Darwin, pero los ataques más severos no vinieron de los científicos, sino de los opositores religiosos. En 1875, el teólogo Charles Hodge acusó a Darwin de negar la existencia de Dios al afirmar que el hombre era resultado de un proceso de evolución natural y no de la creación divina.

De Darwin se hicieron burlas y se llegaron a publicar caricaturas ridiculizándole. En la imagen podemos ver que se le representa con las características propias de los simios (el mentón, las cejas y la forma de su cabeza) como burla a su observación de la evolución del simio al hombre actual. La teoría de la selección natural tendría que esperar hasta la tercera década del siglo siguiente para ser totalmente aceptada, y ello ocurrió en parte gracias a que Darwin siguió realizando un intenso trabajo de recopilación e interpretación de gran número de observaciones y experimentos. Él sabía que su teoría carecía de una explicación para el origen y el mantenimiento de la variación genética sobre la que opera la selección. Para solucionar este problema, sostuvo la teoría de la pangénesis según la cual, cada órgano y estructura del cuerpo produce unas pequeñas partículas de reproducción llamadas gémulas que por vía sanguínea llegaban a los gametos. En los gametos se encontrarían gémulas procedentes de cada órgano y por tanto, las células reproductoras tendrían la potencialidad de desarrollar un organismo completo. Sin embargo, esta hipótesis acerca de la herencia, al contrario que su teoría sobre la evolución, resultó errónea, como demostró Francis Galton realizando transfusiones de sangre recíprocas entre dos cepas de conejos de que tenían diferente color. De cualquier modo, el trabajo de Darwin estimuló enormemente el pensamiento en el campo de la genética.

 

No obstante, sería Gregor Mendel (1822-1884), un monje austriaco que en su tiempo libre criaba plantas de guisante en el monasterio, quien propondría la idea original de lo que hoy llamamos gen. Él lo llamó “factor” y éste vendría a ser el responsable de la transmisión de los caracteres de padres a hijos. En el año 1865, Mendel publicó en el Boletín de la Sociedad de Ciencias Naturales de Brünn (Moravia, actualmente en la República Checa) su trabajo “Experimentos de hibridación en plantas”, donde se resumían los experimentos que había llevado a cabo durante 8 años en el guisante Pisum sativum. Había basado el éxito de su trabajo en un diseño experimental sencillo y en un análisis cuantitativo de los datos y así logró demostrar que la herencia se transmite por  partículas (no mediante mezclas) y que la transmisión de dichas partículas sigue normas estadísticas sencillas. La gran importancia de este trabajo no sería reconocida hasta varias décadas después.

En el año 1866, el biólogo y filósofo alemán Ernst Haeckel anticipó el hecho de que la clave de los factores hereditarios reside en el núcleo de la célula.

A finales del siglo, surgen nuevas técnicas de estudio de la célula, se desarrolla el micrótomo (dispositivo mecánico que permite realizar cortes extremadamente finos en las muestras de materiales para poder observarlos al microscopio) y las lentes de inmersión en aceite, lo que permitió descubrir la fusión de los núcleos del óvulo y el esperma (fecundación) y la mitosis (proceso de división que se lleva a cabo en las células eucariotas, es decir , las que tienen su material genético encerrado en un núcleo, repartiendo equitativamente dicho material hereditario).

El biólogo alemán Oscar Hertwig, trabajando con huevos de erizo de mar, describe la meiosis (proceso de división celular que consigue mantener constante el número de cromosomas de las células de la especie para mantener la información genética).

En 1871, Friedrich Miescher publicó su descubrimiento del ADN. Dos años antes, había aislado varias moléculas ricas en fosfatos a las que llamó nucleínas (actualmente conocidas como ácidos nucleicos) a partir del núcleo de glóbulos blancos, preparando así el camino para su identificación como portadoras de la información genética.

Con una intuición realmente prodigiosa, August Weismann (1834-1914), biólogo alemán,  desarrolló su teoría sobre la herencia basada en la inmortalidad del plasma germinal. Según esta teoría, el plasma germinativo es la sustancia alrededor de la cual se desarrollan las nuevas células. Esta sustancia está constituida por la unión del esperma y el óvulo y establece una continuidad que no se interrumpe a través de las generaciones, propuso que las partículas hereditarias eran autorreplicativas, estaban asociadas a los cromosomas de forma lineal y cada una de ellas estaba implicada en la determinación de una característica.

Aunque aún quedaba mucho por hacer, todos estos avances supondrían el punto de apoyo para el  desarrollo de la Genética, campo de la Biología que aportará a la humanidad los descubrimientos más transcendentes y polémicos de su historia evolucionando a ritmo creciente a lo largo del siglo XX

Para saber más:

 

“Del Big Bang al Homo Sapiens”.  Antonio Vélez Montoya. Villegas Editores

“Origen de la Vida sobre la Tierra”. A. I. Oparín. Tecnos.      

 

 

 

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