Laika: Gloria y Sacrificio
Por Carlos Belane

Laika no fue
la única candidata para ese primer vuelo, otros dos perros llamados Albina y Mushka formaron parte del periodo de entrenamiento.
Pruebas que podían consistir en mantener a los canes en jaulas de tamaño
similar al que les esperaría en sus vuelos durante periodos de tiempo que se
podían prolongar hasta los veinte días. Este
primer vuelo en el que un ser vivo orbitaría sobre la Tierra fue, además de
una prueba de valor científico para el futuro de los vuelos espaciales
preparatorios para que el hombre fuera capaz de tripular una nave, una clara
exhibición política.
En aquel tiempo, el gobierno de Nikita Khrushchev,
quiso celebrar el cuarenta aniversario de la revolución bolchevique poniendo
de manifiesto el avance técnico y los logros del sistema comunista. Fue así
que se encomendó a Sergei Korolev, el fundador del programa espacial
ruso, tras el lanzamiento del Sputnik-1, un segundo satélite, pero esta vez
con un ser vivo como tripulante. Apenas contaron con cuatro semanas para
construirlo. Esas prisas harían reconocer a Boris Chertok, asistente
de Korolev, que carecieron de un diseño sobre el que fabricar el artefacto
espacial. Pura improvisación.
Las críticas desde
occidente apenas se hicieron esperar, abriéndose el debate sobre el
maltrato a los animales en experimentos. Todos sabían que aunque la
cabina contaba con una cámara de televisión y con sensores que medían la
presión ambiental y la temperatura, así como que las constantes vitales de
Laika, el animal nunca regresaría a la Tierra con vida. El Sputnik-2 se
mantuvo durante seis día en órbita, hasta que agotó sus baterías, momento en
el que se reintegró a la atmósfera.

Laika dirigiéndose a su cruel destino, las estrellas...
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