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 El origen del Olimpismo. Ana Bladovski

Los Juegos Olímpicos, que actualmente se celebran cada cuatro años, encuentran su origen en los Juegos Funerarios celebrados en la antigua Grecia: competiciones en honor de los difuntos. El vestigio más remoto conocido lo sitúa Homero en el año 1370 a. de C. El momento álgido de esos juegos llegó en el 884 a de C., cuando se estableció la Tregua Sagrada, un acuerdo consistente en el compromiso aceptado por las distintas ciudades griegas de interrumpir los posibles conflictos bélicos que les enfrentaran durante el desarrollo de los Juegos. Estaba también prevista una semana de paz, acabada la competición, para intentar resolver los posibles enfrentamientos.

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En los Juegos Olímpicos celebrados en la Antigua Grecia, antecedentes de los modernos Juegos, los vencedores de las distintas competiciones eran considerados como verdaderos héroes. Eran recibidos con todos los honores en sus ciudades de origen y podían recibir como premio, además de la famosa corona de laureles, una pensión vitalicia o la exención del pago de impuestos.

Las funciones que cumplían los antiguos juegos eran diversas: religiosa, porque se celebraba bajo el culto del dios Zeus; deportiva y competitiva, por su propia expresión; pero también militar: se consideraba una forma ideal de entrenamiento para las tropas de los ejércitos griegos. 

Según transcurrieron los siglos, la fama de los Juegos traspasó las fronteras griegas, sobre todo cuando Grecia se convirtió en una provincia del Imperio Romano. Las pruebas más antiguas conocidas incluían las carreras, la lucha, las carreras de cuadrigas o el pancracio, una variante del boxeo.

Los Emperadores romanos llegaron a participar en los Juegos. Incluso Nerón, no dudó en realizar las trampas necesarias (y “consentidas”) para alzarse con triunfos.

Los Juegos se prohibieron en el año 394 d. de C. por inmoralidad y ateísmo, bajo el mandato del Emperador Teodosio y a instancia del obispo de Milán. Un cúmulo de acontecimientos condujo a que en las Olimpiadas se dieran cita, además de los deportistas: la corrupción y el dinero, lejos quedaba el honor o el deporte, que fueron la base de su creación y consolidación anterior.

Además, tras el saqueo de Olimpia, sumado a la invasión de la ciudad por los godos y a los dos grandes terremotos fechados en el año 550 d. de C., que borraron del mapa a la ciudad olímpica por antonomasia, también quedó borrado de la vista cualquier rastro del olimpismo.

El atleta, finalmente, no realizó su esfuerzo en vano. A pesar de su descalificación de la carrera, fue recompensado con una copa de oro que recibió de manos

 de la reina de Inglaterra. Además, su gesta le convirtió en una celebridad, y hasta el compositor Irving Berlin compuso una canción en su honor, cuyo título era el nombre del maratoniano transalpino: Dorando Pietri.

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