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ARTE Y MITOS CLÁSICOS
La fábula de Polifemo y Galatea en el Arte


Por Jana Maestre Rico

La plasmación de mitos clásicos en obras de arte es un fenómeno común en la Historia. Desde la creación de los propios mitos, éstos han sido representados, llegando a ser tema favorito de genios de la pintura o la ePolifemoscultura de épocas tan diferentes como el Renacimiento y el Barroco, o fuente de inspiración para artistas como Rodin o Moreau. Como se puede observar a lo largo de la Historia del Arte, los textos que tratan la mitología han encontrado diferentes tipos de visualización, interpretación y representación en obras de arte de todos los tiempos y en las técnicas más diversas.

Las obras que los artistas representaban servían de soporte visual a las leyendas y fábulas que tanta fascinación producía. Mitos y obras evocaban a los Dioses y los héroes que alimentaban el pensamiento de quienes buscaban, en un principio, explicaciones a las complejidades del Universo y de quienes, siglos después, buscarían el deleite en la Literatura, que recoge los mitos clásicos.

Los artistas se aprovecharán de la especificidad de sus imágenes para resaltar aquellos aspectos del mito que consideren más interesante. La imagen nos llevará a un nivel comprensible, lo que la palabra por sí sola difícilmente podría reproducir.

La representación figurativa de los temas mitológicos generalmente se concentra en los episodios más importantes, en los decisivos, pero también encontraremos numerosas figuraciones de carácter no narrativo, en las que los episodios se transforman en significados simbólicos o alegóricos.

En la Antigüedad, la mitología era un tema muy recurrente para los artistas. En Grecia y Roma, edificios religiosos y, a veces, civiles, se colmaban de símbolos y leyendas que hacían alusión a Dioses y otros personajes de la mitología.

La Edad Media supuso un período de oscuridad para este tipo de representaciones, pues el Renacimiento de una cultura unificada y cristiana no permitía la representación de imágenes paganas.

Será en el Renacimiento cuando a los artistas se les abra todo un mundo de posibilidades. La recuperación de lo clásico trae consigo toda una literatura cargada de motivos nuevos que artistas y mecenas llevarán a representaciones que se convertirán en verdaderos hitos de la Historia del Arte.

Estas representaciones las seguiremos viendo en el Barroco. Será entonces cuando los artistas elijan las escenas más dramáticas y expresivas. La furia que envuelve las obras barrocas y la teatralidad que las caracteriza, acompañará a temas tan aptos para esta época como son los momentos de dolor, los raptos, el sufrimiento o la pasión extrema, etc.
A partir de estos momentos claves, la representación mitológica se convierte en una constante en las obras de los artistas hasta nuestros días.

La fábula mitológica que tratamos no es primordial en la mitología clásica, es una anécdota, que gracias a Ovidio llegó a todos y a todas las épocas. Se convertirá en un tema especial para el Barroco. El enfrentamiento de los contrarios, tan en auge en la época, es en nuestra fábula fácilmente reconocible y supone un instrumento de fácil manejo para los artistas que pretendían reflejar en sus obras la complejidad de los antagonismos.

Polifemo y Galatea en el Renacimiento y en el Barroco: equilibrio y desmesura.

El espíritu renacentista proporciona un nuevo lenguaje que se irá imponiendo en busca de un clasicismo que conquistará a Europa durante siglos.

Se buscaban, en el campo de las artes, alternativas al agotado vocabulario Gótico. Será en Italia donde el espléndido lenguaje del Renacimiento se geste desde finales del siglo XIII, acogiéndose en toda Europa con más o menos rapidez.

Por primera vez desde la antigüedad, el hombre se siente centro del Universo y reclamará un lenguaje a su medida. En las Universidades se leen los clásicos en griego o en latín, se discuten postulados teológicos y se duda de los dogmas. La imprenta facilita la divulgación de la cultura escrita y se ponen al alcance de muchos, textos que mostrarán un sin fin de mundos hasta ahora desconocidos para algunos.

La figura clave para comprender el Renacimiento nos la da el humanista. Este hombre culto, versado en la Antigüedad, discute sobre Platón, conoce las más avanzadas teorías matemáticas, geográficas o cosmológicas y además, es un poeta o un gran dilettante. Estos hombres son reclamados en las cortes renacentistas y en manos de ellos está el progreso del pensamiento y la cultura. El humanista ayudará al artista, con frecuencia son amigos, cuando no es el mismo artista un humanista.

La lectura clásica abre a artistas y mecenas una puerta que pone a su disposición infinitos temas. Ya la pintura no es exclusivamente religiosa. Se escogen temas mitológicos con el fin de enseñar, como arma exquisita para expresar ideas, como símbolos de un momento o lugar o simplemente para crear una nueva obra de arte. Cualquiera de los dioses o fábulas mitológicas serán protagonistas de las obras más universales del momento. Renace así una temática que se mantiene a lo largo de la Historia del Arte llegando hasta nuestros días y se convierte en recurso de los mejores artistas; todos ellos, en mayor o menor medida, alguna vez se inspiraron en estas historias para concebir un lienzo o una escultura.

La calma natural, llena de armoniosa belleza y la unidad que subraya las líneas de perspectiva característica del Renacimiento son, quizás, un marco poco favorable a nuestra historia, tan llena de pasiones desenfrenadas. Aún así, el equilibrio y la proporción renacentistas encontrarán un lugar para la representación de nuestra fábula o, al menos, parte de ella. Así, vemos obras tan espléndidas y significativas como la representación que hace de ésta Giulio Romano en El Palacio del Té de Mantua, donde vemos al gigante abandonando su canto porque ha descubierto a los jóvenes amantes; o El triunfo de Galatea de Rafael en la Villa Farnesina, donde vemos a la ninfa que huye del gigante Polifemo rodeada de delfines y amorcillos.

A finales del siglo XVI las posibilidades expresivas del clasicismo se agotan y será una vez más el genio italiano el que apuntará nuevas direcciones a la expresión plástica: la sensación viene a suplir a la razón.
El arte se convertirá en argumento convincente del poder. Es importante considerar esto para poder comprender las variadas iconografías y temas de los distintos países. Las reformas religiosas colocan al hombre en una situación moral inédita y los poderes (papal y real) se ven obligados a crear estructuras rígidas de gran eficacia y rápido control. Es en este sentido donde el arte jugará un papel fundamental: los símbolos representarán mensajes morales o políticos para quienes los reciban e interpreten.

Es esta época idónea para la representación del mito de Polifemo. La tendencia barroca hacia el desequilibrio se sirve de esta historia tan turbulenta para crear obras como Acis y Galatea de Nicolás Poussin, donde un hermoso paisaje sirve de marco para una escena de amor entre la ninfa y el pastor mientras éstos oyen el canto que el cíclope dedica a su amada.

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